Confusión
Sage despertó en la cama, los rayos de sol filtrándose tímidamente por las rendijas de las cortinas, iluminando la habitación con una luz tenue y cálida. Abrió los ojos, pero su cabeza aún estaba nublada, como si estuviera atrapado en una niebla espesa. Todo estaba confuso. Sus sentidos estaban agitados, en especial su olfato, que aún podía percibir el dulce y embriagante aroma de la mujer, como si su esencia estuviera impregnada en las sábanas.
Al intentar moverse, su cuerpo reaccionó casi por instinto, como si aún estuviera atrapado en la vorágine de lo que había pasado la noche anterior.
Mierda, pensó, mientras intentaba concentrarse, frotándose la cabeza en un intento por despejarse.
Sabía que algo había pasado. Sabía que había estado con ella, la nebulosa de la noche anterior se desvanecía con cada segundo que pasaba.
Al extender la mano, buscó el cuerpo de la mujer, pero no la encontró. Solo el frío de las sábanas vacías. La sensación de vacío lo golpeó instantáneamente, pero su mente no estaba completamente alerta, como si todavía estuviera en un sueño intrincado.
¿Dónde estaba?
Se levantó de la cama, mirando alrededor en busca de alguna pista que le diera una idea de lo que había sucedido. Sus ojos se fijaron en las sábanas. Algo en el aire se sentía diferente y cuando las echó hacia atrás con un gesto brusco, lo vio.
Una mancha de sangre.
Su respiración se detuvo por un segundo y un golpe de realidad le hizo hacer una mueca.
Mierda.
Su estómago se hundió. Era obvio, por la intensidad de su aroma y lo que había sucedido. Era virgen.
La revelación lo golpeó como una ola, un torbellino de confusión, deseo y arrepentimiento. Todo lo que recordaba era el deseo con el que había estado junto a ella, el fuego que había sentido mientras la tocaba, la necesidad de tenerla, de poseerla. No se detuvo a pensar nada. Y ahora, al ver la sangre en las sábanas, algo más pesado se asentó en su pecho: el reconocimiento de lo que había hecho.
No había sido solo el deseo, la atracción instantánea. Había algo más. Algo que le hacía sentirse fuera de control. Algo que no comprendía. Un instinto que no podía ignorar, que lo impulsó hacia ella. Como si hubiera sido algo inevitable, predestinado.
Pero ahora que la sangre estaba ahí, la realidad le dio una sacudida aún más fuerte.
No solo había tenido sexo con una mujer que no conocía, sino que, de alguna manera, le había arrebatado algo más, algo que no podía devolver.
Sage se frotó el rostro, sin saber qué hacer, con el pulso acelerado y la mente completamente en guerra. Su mente lógica luchaba contra la intensa atracción, el deseo incontrolable que sentía por la mujer. Sabía que había una razón por la que todo había sucedido como sucedió, pero su cabeza no lograba darle sentido a lo que sentía.
¿Era esto lo que pensaba que era? ¿Su compañero?
Aceleró su respiración, sintiendo la presión en su pecho. No quería pensar en eso, pero su cuerpo le decía lo contrario. No. No podía ser. No podía estar tan... fuera de control.
Pero la verdad era que no podía negar lo que había sucedido. Y lo peor de todo: no podía ignorar lo que sentía.
Ni siquiera era un crío lleno de hormonas ¿Qué demonios había pasado con él?
No había sido solo el deseo, la atracción instantánea. Había algo más. Algo que le hacía sentirse fuera de control. Algo que no comprendía. Un instinto que no podía ignorar, que lo impulsó hacia ella.
Pero ahora que la sangre estaba ahí, la realidad le dio una sacudida aún más fuerte. Había cruzado una línea.
¿Qué significaba esto ahora?
Sage se frotó el rostro, sin saber qué hacer, con el pulso acelerado y la mente completamente en guerra. Su mente lógica luchaba contra la intensa atracción, el deseo incontrolable que sintió. Sabía que había una razón por la que todo había sucedido como sucedió, pero su cabeza no.
Pero la verdad era que no podía negar lo que había sucedido. Y lo peor de todo: no podía ignorar que lo quería. Una parte de él lo deseaba, aunque no lo entendía del todo.
