Al salir del cuarto de baño una muchedumbre me esperaba a la salida y me rodeaba en medio de felicitaciones y a halagos. En realidad, no era mucha gente desconocida a parte de los clientes recurrentes, los demás empleados y otros cuantos que venían a saludarme por la magnífica presentación. Seguía confundido, pero traté de aprovechar la atención que me era brindada y mantuve mi compostura al menos por el momento. Con el estómago vacío y el efecto del ácido estaba bastante débil y me limité a tomar asiento en la barra mientras que Lorena me presentaba a la joven que minutos antes había confundido con un demonio.
-Jonathan ella es la señorita Mariana Caballero-. Me dijo a mí en medio de una sonrisa formal. Luego dirigiéndose a ella añadió -Él es Jonathan Acosta, el joven que nos deleitó esta noche.
-Muchas gracias, señora Lorena. Si me permite me gustaría hablar con él a solas. -Le respondió la joven a Lorena privándola del chisme que estaba por cernirse.
-Me alegra que pueda concederme un momento. Antes que nada, aprovecho para felicitarlo por su magnífica presentación de esta noche-. Incapaz de responder la joven añadió luego de un silencio incomodo. - ¿Puedo invitarlo a algo mientras conversamos?
-Claro que sí, aunque me gustaría que primero me dijera sobre qué vamos a conversar-. Le respondí con seriedad al tiempo que me pedía una cerveza y ella un coctel.
-Por supuesto, lamento incomodarlo y más después de lo que acabo de ocurrir. Si lo desea entonces iré directo al grano.
-Se lo agradecería bastante-. No sentía muchas ganas de hablar con nadie y menos con aquella formalidad. Mis compañeros y Lorena me miraban desde las espaldas de aquella mujer con sonrisas estúpidas.
-Vera, pertenezco a la Fundación emprendedores seremos, que pertenece a Julio Jiménez, como sabrá él es un compositor bastante famoso y premiado del país-. La mujer sacó de su cartera unos cuantos folletos y me los entregó en la mano.
-Como bien sabrá él cuenta con una academia de música para formar no solo a niños sino también a personas mayores y con los programas la fundación ha apoyado a muchas personas-. La mujer sacó un bolígrafo y trató de remarcar algunas cosas, pero la interrumpí decepcionado.
-Entiendo y le agradezco bastante. Sin embargo, en este punto tengo que ser muy sincero con usted antes de que siga perdiendo su tiempo-. Dejé la cerveza sobre el mostrador y me levanté. -Verá, yo conozco las academias y demás, hace tiempo traté de aplicar, pero la verdad quiero que vea a su alrededor, no soy más que u musico aficionado y no cuento con los recursos para estudiar allá. Aunque tuviera los recursos, la música por sí sola no me da para comer y sinceramente no puedo.
Estuve a punto de irme en medio de la incomodidad y los espectadores de la escena se mostraron impresionados por mi actitud. La mujer sin levantarse me tomó del ante brazo y me detuvo en medio de mi escape.
-Lo siento, señor Acosta, creo que no me he hecho entender y le ruego solo un poco de paciencia para que me termine de escuchar-. Ante la firmeza de su voz me volví a sentar en mi sitio. -No he venido esta noche hasta aquí solo a venderle algo que probablemente decenas de personas han intentado con becas estudiantiles.
-En ese caso a que debo la atención-. Respondí con desconfianza.
-Vera, el Señor a través de la fundación abrió una convocatoria que tal vez le podría interesar si me permite que se lo explique de forma detenida-. La joven me miro a los ojos con severidad.
-Claro, que sí. Disculpe mi actitud.
-Muy bien-. La joven volvió a sonreír, tomó un trago del coctel y me habló con dulzura como lo había hecho antes que la interrumpiera. -Lo que ocurre es que la fundación propone apadrinar a un joven musico, que incluye apoyo en publicidad con su música y los primeros pasos de la carrera musical. Es por eso por lo que he venido esta noche acá, para saber si usted es aplicable y si se encuentra interesado.
Me encontraba al borde de la confusión y de la alegría. No podía creer que aquello que me decía la mujer fuera verdad, que yo tuviera ese tipo de suerte. Mi mente me jugó una mala pasada y no pude más que ver aquella propuesta con suma desconfianza.
-En ese caso, que debo hacer para resultar aplicable.-. El corazón me latía a mil, pero traté de no demostrarlo.
