La Reunión con Black River
El aire denso del bosque se impregnaba de humedad cuando la caravana de autos oscuros atravesó la frontera de Black River. El ambiente en la manada era solemne, como si cada m*****o sintiera el peso de lo que estaba a punto de discutirse. Ferris bajó del auto primero, con la postura rígida de un alfa que no admitía cuestionamientos. A su lado, su hijo Aksel cerró la puerta de golpe, sus ojos escaneando el territorio con un aire de desconfianza.
Los betas los siguieron en completo silencio. Arcus, el padre de Brady, tenía la misma expresión inescrutable que su hijo, quien caminaba unos pasos detrás, con los músculos tensos. Arcus, el beta actual de Silver Moon, permanecía atento, como si esperara un ataque en cualquier momento.
El recibimiento no tardó. Un grupo de lobos salió de la casa principal, todos con la marca de Black River en sus cuellos, indicando su lealtad inquebrantable. Y en el centro de ellos, con una presencia que exigía respeto, se encontraba Garret O'Connor, el alfa.
- Alfa Ferris. - saludó Garret con una inclinación mínima de la cabeza.
- Alfa Garret. - respondió Ferris con la misma rigidez.
Aksel y Brady intercambiaron miradas. Ninguno confiaba en Black River, pero la situación los forzaba a estar allí.
- Hemos preparado la sala de reuniones. - dijo Garret con voz grave - Hay mucho que discutir.
Ferris asintió y avanzó, seguido de su grupo, pero Aksel no se movió de inmediato. Miró a Garret, sus ojos brillando con una furia apenas contenida.
- Si esto es una trampa…
Garret le sostuvo la mirada con una sonrisa que no alcanzó sus ojos.
- Si fuera una trampa, O’Brien, ya estarías muerto.
Brady tocó el hombro de Aksel con disimulo, instándolo a moverse y mantenerse calmado. Aksel respiró hondo y siguió a los demás, pero el aire en Black River se sentía espeso, cargado de secretos y advertencias silenciosas.
La casa de la manada de Black River era un reflejo de su estructura jerárquica y tradicionalista. No era un complejo moderno ni una propiedad de lujo adaptada a los tiempos actuales, sino una construcción robusta de madera oscura y piedra, diseñada para resistir el paso del tiempo y reforzar la idea de dominio sobre el territorio.
El vestíbulo principal era amplio, con vigas de madera a la vista y una chimenea encendida a pesar del clima templado. Los lobos de Black River parecían seguir costumbres más arcaicas; no había decoración innecesaria, solo funcionalidad y presencia. Un largo tapiz con el símbolo de la manada, una luna creciente cruzada por garras, colgaba sobre la chimenea, marcando el linaje de los alfas anteriores.
El suelo de piedra pulida resonaba con cada paso de los visitantes. Las paredes estaban adornadas con cabezas de presas cazadas, desde ciervos hasta lobos rivales, una demostración de fuerza que dejaba claro el mensaje: sobrevivir aquí era un honor, pero también una prueba constante.
Los miembros de la manada, vestidos con ropa sencilla de cuero o lino, se movían con disciplina. Apenas miraban a los visitantes, pero sus oídos y postura delataban su estado de alerta. A diferencia de las manadas que se integraban más con los humanos, Black River no hacía esfuerzos por ocultar su naturaleza salvaje.
Garret O’Connor los guió a través del pasillo principal, donde las luces eran tenues y el aire estaba impregnado con el aroma de madera, humo y tierra húmeda. Al fondo, una puerta doble de roble macizo marcaba la entrada a la sala de reuniones.
- Pasen. - dijo Garret, empujando la puerta con facilidad.
El interior del salón era igual de austero. Una gran mesa de madera tallada ocupaba el centro, rodeada por sillas de alto respaldo que parecían más tronos de guerra que simples asientos. En las paredes, marcas talladas en la piedra narraban historias de batallas y uniones de manadas pasadas.
Aksel y Brady compartieron una mirada incómoda. Este lugar no se parecía en nada a su hogar. Aquí no había concesiones a la modernidad ni intentos de parecer humanos.
Black River seguía siendo un reino de lobos.
El aire dentro del salón de reuniones estaba cargado de tensión. A un lado de la mesa, Ferris O’Brian, con su hijo Aksel a su derecha y sus betas a la espalda, mantenía una postura firme. Frente a ellos, Garret O’Connor y los ancianos de Black River aguardaban en silencio. Las antorchas en las paredes proyectaban sombras sobre los rostros curtidos de los lobos más viejos, testigos de incontables guerras y alianzas.
El primero en hablar fue Magnus, un anciano beta de Black River. Su voz resonó con autoridad.
- Los acuerdos entre manadas deben respetarse. Tu hija fue prometida, O’Brian. La unión con Garret fortalecerá la sangre de Black River y asegurará la estabilidad en ambas manadas.
Ferris cruzó los brazos.
- Esa promesa se hizo cuando mi hermano aún vivía. No hemos olvidado el acuerdo, pero mi hija no es una pieza de cambio.
Un murmullo recorrió a los ancianos de Black River. Tradiciones eran tradiciones y la resistencia de Ferris no era bien recibida.
- Ella es una omega dominante y un lobo blanco. - intervino otro anciano, con la piel marcada por cicatrices - Su poder es inestable. Si no es reclamada por un alfa fuerte, su magia se volverá un peligro para todos nosotros.
Brady y Aksel intercambiaron una mirada tensa. Sabían que tenían razón, pero la idea de entregar a Ciara sin su consentimiento era algo que no podían aceptar.
