Una solitaria compañía

2188 Words
La temperatura de la habitación empezó a bajar y al fin fui capaz de permanecer en mi cama sin incomodidad. De no haber sido por culpa del mensaje de Daisy, probablemente me habría dormido sin dificultad y no hubieran llegado a mi mente aquellos recuerdos que por tanto tiempo trate de ahogar entre el alcohol y las anfetaminas. No podía dejar de pensar en qué momento todo se había jodido tanto en mi vida, tal vez cuando decidí dejar mi casa, tal vez cuando abandoné la universidad, cuando me dejé llevar por la presión social en mis decisiones, cuando decidí aprender guitarra, o tal vez con aquella decepción de adolescente. Había tantos caminos para encontrar mi problema y de nuevo me hallé a mí mismo hablando solo. -Bueno, supongo que de no haber sido por lo que pasó en el paseo no me habría decepcionado, no conocería la música y seria ahora un médico-. Le dije al psicólogo imaginario que se sentaba al otro lado de la habitación. No me contestó. -Bueno, deja te cuento la historia, aunque lo he hecho tantas veces-. Me reí recordando la anécdota y me alegré de que mi interlocutor no me interrumpiera. -Estaba demasiado emocionado por el paseo que siquiera dormí la noche anterior pensando en las tantas cosas que haría y que me prometieron. Fui el primero en llegar al autobús y el primero en subirse. Sin embargo, nadie se sentó conmigo, no tenía la menor idea de por qué, pero no dejé que eso me opacará. Sería un hermoso día y nadie me lo robaría. >Mis amigos se sentaron en la parte trasera del bus y fueron cantando durante todo el camino. No me di cuenta en qué momento fui yo quien se convirtió en el tema de burla. Todos cantaban “Jonás, Jonás que entre las olas vas. Eres el profeta o eres la ballena, a dónde vas. Solín solitario vas” La burla se extendió por todo el camino, incluso cuando se dieron cuenta que estaba mareado y a punto de vomitar. Era solo una broma, me lo repetía continuamente, pues no podía dejar que una tontería como esa me arruinara el día. >Rocío iba en la parte de atrás junto a sus amigas. Por algún motivo ese día la veía aún más hermosa y mi gusto se incrementaba a medida que el autobús llegaba a su destino. Dimos un paseo, te aclaro que todos-. Le dije a mi amigo a modo de aclaración. -y nos llevaron por varios sitios hasta que nos dejaron en la dichosa piscina. Todos llevaban trajes sueltos preparados para entrar al agua, mientras que yo llevaba unos jeans que me estaban asando las piernas, al tiempo que sudaba como un cerdo. Al igual que en el autobús eran pocas la personas que me hablaban o se mantenían a mi lado, pero mis amigos continuamente estaban ahí y se reían conmigo, o de mí. >Al cabo de un rato mis amigos me llamarón a que los acompañara. Decidí seguirlos sin rechistar demasiado pues estaba por completo aburrido. Cuando llegué al lugar indicado me dijeron que, si no quería entrar a la piscina, claramente me negué pues tenía más terror a mis padres que a la exposición pública, pero ellos no lo entendieron. Creyendo que me hacían un favor con mi carácter, me tomaron entre varios y me desnudaron por completo dejándome en ropa interior para luego lanzarme de lleno contra la piscina. La luz del sol se empezaba a filtrar por el tragaluz de la habitación y noté como había pasado toda la madrugada sin lograr conciliar el sueño. Las actividades en la gran casa habían iniciado y todo se movía en un escándalo de niños llorando, las duchas, puertas, peleas y las ollas a presión cocinando. Todo el olor llegaba hasta mi cuarto, pero la costumbre no perturbó por completo mis pensamientos. Los recuerdos volvieron a hacerse claros y continué hablando como si en realidad alguien se sentara junto a mí. -En fin-. seguí hablando en lo bajo. -Esos segundos fueron bastante emocionantes, lo admito. El