-Usted ya clasificó como aplicable-. La chica me dedico una amplia sonrisa y se pasó el cabello detrás de los oídos. -Tal vez usted no se halla registrado, pero su jefa, la Señora Lorena lo registró para ser aplicable y durante varias noches vinieron varios jurados en secreto a escucharlo. No es algo de la noche a la mañana.
Me encontraba sorprendido, odiaba a dicha mujer, pero ella había hecho tal gesto por mí. En este momento la confusión se apoderó aún más de mí y no fui capaz de articular palabra más que dedicar un nervioso asentimiento.
-Bueno, entiendo que se encuentre sorprendido, así que pasaré al siguiente punto-. La joven abrió otro folleto y resalto varías frases. -Para ganar este padrinaje deberá presentar en un plazo de tres meses una canción compuesta, tanto lirica como musicalmente por usted y se presentará en el teatro nacional a cantarla para los directores de la fundación, entre ellos el señor Jiménez.
Hacía bastante tiempo que no componía alguna canción, tal vez la última vez se la dediqué a Zara. En mi mente pasaron al instante un sin número de ideas y composiciones que podrían ayudarme y la emoción se apoderó de mi cuerpo por completo.
-no lo sé ¿Cree usted que podría ganar? -. En medio de mi sorpresa le pregunté a la joven que me dedico otra cálida sonrisa y me agarró de la rodilla.
-Por supuesto que sí. Si compone la mitad de lo que canta estoy segura de que sí. Aunque claro está, son bastantes aspirantes así que le recomiendo ensayar bastante si es que desea participar en esto-. La mujer tomo otro trago y se levantó pidiéndome que la siguiera. -Me gustaría explicarle un poco mejor de que trata esto y en un sitio más tranquilo si le parece.
Nos dirigimos a una de las oficinas principales del bar, donde la música y el holgorio del bar se apagaban y la luz iluminaba por completo la habitación.
Efectivamente era una mujer joven y atractiva a su manera. Mariana no debía llegar a más de los 23 años y demostraba una salud que yo creía haber perdido hacía ya mucho tiempo. Su cabello se encontraba trenzado, pero aun así no lograba esconder la larga cabellera negra que colgaba de su cabeza. Su rostro era un rostro dulce, pero guardaba una severidad y profesionalismo que se acentuaba aún más con sus lentes cuadrados y falta de maquillaje. No era alta, pero se veía grande con la ropa formal y suelta que llevaba.
A lo largo de varias horas que pasaron de la noche a la madrugada me realizó una entrevista informal. Me preguntó sobre mi familia, mis sueños, mis aspiraciones y lo que tenía de carrera musical. Me explicó todos y cada uno de los detalles de la convocatoria, que y como debía hacerlo. Y al final terminé firmando el documento para concursar. La mujer finalmente rompió con la solemnidad, se levantó y se despidió de mí.
-Muy bien, Jonathan, me alegro de que lo hayas decidido. Me gustaría permanecer en contacto contigo si no te molesta. Cualquier cosa que necesites no dudes en escribirme para asesorarte con aquello que necesites.
-Claro, muchas gracias-. La mujer esperó unos momentos y al final para romper el silencio me decidí por levantarme de mi silla y acompañarla. -Por favor, déjeme acompañarla a tomar el taxi, está bastante oscuro y es peligroso.
-Muchas gracias-. La mujer caminó a mi lado y era aún más pequeña de lo que había imaginado en un principio. Mientras caminábamos añadió -Esto ya no hace parte de lo formal, así que, puedo hablarte de “Tú”
-Claro, por qué no-. No entendía las razones para hacerlo, pero no le encontré problema al instante.
-Me gustó bastante tu presentación esta noche, piensas en alguien para cantar de esa manera-. El tono de la chica había cambiado a una picardía extraña.
-No entiendo ¿a alguien? -. Le dije en medio de risas al tiempo que llegamos a la parada de taxis donde se suponía llegaría pronto el vehículo por ella.
-Perdóname, fue una pregunta un poco indiscreta-. Mariana esperó de mí parte una respuesta que jamás llegó ante mi incomodidad y nos mantuvimos en silencio hasta que llegó el taxi por ella.
-Te contaré un secreto antes de irme-. Ella abrió la puerta del vehículo y añadió. -No era necesario que yo te diera mi número telefónico, ya que los operadores de la fundación te darán mejor acompañamiento, pero si quieres sonreír un poco un día de estos me puedes escribir. adiós.
Cuando el taxi se alejó y giró por la esquina revisé mi celular. Sentí ganas de volver a llamarla después de una noche tan agitada. Al final, lo hice después de tantos meses.