PREPARANDO EL FIN DE SEMANA

1249 Words
CHRISTIAN La noche fue muy divertida con Nora, como el resto de momentos que paso con ella, son siempre muy especiales. Yo no lo reconozco, pero cada día creo que me enamoro más de ella, de su pelo castaño, sus ojos turquesa, sus labios carnosos que te incitan a morderlos, su cuerpo fino y moldeado. Todo, absolutamente todo me gusta de ella, llevamos ya casi tres semanas saliendo y aún no he conseguido sacarle un defecto, ¿Será que no tiene? La semana está siendo larga, Nora y yo quedamos en que el fin de semana, nos iríamos a la casa que tiene ella en la montaña y todos los días, nos contamos las ideas que hemos ido teniendo para hacer allí. Durante la semana, vamos alternando entre su casa y la mía, así ninguno de los dos descuida a su mascota. Estoy deseando que llegue el fin de semana para estar todo el día con ella. La extraño tanto mientras estoy trabajando, que no soy capaz de concentrarme. Esta semana, nos han presentado a un nuevo compañero en el taller, está en prácticas y yo soy quien debe enseñarlo y ayudarlo. Se llama Rober, parece un chico majo, es cinco años más joven que yo. – Buenos días Rober, yo soy Christian y a partir de este momento, yo te ayudaré en lo que necesites aquí y seré tu supervisor.– Me presento y le tiendo la mano, el me la estrecha. – Encantado Christian, espero hacer bien mi trabajo y que nos llevemos bien. – Me responde con una sonrisa, aparentemente sincera. – Estoy seguro que así será, acompáñame y te enseñaré todo lo que debes saber del taller...– Le digo mientras me doy la vuelta y comienzo a caminar. Él me sigue.– Aquí es donde ponemos todas las herramientas pequeñas – Le indico señalando un pequeño armario metálico con unas pequeñas ruedan que facilitan su transporte. – Las herramientas grandes las guardamos en aquel otro armario... Si necesitas alguna herramienta y no la encuentras, avísame a mi.– Continúo hablando y él escucha con atención, no dice una palabra, pero parece que lo está memorizando todo. Sigo indicándole donde se encuentra cada cosa, le enseño los baños y vestuarios, las taquillas, la pequeña cafetería, en la que se encuentra Charlie, el camarero y un buen colega. Cuando termino de enseñarle todo le pregunto – ¿Tienes alguna duda con algo? Si es así dímelo y te la resuelvo enseguida. – Muchas gracias Christian, de momento me ha quedado todo claro, pero si me surge alguna, hablaré contigo.– Me responde él. – Bien, siendo así entonces, continuaré con mi trabajo. Ve a preguntar al jefe, con que coche puedes empezar. Yo estoy con aquel Citroën Xantia, cualquier duda ya sabes donde encontrarme.– Le digo mientras me dirijo al coche. Rober parece que está bastante loco, pero parece buena persona. Se esfuerza en el trabajo y trata de llevarse bien con todos nosotros. Aún así, no le quito el ojo de encima, cualquier cagada suya, me puede traer a mí, problemas. Llevo demasiado tiempo en este taller, como para que venga nadie a estropear mi trabajo de años. NORA Ya queda menos para poder disfrutar de este fin de semana junto a Christian y su mejor amigo peludo, estoy muy contenta de volver a esa casa. Llevo un par de años sin pisar por allí. Antes iba con Nina a pasar todos los fines de semana y festivos allí, pero desde que tengo la empresa y todas sus respectivas responsabilidades yo, no he tenido tiempo. Solo mi familia, Nina y yo, sabemos de la existencia de esa casa, bueno y ahora también Christian. Afortunadamente, mis padres y yo, conocemos a una señora, que prácticamente nació en el pueblo y con la que nos llevamos muy bien, ella se encarga de ir a revisar la casa de vez en cuando y me dice en que estado se encuentra. Por ella, sé que la casa está en condiciones para ir. En mis descansos, aprovecho para tomar un café con Nina, ella me aconseja los lugares a los que puedo llevar a Christian a comer. En uno de los descansos, concretamente a la hora de comer, aprovecho para llamar a Christian. Un tono, dos tonos, tres tonos... – Hola preciosa, ¿Qué tal tu día?– me pregunta con voz seductora. – Hola guapo, se me está haciendo largo, tengo ganas de verte. – respondo con la misma voz.–Por cierto, ya he mirado algunas playas para Jacko.– Le oigo reír. – Reina, me encanta que estés tan pendiente de Jacko, pero conseguirás ponerme celoso...– Me dice poniendo voz tierna, seguro que al otro lado del teléfono, está haciendo pucheros falsos. – No seas bobo, son amores diferentes, ya lo sabes...– Le indico sonriendo. – Lo sé, preciosa. Es broma.– Responde tranquilamente. – Cambiando de tema, ¿Que te apetece cenar esta noche? – me pregunta. – Mmm... no lo sé. Aunque han abierto un nuevo restaurante mexicano cerca de tu casa...– Le digo mientras enredo mis dedos en mi cabello, haciendo tirabuzones. – Pues entonces esta noche pediremos comida mexicana para mi princesa. –Me dice con ese tono seductor de antes. – Gracias por consentirme hoy también. – Le respondo con voz dulce. – Te consentire las veces que haga falta, con tal de verte feliz.– me dice él y yo me derrito. – Debo volver al trabajo, aún me queda mucho por hacer. Tengo una cirugía de abdomen en una hora, pero saldré a la misma hora de siempre. ¿Vienes tu a buscarme?– le pregunto. – Si, yo te recojo, preciosa. Luego nos vemos. Besitos.– me dice y luego me lanza un beso. – Besitos. – Le respondo yo también, mandándole otro beso. Cuelgo la llamada y guardo el móvil en mi bolso. Me dirijo a la oficina y me siento frente al ordenador, reviso algunos documentos y cuando es la hora, bajo hacia los quirófanos. Normalmente, no suelo operar yo, ya que suelo estar bastante liada y los cirujanos que tengo contratados, son los mejores, pero esta cirugía se la vamos a realizar a una conocida de mi madre y me pidió expresamente que yo me encargara. Salma, una de las enfermeras, me espera en los vestuarios, entramos juntas y ambas nos lavamos bien las manos, nos desinfectamos y nos ponemos los guantes, la bata y el gorro mutuamente. Entramos al quirófano, donde nos esperan, Ana, otra enfermera y Abraham, el otro cirujano. Con ellos no suelo trabajar a menudo, suelen realizar otro tipo de cirugías, pero coincidimos a veces. Cuando por fin termino de operar, salimos todos del quirófano y las enfermeras se llevan a la paciente a su cuarto, yo entro al vestuario con Abraham y nos lavamos las manos. Nos felicitamos mutuamente por el trabajo bien hecho, definitivamente ha quedado mejor de lo que esperábamos, se nota que es un profesional en lo suyo, no me equivoqué al contratarlo. Terminamos de lavarnos las manos y de quitarnos toda la ropa quirúrgica y salimos de los quirófanos, nos despedimos con la mano, él se dirige a su despacho y yo al mío, me pongo el abrigo y cojo mi bolso, salgo del edificio y veo a Christian estacionado en frente. Voy hacia el coche, me subo y le doy un cálido beso en los labios, haciéndole saber cuanto le he extrañado.
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