El joven se sentó en el borde de la cama, mirando fijamente la mancha de sangre en las sábanas, como si pudiera encontrar respuestas en ella. Su mente seguía dando vueltas en círculos, luchando por comprender lo que había sucedido.
¿Cómo había llegado a esto? ¿Por qué su cuerpo reaccionó de esa manera?
No podía recordar una presentación formal, ni siquiera sabía su nombre.
Todo había sido tan... instintivo, tan impulsivo.
El sonido de la puerta abriéndose lo sacó de sus pensamientos y al ver a Ford entrar en la habitación, Sage se levantó rápidamente, con una mezcla de frustración y algo más, algo difícil de identificar. La expresión en su rostro era sombría y Ford notó de inmediato que algo no estaba bien.
- ¿Todo bien, jefe? - preguntó Ford, con la preocupación evidente en su tono.
Sage lo miró, sintiendo un pesado nudo en su estómago. No podía seguir dándole vueltas al asunto sin obtener respuestas. No podía hacer frente a la realidad de lo que había hecho y mucho menos si no sabía quién era realmente la mujer que había estado con él anoche.
- Ford, necesito que busques a la mujer que vino con O’Brian. - dijo Sage, con la voz rasposa por la tensión. No le dio tiempo a Ford a preguntar más detalles antes de añadir - La que llevaba el vestido blanco, la que estaba con el chico. Ella, ¿Entiendes?
Ford frunció el ceño, confuso por la petición de Sage, pero no dijo nada al principio. En su mente, las piezas comenzaron a encajar lentamente.
- ¿Por qué la necesitas? - preguntó Ford, con una ligera inclinación de cabeza, tratando de entender la situación.
Sage dio un paso hacia adelante, su mirada fija en el suelo mientras apretaba las manos en puños. La tensión era palpable en la habitación.
- La desvirgué. - murmuró, casi como si hablara consigo mismo.
El golpe de esas palabras se sintió en el aire como un golpe físico y Ford se quedó paralizado por un momento. El brillo de sorpresa e incredulidad fue evidente en su rostro.
- ¿Qué? - exclamó Ford, incapaz de ocultar su sorpresa y horror al mismo tiempo. - ¡Maldita sea! - añadió con una maldición, su mente luchando por procesar lo que acababa de escuchar. No podía creer lo que su jefe acababa de decir, pero cuando vio la expresión tensa y sombría de Sage, supo que no había broma en eso.
- No sé quién es. - continuó, la frustración mezclándose con la culpabilidad. - No recuerdo haberla conocido antes.
Ford frunció el ceño, tratando de entender todo lo que estaba sucediendo.
- ¿Así que no sabes nada sobre ella? - preguntó, sin poder ocultar la incredulidad en su voz - ¿Y te la cogiste? ¿Te drogaron?
Sage negó con la cabeza, su respiración aún entrecortada.
- No. Ni siquiera bebí una copa. Y luego, todo se volvió confuso. - Sage se dejó caer de nuevo en la cama, las manos en la cara. - ¿Por qué demonios tuve que hacer eso?
Ford respiró hondo, tratando de calmar la situación. Sabía que no era el momento de dar discursos, pero tampoco podía dejar que Sage se hundiera en esa espiral de culpa.
- Lo primero es lo primero. Debemos averiguar quién es esta mujer. - dijo Ford, tratando de poner las cosas en perspectiva - Lo que hiciste... bueno, ya no hay vuelta atrás. Además, ella vino por su voluntad. Ahora lo que importa es entender a quién estamos tratando y cómo manejarlo.
Sage asintió, pero su mente aún estaba completamente atorada en el caos de sus pensamientos.
Ford suspiró, reconociendo la seriedad de la situación.
- La encontraré, y cuando lo haga, resolveremos esto de alguna forma. No te preocupes por eso.
Pero dentro de su cabeza Ford sabía que este sería solo el comienzo de algo mucho más complicado. Y si había algo que no le gustaba, era cuando las cosas se volvían personales.
Y por lo visto, esta situación no podía ser más personal para su jefe y amigo.