Aeropuerto Internacional John F. Kennedy
Ailén se encontraba en la sala de espera del aeropuerto acompañada por sus padres y sus dos mejores amigas quienes habían tomado la noticia un poco mal, pero aun así entendieron las razones de su partida. Pensaba sobre muchas cosas, cuando de pronto sintió que su madre le daba un pequeño empujo.
— Hija es hora, tienes que subir al avión.
Ailén se levantó de su asiento, miraba a sus padres y a sus mejores amigas, se acerco a ellas y les dió un fuerte abrazo, intentaba que las lágrimas no salieran, se aferraba a ellas intentando tranquilizarse a si misma — Creo que ya es hora de que me vaya — su voz era entrecortada era obvio que en cualquier instante sus lágrimas saldrían.
— Te queremos mucho y sabes que siempre será así, no importa en donde estés siempre podrás contar con nosotras — Violet habló, no por nada era la mas fuerte de ellas, era obvio que estaba triste pero no podía hacer que Ailén llorará.
— Además hablaremos todo el tiempo y haremos videollamadas, te queremos mucho — Para Lucy no era tan fácil contenerse y sus lágrimas terminaron cayendo.
— Sí, yo también las quiero mucho — contubo las lágrimas — Por supuesto que hablaremos todo el tiempo. Las quiero — Ailén las abrazó por última vez para dirigirse a donde sus padres se encontraban.
— Mamá, Papá — la voz apenas y salía —Ya tengo que irme, yo — no pudo terminar de hablar porque sus padres ya la habían rodeado fuertemente con sus brazos, Ailén podía saber que ese abrazo era una manera de expresar lo que sentían, esa forma tan fuerte de sostenerla, dejaba ver como ellos se aferraban a su amada hija. Las lágrimas de sus padres caían sobre las mejillas de chica haciendo que ella también comenzara a llorar, sentía que no quería alejarse de ellos pero tenía que hacerlo, ahora se trataba de ella y solo quería aprender de la vida, podía ser egoísta pero para ella era la mejor solución.
— Ya es hora hija — Vanessa se separó de su hija secando sus ojos.
— Si hija, ya falta poco para que el avión despegue — Alán observó su reloj, dándose cuenta que no faltaba mucho tiempo.
— Sí, ya es hora de irme — tomó su bolso, se despidió una vez mas de todos y se dirigió a la salida para abordar el avión. Con cada paso que daba su mente se llenaba de todo tipo de pensamientos, malos, buenos, razones por las que debería quedarse y también por las que debería irse, pero lo único que valía la pena era pensar en lo que quería lograr con su partida.
Ya había pasado una hora desde que el avión despegó, miraba por la ventana el hermoso color azul del cielo, sacó su libro y comenzó a leer. Serían 17 largas horas para llegar a Francia y después de eso serían otras 2 horas de vuelo a Florencia.
Mientras leía, llegó a una parte de la historia, podría decirse que era la mas romántica que había leído, sonría y se emocionaba como si ella estuviera viviendo ese momento — Me pregunto como será mi tío Blake, mi padre me dijo que tenía 30 años y que tenía una personalidad responsable cuando se trataba de su trabajo — continuo imaginando aquel hombre — Nunca había leído ningún libro de su hermano y no era que no le gustara leer sino que no le agradaba el exceso de romanticismo que mi tío usaba en sus historias.
«La verdad es que no quise buscar información sobre él en Internet, se que es famoso y de seguro hay muchos artículos que hablen sobre su vida y cosas así, pero quiero usar mi imaginación para darme una idea de su físico y personalidad — apoyó su codo en la ventana — Imagino que será un hombre tranquilo, callado, amable y muy cariñoso, tal vez se vea mas viejo de lo que es, será alto pero no tanto, relleno, canoso y usa lentes grandes — Ailén sonreía divertidamente haciendo una imagen de como posiblemente se vería su tío.
Por fin llegó a Francia, se encontraba esperando el avión que la llevaría a Florencia, aun faltaba una hora así que dio un paseo por el aeropuerto. Entró a una librería y vió el anuncio del nuevo libro de su tío que saldría a la venta en un par de meses, le sorprendió saber que de verdad era famoso. Dio una vuelta mas y por fin subió al avión, serían dos horas así que durmió un poco.
Al llegar al aeropuerto de Florencia, observó detenidamente el lugar, estaba lleno de gente y no sabía hacia donde dirigirse y entonces un hombre alto de cabello castaño se acerco a ella, era guapo y de ojos azules, tal vez tendría 25 años.
— Disculpe señorita, usted es Elizabeth Anderson — preguntó sonriendo, habló en italiano y después habló en inglés, se veía que era un hombre amable y caballeroso.
