NORA
Por fin había llegado la hora de salir de la oficina, estaba ansiosa por llegar a casa y sobre todo, por ver a Christian, tenía ganas de abrazarle, él me proporcionaba paz y tranquilidad cuando lo necesitaba y locura y desenfreno también cuando era necesario. Todo él es un conjunto maravilloso que se adaptaba perfectamente a mi vida.
Llegó a la puerta del edificio y yo fui a recibirle con un beso cargado de pasión, él me correspondió a ese beso con más intensidad si cabe, hasta el punto de excitarme. Es que este hombre es un volcán. Arrancó el coche y nos fuimos a mi apartamento, en el trayecto me acordé de Jacko, seguro que él también echaba de menos a Christian, pero yo me quedaba con toda su atención, así que se me ocurrió una idea.
– Christian, ¿te apetece que vayamos a la montaña este fin de semana?– Le pregunté con una sonrisa en los labios.
– Vaya, no sabia que te gustaba el campo.– me responde levantando una ceja, divertido.
– Me encanta, de pequeña siempre iba con mis padres a caminar.
– En ese caso, iremos a la montaña. ¿ A qué zona te gustaría ir?– me pregunta mirándome a los ojos intensamente. Dios mío este hombre es capaz de ponerme cachonda solo con mirarme.
– Tengo una cabaña en Asturias, hace tiempo que no voy, quizá este un poco sucia, pero me encantaría volver... Además, allí en el pueblo, vive una perrita que se llevaría de maravilla con Jacko!– Le dije haciendole sonreír.
– ¿De verdad puedo llevar a Jacko?– pregunta incrédulo.
– Por supuesto, le encantará y de paso, le daremos más atención. Últimamente has pasado más tiempo conmigo y con mi gata que con él, seguro que necesita mimos.– Le digo mientras agarro su mano libre.
– Genial! Entonces después de cenar, lo planeamos todo!– Respondió él como un niño, emocionado.
Llegamos a mi apartamento y como de costumbre, Nala (mi gata) comenzó a saludarle rozándose con su pierna y luego hizo lo mismo con la mía, parece que le estaba cogiendo cariño. Al entrar le dije que me esperase en el salón. Fui al baño, encendí el grifo de la bañera y mientras la bañera se llenaba, echo unas piedras de sales de baño con olor a cítricos, enciendo tambien unas velas aromáticasy las dispongo por el baño. Cuando la bañera está lista, me desnudo y llamo a Christian desde el baño, entro en la bañera y le espero ahí.
Él entra en el baño y al verme suspira, veo como un bulto comienza a crecer en su entrepierna, he logrado la reacción que esperaba.
– Si de verdad querías una noche tranquila, te aseguro que esta no es la manera...– me dice sonriendo con picardía, mientras comienza a desvestirse.
– El agua está muy calentita, entra antes de que se enfríe. – Le respondo mordiendo mi labio inferior. Él me hace caso y cuando está totalmente desnudo, entra en la bañera sin dejar de mirarme. Dios mío ese cuerpo no es de este mundo, pienso para mí.
Se coloca detrás mío, estirando sus piernas, puedo notar su m*****o duro rozando mi trasero, comienzo a notar como el calor que me provoca baja hasta mi zona íntima, porque estoy en la bañera desnuda, sino me habría empapado las bragas. Christian lo nota, no se como, ya que estoy de espaldas a él, pero lo nota. Comienza a masajearme el cuello, luego baja por la espalda y de pronto, noto su mano derecha rozando mi culo, mientras con la izquierda, comienza a masajear mi clítoris.
Lo hace suavemente, mientras va dejando besos por mis hombros, mi cuello, hasta llegar detrás de mi oreja.
– Eres tan sexy... que no puedo controlarme. – susurra en mi oído.
– Pues no lo hagas, déjate llevar...– Le respondo dándole un beso en los labios. Son justo las palabras que necesitaba, para continuar su juego.
Acelera sus movimientos en mi zona íntima y me hace gemir de placer, yo le agarro la cabeza por delante, para que no deje de darme besos por el cuello. Mueve sus manos con delicadeza, de pronto, introduce primero su dedo índice y después añade su dedo anular y los mueve hacia dentro y hacia fuera con fuerza, provocando que me corra en sus manos.
Me levanto en la bañera y me pongo frente a él, le beso con pasión antes de sentarme sobre su erección, me siento a horcajadas y antes de dejarle entrar, le masajeo su m*****o duro con mi mano derecha, mientras con la izquierda le agarro por la nuca, para saborear bien sus labios. Él me agarra la cintura con fuerza con una mano y con la otra, agarra mi pezón y lo saborea como si fuera una fruta prohibida. Sé que está a punto de explotar cuando noto su p**e más duro que antes.
– No Christian, aún no te corras...– susurro en su oído y noto como se le eriza la piel por todo su cuerpo.
– Mmmh! ...Princesa, me vuelves loco! – Me gruñe de placer.
Levanto mis caderas y me inserto en él con un movimiento certero, ambos gemimos, el placer se apodera de nosotros, ya no somos humanos, somos bestias hambrientas de pasión.
Me balanceo sobre él y él acompaña mis movimientos con sus caderas, buscando llegar al clímax, no falta mucho para eso, yo estoy empezando a perder el sentido.
Christian me da un pequeño azote en el culo, que resuena con eco en el baño, yo me estremezco, es capaz de volverme loca con un simple azote, pero su mano está inquieta, la mueve hasta mi agujero anal, primero lo roza dibujando círculos, luego noto como lo introduce en mi culo despacio.
– Ahh! Dios mío Christian...– gimo una vez más al sentir su dedo ahí y su m*****o duro dentro de mi otro agujero. Es una sensación indescriptible, pero quiero más, necesito más. Levanto mis caderas y bajo con fuerza sintiendo toda su longitud dentro de mí, ambos comenzamos a temblar.
– Oh! Si Christian sí! Me voy a correr...– consigo decir mientras el clímax me invade y noto su líquido caliente dentro de mí. Hemos llegado a la vez y se siente demasiado bien.
– Dios nena, vas a matarme de placer cualquier día...– Dice él mientras nuestras respiraciones se relajan.
Cuando por fin nuestra respiración, vuelve a la normalidad, nos relajamos en la bañera un buen rato, Christian me masajea la espalda, para retirar todo el estrés que pueda quedar.
Cuando salimos de la bañera, vamos juntos a la cocina y preparamos la cena. Jugueteamos un poco y cuando la cena está lista nos sentamos a cenar.