agua de la piscina entro por mi boca y mi cuerpo se fue hacía debajo de inmediato, creí ahogarme, pero un brazo me agarró de la mano y me sacó violentamente de la alberca. Era Andrés que se restregaba los ojos y se burlaba por mi patética entrada al agua. Me reí por un rato y continue nadando como si nada. Me divertía tanto que no me di cuenta de que poco a poco los demás chicos se fueron saliendo de la piscina hasta que fui el único en el agua. No lo entendía, si el agua estaba tan fresca y limpia ¿Por qué no se divertían como yo? >Cuando levanté mi mirada todos me veían y se reían de mi con sus manos en la boca. Mis amigos hacían comentarios que yo no alcanzaba a escuchar y Rocío, la niña que me gustaba, me miraba con completo asco. Al darme cuenta yacía en el agua nadando sin ropa interior, cuando lo noté no pude más que llamar con desespero a mi amigo, pero este solo seguía riendo a carcajadas. El desespero de mi desnudes y el pensamiento de que momentos antes, tal vez todos, habían visto mi sexo mientras incautamente nadaba hicieron romper en llanto. Mi celular de sonó de nuevo mientras estaba en la mejor parte de mi historia. Esta vez no era la mujer horrible, era el grupo de la banda en la que tocaba preguntando por algunas herramientas extraviadas. Ya era muy temprano, las historias incluían agua y mi cuerpo me pidió descarga por lo que decidí seguir hablando, esta vez en mi mente, y continuar la historia donde quedó mientras me dirigía al sanitario. Al salir de la habitación noté con alivio que la fila para el baño no era tan larga, por lo que me tomé mi tiempo en tomar la posición y saludar mecánicamente a mis vecinos. No prestaba atención a los detalles, pues mi mente aún continuaba en aquel bochornoso suceso en la alberca. -Muy bien, como les decía-. Mi mente se volvió a contraer, como continuamente lo hacía, y seguí contando mi historia con emoción. -Ahí me encontraba yo, con la mano en la entrepierna llorando y pidiendo por ayuda. Estaba completamente solo y todos se reían de mí. Pedía auxilio a gritos, pero nadie podía se podía mover de la risa, era un espectáculo completamente nuevo para todos. Solo al cabo de un rato la maestra llegó con una toalla tratando de contener la risa. Salí de la alberca, pero no solo mi ropa interior estaba en el agua, fue como si algo más de mí se quedase allí para siempre. Esa tarde olvidé algo que jamás regresé a buscar en mi vida. >Al salir del cuarto de cambio, mis compañeros me miraban y volvían a reírse entre ellos. Al cabo de un rato Andrés llegó a mis espaldas e hizo una broma que divirtió a todo el salón de clase “Eh miren, es Jonás, pasó de transformarse en una ballena a un ser humano. Es la magia de Dios” Todos rieron por la chanza, incluso yo. Fue demasiado gracioso. Yo estaba tan absorto contando la historia que no me di cuenta como mis vecinos me miraban con extrañeza, otros murmuraban entre ellos y solo la mujer, que nunca aprendí su nombre, que solía darme comida me preguntó: -Jonathan ¿está todo bien? -. Puso su mano sobre mi hombro, era una mano cálida y suave, pero me alejé al instante con la misma delicadeza con la que ella me tocó. -Sí señora ¿y usted cómo está? -. Estúpido, cómo es que se te da por preguntar eso, se nota que está preocupada por ti. -perdón, estoy bien ¿por qué me lo pregunta? Ella me miró con extrañeza, como si se me hubiera soltado un tornillo o me hubiera pegado en la cabeza. Noté como por unos momentos no fue capaz de articular palabra y miró a los demás espectadores. -Si necesitas entrar al baño supongo que puedes pasar-. No entendía por qué me hacía dicha propuesta. Yo no tenía ningún problema con esperar. -No tranquila, en serio. Lo mío no es tan urgente-. Por algún motivo no podía articular con facilidad mis palabras y mi voz cedía a medida que deletreaba. -No