- Garret es un alfa fuerte. - continuó Magnus, mirando a Ferris con severidad - Y tu manada necesita este vínculo para sobrevivir. Sin recursos, tus tierras serán débiles. Este matrimonio traerá estabilidad a ambas partes.
Ferris inspiró hondo, con el ceño fruncido.
- Aún no ha llegado la luna de su mayoría de edad. - respondió con voz controlada - Ella tiene derecho a encontrar a su compañero antes de que la reclamemos para una unión pactada.
Un gruñido profundo se escuchó entre los mayores de Black River.
- ¿Y si no lo encuentra? - preguntó uno de ellos, con la voz ronca por los año - Si un lobo la elige por instinto antes de la luna llena, el vínculo con Garret no podrá completarse.
Los ojos de Garret brillaron con un destello dorado debido a que su lobo estaba en la superficie, pero se mantuvo en silencio, observando a Ferris con la paciencia de un cazador.
- Si eso ocurre, no habrá trato. Ella ya estará marcada. - declaró Ferris con frialdad.
- ¿Y estarás dispuesto a sacrificar a tu manada por un lobo inferior? - preguntó Garret.
- Si mi hija es reclamada, es la diosa quien hizo su elección y ella proveerá una solución para Silver Moon que la respeta con honor.
El silencio que siguió a la declaración de Ferris fue denso, cargado de una tensión que se podía cortar con un cuchillo.
Arcus entrecerró los ojos, su rostro curtido por los años no mostraba emoción alguna, pero su voz tenía un matiz calculador cuando habló:
- Sabemos lo que ella es. Una mestiza, hija de un alfa blanco y un hada. Un linaje peligroso si no es guiado correctamente.
Uno de los ancianos de Silver Moon, un lobo de pelaje cenizo y mirada astuta, golpeó la mesa con los nudillos.
- ¿Acaso olvidan la leyenda? Los lobos blancos son la descendencia directa de Selene. Son elegidos por la diosa y sus compañeros no son un asunto que podamos decidir a voluntad.
Garret mantuvo la mandíbula apretada, su paciencia al límite.
- Lo que sabemos es que su poder, sin control, puede traer el caos. Lo dice la leyenda. - intervino con frialdad - No podemos arriesgarnos a que una omega con un linaje como ese permanezca sin la marca de un alfa.
Ferris se mantuvo impasible, pero en su interior, la mención de la leyenda le erizó la piel. No era un alfa supersticioso, pero la historia de los lobos blancos y su vínculo con la diosa Selene no era un simple cuento para asustar cachorros. Su sobrina era diferente y su magia no podía ser tratada con las mismas reglas que las de otros omegas.
- Mi hija no será atada a un vínculo que no le pertenece, no sin darle la oportunidad de encontrar a su verdadero compañero. - dijo finalmente.
Los ancianos intercambiaron miradas antes de que Magnus hablara con voz grave:
- Entonces esperaremos hasta la luna llena. Pero si la diosa no la guía hasta su compañero, será Garret quien la reclame.
Ferris asintió con rigidez. No tenía más opción… pero en el fondo, algo le decía que el destino de Ciara ya estaba escrito en las estrellas y ninguno de ellos tenía el poder para cambiarlo.
- ¿Qué harás si una vez que la reclames encuentras a tu compañera? - intervino Aksel recibiendo un gruñido de un anciano por hablar - La rechazarás, aunque la hayas marcado. Eso la destruirá. Es una Omega dominante. Podrías provocar que su magia explote.
El gruñido del anciano reverberó en la sala, una advertencia silenciosa para que Aksel supiera cuál era su lugar en la conversación. Sin embargo, Garret O’Connor no necesitaba que lo defendieran. Su mirada fría se fijó en el joven alfa con algo que bordeaba el desprecio.
- No encontraré a mi compañera. - declaró con una seguridad inquietante. - Ciara será mi pareja y mi luna me bendecirá por fortalecer a mi manada con su poder.
Aksel apretó los dientes. La arrogancia de ese hombre era insoportable.
- ¿Y si estás equivocado? - insistió con firmeza, sin achicarse ante el peso de la tradición ni ante la autoridad de los mayores - ¿Y si la diosa ya la ha vinculado con otro?
El aire se volvió denso. Un tabú había sido pronunciado.
Garret entrecerró los ojos, su mandíbula marcándose con dureza.
- Si ese fuera el caso… - su tono fue lento, calculador - ese lobo tendrá que reclamarla antes de la luna llena. Porque después de eso, será mía.
Un murmullo recorrió a los ancianos de Black River. Las palabras de Garret no solo eran una afirmación de dominio, sino también un desafío abierto a cualquier lobo que pudiera ser el verdadero compañero de Ciara.
Ferris intercambió una mirada con Arcus. La situación se volvía cada vez más peligrosa.
Aksel sintió el peso del destino presionando contra su pecho. Dos semanas. Ese era el tiempo que tenían.
Y en el fondo, supo que si el compañero de Ciara no aparecía antes de la luna llena… su prima estaría condenada.
El salón quedó en silencio. Magnus apretó los labios en una línea tensa, pero finalmente asintió.
- Entonces esperaremos hasta la luna llena. Si ella no es marcada en la luna llena, nuestro alfa irá por ella. - advirtió.
Ferris inclinó la cabeza, señal de que el acuerdo temporal estaba hecho. Sin embargo, en el fondo, sabía que el tiempo estaba en su contra.