Convivencia Diferente
El SUV n***o avanzaba por la carretera serpenteante, alejándose de la ciudad y adentrándose en un paisaje cada vez más agreste. A cada kilómetro, la urbanización quedaba atrás, dando paso a bosques frondosos y colinas ondulantes, con árboles tan densos que bloqueaban buena parte de la luz del sol.
Sage observó el entorno con el ceño levemente fruncido. Había estado en lugares apartados antes, pero algo en la forma en que el paisaje parecía tragarlos lo incomodaba.
- Un poco apartado para un resort. - comentó Ford, con tono neutro, mirando por la ventana.
Aksel, en el asiento delantero, sonrió apenas.
- El resort no está aquí. Vamos a nuestra casa. El aislamiento es parte del encanto. Mi familia y los que viven aquí buscan desconectarse de la vida urbana.
Sage tamborileó los dedos en el apoyabrazos. Algo en todo esto no encajaba.
- No se supone que estudias administración de empresas.
Aksel giró ligeramente la cabeza, mirándolo con una calma estudiada.
- Así es, pero mi familia ha vivido por mucho tiempo vinculada al bosque. Nos acostumbramos a vivir así. Además mi padre quiere conocerlos antes de que hablemos de negocios.
La mandíbula de Sage se tensó. No estaba acostumbrado a que le cambiaran los planes sin previo aviso.
- Eso no estaba en la agenda.
Aksel encogió los hombros, como si no tuviera elección.
- Mi padre es tradicional. En este tipo de decisiones, la última palabra es suya.
Sage mantuvo su expresión impasible, pero Ford le lanzó una mirada de advertencia. Esto no era normal.
- No pensé que fueran tan jerárquicos. - dijo Ford con cautela.
- Debemos serlo. Mucha gente depende de nuestras decisiones. - respondió Brady, el Beta, desde el volante - Nos tomamos muy en serio la estructura de nuestra comunidad.
Sage entrecerró los ojos. Había algo en la forma en que lo dijeron que le sonó… extraño. Como si no estuvieran hablando de un simple negocio, sino de algo más profundo.
- Bueno, entonces esperemos que su padre esté de buen humor . - dijo Sage, con una sonrisa afilada.
Aksel no respondió, pero por el espejo retrovisor, Sage pudo ver el leve endurecimiento en su mirada.
El viaje continuó en silencio, mientras los árboles altos seguían cerrándose sobre ellos, como si estuvieran entrando en un mundo completamente diferente.
El vehículo atravesó el denso bosque y, de pronto, el paisaje se abrió, revelando un asentamiento mucho más grande de lo que Sage había imaginado. No era un pueblo común, pero tampoco un simple grupo de casas desperdigadas. Era una comunidad autosuficiente, casi como una pequeña ciudad escondida en medio de la nada.
A medida que el SUV avanzaba lentamente por el camino de tierra compacta, Sage observó con ojo analítico el entorno. Había tiendas con carteles de madera, un pequeño hospital e incluso lo que parecía una escuela. La gente iba y venía, algunos cargando bolsas de mercado, otros trabajando en talleres o supervisando construcciones. No se veía la usual distracción de los celulares o el ajetreo propio de un centro urbano. Aquí todo tenía un propósito claro, como si cada persona supiera exactamente cuál era su rol.
Ford, que también evaluaba la zona, soltó un leve silbido.
- No esperaba esto. - murmuró - Creí que sería más… rural.
Aksel, sentado al frente, se removió en su asiento, como si estuviera nervioso.
- La comunidad ha crecido mucho en los últimos años. - dijo con modestia - Nos aseguramos de ser autosuficientes.
Sage entrecerró los ojos, observando a un grupo de jóvenes cargando madera y herramientas hacia un edificio en construcción. Todos parecían increíblemente coordinados, trabajando juntos sin necesidad de muchas órdenes.
- Bastante organización para ser un lugar aislado. - comentó en tono neutro.
- Es más fácil así. - respondió Aksel con rapidez - Menos problemas con la logística.
Sage no respondió. No podía negar que le intrigaba la estructura de la comunidad, pero había algo en el lugar que le ponía los pelos de punta. No eran solo las miradas que recibían al pasar, discretas, pero inquisitivas, como si él y Ford fueran anomalías en un ecosistema cerrado.
El vehículo giró y tomó un sendero que se alejaba del centro de la comunidad, internándose de nuevo en el bosque. Aksel pareció relajarse un poco cuando dejaron atrás la mini ciudad.
- La Casa Principal está aquí. - explicó - Es el corazón del lugar, así que quisimos asegurarnos de que estuviera lo suficientemente apartado del ruido y… las distracciones.
Sage captó la vacilación en su voz. “Las distracciones”.
- ¿Las distracciones? - preguntó con una media sonrisa.
Aksel forzó una risa, pero evitó su mirada.
- Los citadinos suelen ser curiosos. Preferimos que no se metan demasiado en nuestra vida diaria.
Ford cruzó los brazos y miró a Sage, claramente llegando a la misma conclusión: había más de lo que Aksel estaba diciendo.
Pero Sage no presionó. No aún.
Se limitó a asentir, mirando por la ventana mientras el paisaje, aunque salvaje estaba claramente delimitado y cuidado.
Algo en este lugar no era normal. Y pensaba averiguar qué.
El vehículo se detuvo frente a una estructura de tres pisos imponente de madera y piedra, con techos altos y ventanales amplios que dejaban entrar la luz natural. Sage no pudo evitar arquear una ceja. No era exactamente lo que esperaba. Parecía más un enorme albergue de montaña que una casa privada.