— Si, soy yo — Ailén hablaba italiano así que no le sorprendió que el hombre le preguntara en ese idioma.
— Perdón no pensé que hablara italiano — sonrió — Me presento, mi nombre es Benedict Freeman, soy asesor editorial de tu tío y también socio ¡Mucho gusto! — Ailén no era de las que confiaba rápidamente en las personas, pero algo en ese hombre le hacía sentir cómoda y sin necesidad de ponerse a la defensiva.
— Mucho gusto señor Benedict — saludo, para después buscar detrás de él para saber si su tíoo había venido a buscarla y Benedict se dio cuenta de esa acción
— ¡Ah! perdón, tu tío Cedric no pudo venir a recogerte son las 6:00 de la mañana y él no acostumbra a levantarse tan temprano — el socio de su tío hablaba un poco nervioso como si estuviera ocultando algo, pero Ailén lo dejo pasar — Vamos, te llevaré a casa de tu tío.
Subieron al auto, el aeropuerto se encontraba a las orillas de la ciudad de Florencia, para llegar al centro tardarían al menos una hora y media o por lo menos eso es lo que había leído Ailén en Internet — Mi tío se encuentra en el centro de Florencia ¿verdad? — la chica quería saber exactamente a donde la llevaría el señor Benedict.
— Sí, por el momento se encuentra en el centro aunque tal vez en un par de meses regresen a Calenzano, es una localidad italiana de la provincia de Florencia en la región de Toscana, Cedric tiene una casa mas grande y creemos que estaría bien para ti aunque lo difícil será el camino al colegio.
— Es verdad ¿Cuándo inicio el colegio? mis padres me dijeron que su nombre es Institute Galileo Galilei — sabía que sería un poco difícil, pero lo único bueno era que apenas y habían comenzado las clases hace un mes.
— Tu padre nos comentó que irías a ese instituto ¿No crees que sería bueno que iniciarás el lunes? Así tienes el fin de semana para descansar. Actualmente tu tío vive cerca del Puente Santa Trinidad y esta un poco lejos de tu colegio, si mal no recuerdo queda a una hora — Benedict pensaba que era un poco lejos, pero ese era el instituto en donde la antigua escuela de Ailén pudo hacer intercambio estudiantil para que ella viajara a Florencia.
— Esta bien, podría caminar diario y también conocer la ciudad — Ailén quería ser positiva con todo lo que pasara eso era lo primero que se propuso para cambiar su personalidad.
Benedict notó que la joven sonreía alegremente aunque sabía que tal vez estaba mintiendo, no hizo mucho caso a final de cuentas él quería ayudarla para que viviera tranquilamente durante un año en Italia — ¿Quieres desayunar? Fe seguro debes estar hambrienta.
La chica asintió y se dirigieron a un lindo restaurante ya estaban cerca del centro se podía notar la hermosa ciudad llenándose de turistas, tomando fotografías y observando cada monumento e iglesia de la zona. La conversación entre ellos continúo, parecía que se llevaban mejor y se sentía mas comodidad al hablar. Benedict notó el bostezo continuo de la joven, miró su celular y escribió un mensaje de texto.
— Vamos a casa, debes estar cansada y deberías dormir un poco, creo que le di tiempo suficiente — eso último lo dijo en un susurro evitando que Ailén lo escuchara, subieron al auto y anduvieron por poco mas de 10 minutos, hasta que se estacionaron frente a una linda casa que se ubicaba frente a la Plaza Santa Trinidad muy cerca del río Arno.
La casa era grande al igual que el patio, el cuál era adornado por hermosas rosas blancas y rojas, para llegar a la entrada de la casa se tenía que pasar por un camino de piedra que era cubierto por unas vigas de color blancas las cuales funcionaban como techo cubiertas por enredaderas de las que se podían observar flores rosadas haciendo que tomara un aspecto romántico, hermoso y un tanto mágico. A pesar de que la casa era antigua, desprendía una gran belleza. Benedict tomo las maletas y se acercó a la puerta, pero antes de que pudiera abrirla un par de mujeres salieron, eran muy hermosas. La joven solo miraba como las chicas salían, para ella se veían como un par de modelos, pero en ese momento salió de sus pensamientos al ver que de la casa salía un guapo hombre de unos 25 años, alto, de cabello n***o, quien la observaba detenidamente.
En ese momento Ailén se quedó paralizada, sus miradas se cruzaron, esos hermosos ojos penetrantes hacían que la chica se erizará. El corazón de la chica latía rápidamente algo que nunca le había pasado.