CAPÍTULO 2

1178 Words
Ailén no podía creer lo que estaba viendo, el nombre del autor de su libro favorito era el mismo que el de su "tío" en ese momento por su cabeza pasaban muchas cosas, preguntas, dudas y sobre todo sorpresa. Vanessa se dio cuenta como su confundida hija observaba el libro, pudo leer el nombre del autor, tal fue su sorpresa, pero como toda mamá, se encontró con una buena oportunidad de convencer a la adolescente que se encontraba sumida en sus pensamientos. —Esa es una buena oportunidad de conocer al hombre que escribió los libros que tanto te gustan ¿No crees que seria una experiencia inolvidable? — comentó su madre, con astucia e intentando suavizar la situación, obteniendo así una reacción de su hija quien miraba con duda al escuchar esa idea de su madre. Alán, algo confundido al escuchar a su esposa, bajo la mirada y se encontró con la mejor oportunidad para no hacer esto mas difícil — Tu madre tiene razón, además será tu último año de preparatoria un cambio de aires te ayudará a pensar mejor en tu futuro. La mirada de Ailén se endureció, la mención de "tu último año de preparatoria" hizo que recordara ese pequeño detalle. Vanessa miró de reojo a su esposo con obvio disgusto, cuando por fin creía haber obtenido algún tipo de avance con su hija, Alán tuvo que arruinarlo. — Yo — volvió a callar — no se que decir, estoy muy confundida. La verdad es que necesito tiempo para procesar las cosas ¿Podría darles una respuesta en la mañana? «Puede que este sorprendida pero, no soy tan tonta como para dejarme llevar por mis sentimientos» Definitivamente todo lo que estaba pasando era una gran sorpresa y Ailén tenía que pensar bien las cosas. — Claro hija, no te preocupes por nada, lo que queremos es que tomes tu decisión y no sientas presión por nada — respondió Vanessa, observando como su hija se levantaba del sofá. — Hija, sabes que eres lo mas importante para nosotros y solo queremos lo mejor para ti. Piensa en todo lo que creas necesario — dijo su padre con una mirada amable — Te amamos — ambos se quedaron en la sala, observando como su hija subía las escaleras notablemente confundida. Para ellos también era difícil tener que dejar a su hija, pero todo lo que hacían era por su futuro. Vanessa era una mujer de carácter fuerte, algunas veces malhumorada y calculadora, a diferencia de Alán que era mucho mas tranquilo, más comprensivo y amoroso, pero a pesar de todas esas diferencias aprendieron a entenderse mutuamente y solucionar sus problemas para darle a su única hija una familia amorosa y un futuro brillante. Entendían que sobre protegerla era dañino para su crecimiento y aunque quisieran estar para siempre con ella, era necesario que aprendiera por si misma el significado de la vida y superar sus problemas por si misma. — ¿Crees que este bien lo que estamos haciendo? — Preguntó Vanessa mientras sostenía una taza de café, observando como su esposo se sentaba junto a ella. — No lo sé, pero solo quiero que Ailén entienda que nosotros no estaremos para siempre con ella, me duele enviarla a otro país pero es por su bien — dió un sorbo a su taza y volvió a mirar a la nada — Además no podemos dejarla sola, tenemos que ocuparnos de nuestro trabajo — Alán intentaba convencerse a si mismo y a su esposa que lo estaban haciendo era lo correcto. — Tienes razón, nuestra empresa esta progresando y necesitamos estar mas al pendiente, en cuanto a Elizabeth, también quiero lo mejor para ella por ello quiero que aprenda sobre la vida y cree su propio camino sin necesidad de que siempre estemos ayudando. Un silencio agobiante se apoderó de la habitación, en sus caras se notaba la tristeza que les provocaba la decisión que estaban tomando, pero muy en el fondo sabían que Elizabeth necesitaba madurar y dejar de ser esa niña mimada y dependiente que ellos mismos habían hecho. Ya habían pasado algunas horas desde la conversación que Ailén había tenido con sus padres, el humor de su hogar no era el mejor en estos momentos, su madre le había llevado la cena a su habitación, el espagueti con champiñones que ella tanto amaba, comió en silencio, pensando en lo que estaba pasando. «No quiero irme a vivir a Florencia, mis mejores amigas están aquí en Nueva York, quiero terminar la preparatoria y pensar en lo que quiero estudiar» por un segundo en su mente cruzó un pensamiento que le causó cierta molestia «No quiero seguir siendo una mimada y dependiente, se que para mis padres también es difícil tomar la decisión de que su hija se vaya a otro país, pero ellos estarán ocupados y no quiero que se enfermen por el cansancio. Los amo y ellos a mi, siempre han estado cuidándome aunque me han sobre protegido, quiero cambiar» La noche paso, en la casa de la familia Anderson las dudas sobre las decisiones que tomarían causaban insomnio. La mañana llego con rapidez, cada integrante realizo sus actividades antes de bajar al comedor, con su mente ocupada en lo que pronto sucedería. — Buenos días — Ailén se notaba más calmada y con una mirada decidida. Sus padres se sorprendieron al ver tal expresión, pero de alguna manera les hizo tranquilizar sus nervios — Buenos días hija — contestaron ambos, observando a su hija tomar su habitual asiento. — Papá, Mamá — apretó las manos bajo el comedor y se armó de valor para hablar — He tomado mi decisión — Ailén sabía que era la mejor — Me iré a Florencia con mi tío.a Vanessa sentía que las lágrimas que tanto había ocultado escaparían sin parar, su hija era la única que podía provocar ese tipo de sentimientos en ella, la mujer calculadora y de carácter frío, estaba a punto de quebrarse. Pero resistió — Me alegra que tomaras tu decisión hija, sabemos que fue algo difícil y sabes que eres lo mas importante para nosotros. Alán conocía perfectamente a su amada esposa, sabía el esfuerzo que estaba haciendo para no llorar y tenía que apoyarla, soportar la tristeza, no podía ser egoísta. Tomo la mano de su esposa — Hija, queremos que aprendas a vivir y escojas siempre el mejor camino. — Lo se papá, yo tampoco quiero seguir siendo una mimada y dependiente que ha sido protegida por sus padre toda la vida, quiero descubrir y escoger mi propio camino — esas palabras sorprendieron a sus padre, pero sabían que ella era inteligente. — Si hija y nosotros sabemos que lo harás bien — respondió su padre. Alán había hablado con su hermano, todo estaba listo para el viaje de Elizabeth, ella partiría dentro de una semana a Italia para permanecer allá un año y después tomaría su exámen de admisión a la universidad, todo estaba decidido, pero ella aún no sabía todo lo que el destino le tenía deparado.
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