Aksel bajó primero, indicando con un gesto que lo siguieran.
- Esta es la casa principal. - explicó mientras avanzaban por el sendero de piedra que conducía a la entrada. - Aquí viven los miembros solteros que ya han alcanzado la adultez y mi familia.
Ford, que caminaba un par de pasos detrás de Sage, soltó un resoplido bajo.
- Como una secta. - murmuró, lo suficientemente bajo como para que solo Sage lo escuchara, pero los lobos lo escucharon.
Antes de que Sage pudiera responder, Brady, que caminaba junto a Aksel, lo miró de reojo con una expresión de ligera irritación.
- No es una secta. - corrigió con tono seco - Es más bien un sistema de apoyo. Los jóvenes tienen privacidad, pero también supervisión. Todos tienen responsabilidades dentro de la comunidad.
Sage dejó que la conversación fluyera mientras sus ojos recorrían los espacios abiertos de la casa. La planta baja estaba diseñada para ser completamente funcional. Había zonas comunes amplias, sofás de cuero en las salas de estar con mesas de billar o para juegos de mesa, una biblioteca con estanterías llenas de libros y un gran comedor con largas mesas de madera rústica.
- Todo parece estar diseñado para grupos grandes. - comentó, deteniéndose por un instante para observar la cocina abierta, donde un par de personas trabajaban con eficiencia.
- Así es. - asintió Aksel - Creemos en la vida comunitaria. Comer juntos es una tradición, no solo algo práctico.
Sage cruzó los brazos, observando el ir y venir de las personas dentro de la casa. No había distracciones tecnológicas, ni nadie sumido en su teléfono. Todos parecían enfocados en sus tareas o interactuando entre sí, como si el mundo exterior no existiera.
- Curioso sistema. - dijo finalmente, con una expresión neutra.
Ford, en cambio, lo miró con incredulidad.
- Curioso no es la palabra que yo usaría…
Aksel ignoró el comentario y continuó caminando hacia el pasillo principal.
- Vamos, mi padre quiere conocerlos antes de que vayan al resort.
Sage no respondió, pero mientras seguía a Aksel escaleras arriba, no podía ignorar la sensación de que había algo más bajo la superficie de este “sistema comunitario”.
Oficina de Ferris O'Brien
La oficina del Alfa era un reflejo del hombre que la ocupaba.
El despacho estaba decorado con muebles de madera oscura y paredes revestidas en piedra, con una chimenea encendida que proyectaba sombras danzantes en las estanterías llenas de libros antiguos y documentos organizados con precisión. No había adornos innecesarios, solo funcionalidad y un aire de autoridad indiscutible.
Sage entró con paso seguro, el impecable corte de su ropa resaltando contra la rudeza del entorno. Su expresión era la de un hombre acostumbrado a manejar acuerdos multimillonarios y personas de influencia. No apartó la mirada cuando sus ojos se encontraron con los de Ferris O’Brian, quien lo esperaba detrás de un escritorio robusto, sus manos entrelazadas sobre la superficie de madera pulida.
Aksel se quedó junto a la puerta, con Brady a su lado, pero ninguno de los dos intervino. Este no era un encuentro casual, sino un duelo silencioso entre dos líderes.
- Señor O’Brian. - saludó Sage con voz firme, extendiendo la mano.
Ferris se la estrechó con la misma firmeza, su agarre fuerte y seguro, como el de un hombre que había trabajado con sus propias manos antes de liderar cuando se acercó a él.
- Señor Duncan. - respondió con un tono neutral.
Ambos tomaron asiento, estudiándose en un instante cargado de tensión calculada. Era una escena que Sage conocía bien: dos depredadores midiendo fuerzas antes de decidir si serían aliados o rivales.
- Aprecio que nos reciba en persona. - dijo Sage, acomodándose en la silla como si estuviera en su propio territorio - Quería discutir algunos detalles de la inversión antes de proceder.
Ferris asintió con lentitud, observándolo con la mirada aguda de alguien que veía más allá de las palabras.
- Me gusta conocer a quienes quieren hacer negocios con nosotros. No trabajamos con cualquiera.
Un desafío disfrazado de cortesía. Sage mantuvo su sonrisa de empresario, pero algo en la actitud de Ferris lo hizo darse cuenta de que este hombre no solo hablaba de negocios.
- Eso lo respeto. - respondió sin perder la compostura - Y es precisamente por eso que quiero asegurarme de que esta inversión sea beneficiosa para ambas partes. Mi equipo ha revisado los números y el modelo de negocio es sólido, pero hay aspectos operativos que necesito entender mejor.
Ferris inclinó levemente la cabeza, como si lo evaluara de nuevo.
- Eso demuestra prudencia, lo cual es bueno. Pero dígame, señor Duncan, ¿Qué es lo que realmente quiere de este acuerdo?
Sage no dudó. No era un hombre que titubeara en una mesa de negociación.
- Expandir mi portafolio en el sector turístico con un proyecto exclusivo y sostenible. Lo que usted ofrece aquí no es solo un resort, sino una experiencia única que no puede replicarse en ninguna otra parte sin una gran inversión.
Ferris no respondió de inmediato. El silencio entre ellos no era incómodo, sino una estrategia.
Finalmente, el Alfa apoyó los codos sobre el escritorio y entrelazó los dedos.
- Bien. Revisemos esos detalles que quiere discutir.
Sage asintió, dejando sus documentos sobre la mesa. El juego había comenzado.