tengo problema en esperar. -No, sigue, tranquilo. Por favor-. Sus palabras eran bastante dulces y no pude más que aceptar su invitación a pasar primero al baño. No entendí que bicho le había picado a aquella gente hasta que vi mi rostro en el espejo. Estaba llorando, las lágrimas caían de mis ojos y de la nariz un hilo daba a parar con mi boca. Qué vergüenza, había mostrado esa cara frente a todos esos desconocidos. Pero el ver mi rostro frente al espejo me regresó de nuevo al baño de la visita campestre. Por lo que continué contando mi historia a mi invisible interlocutor, que después de un tiempo me di cuenta de que era ella. Después de tanto tiempo sin hablarle se presentaba en mi cabeza y escuchaba mis historias atentamente. -Las burlas continuaron por un buen tiempo. No tenía nada de cambio y tuve que ponerme la ropa interior mojada bajo mi pantalón. Una línea de humedad estaba en mi ingle intensificando aún más los insultos. Solo quería que aquel humillante día terminase para llegar a mi cama a dormir por lo que me senté a solas, lejos de todos, durante el resto de la tarde. Disfruté extrañamente de aquella soledad que me bridaba el sonido de los insectos, el cantar de las aves y el de mi propio corazón que se estabilizaba poco a poco. A pesar de que entendí que no pertenecía a ellos y que estaba ofendido, simplemente no pude sentir odio, solo una tristeza y vergüenza que conservé por mucho tiempo. >Al llegar a casa no escuché más que gritos de mis padres que solo me indicaban prohibiciones y castigos por no haberles hecho caso. Nada me importó, eran más que palabras vacías que carecían de total sentido para mí. Lo había entendido y las amenazas no iban a tener más sentido puesto que jamás volví a abrirme a mis compañeros de nuevo. No asistí a salidas, no asistí a la fiesta de mi graduación y me aseguré de que nadie de ellos volviera a saber de mí. >A pesar de todo aquello, no aprendí a la primera y no fue la primera vez que pasé por situaciones de ese tipo. Era un pequeño masoquista. La puerta del baño sonó. Era la mujer de la comida y se preguntaba desesperada si me encontraba bien. Claro que lo estaba, por qué no lo estaría. Como mi padre me dijo, años después, cuando le confesé aquella bochornosa experiencia. -Pero no entiendo qué le duele, ya pasó y cosas como esas pasan. No es importante, deje de hacer drama, sonría y ponga actitud positiva-. Me lo dijo y me lo repitió constantemente aprovechando la oportunidad para sacar a la luz frente a la familia aquella experiencia. Actitud positiva, sí eso haría, una sonrisa lo cambiaría todo. Si simplemente sonreía nadie me preguntaría nada y todo volvería a ser como antes. Lo pensé de nuevo y me lavé la cara, no sin antes descargar sobre el inodoro lo que mi cuerpo me había pedido. Daisy por fin empezó a golpear la puerta, de una forma no tan amable como lo había hecho su inquilina momentos antes. Antes de darle el lujo de poder soltar algún comentario y que nuestra complicada relación empeorara, salí del baño sonriendo y con la cara totalmente limpia. -Jonathan-. La mujer de la comida me volvió a preguntar. - ¿Está todo bien? -Por qué no habría de estarlo-. Le respondí alegremente. – Solo que tenía muchas ganas y durante la madrugada no tuve tiempo de entrar a hacer mis asuntos. Pero gracias por preguntar. -Si quieres puedes desayunar con nosotros-. La mujer estaba preocupada por mí, o tal vez solo me tenía lastima. Mi mente solo pensaba lo peor y rechacé la propuesta amablemente. Esa mañana, cuando regresé a mi habitación el celular se llenaba más y más de mensajes del grupo. Ninguno era para mí. Para mí no había mensajes desde que ella cortó en seco nuestra relación que nunca llegó a ser como tal una relación. Mi oyente había desaparecido y no tenía más experiencias que contarle. Así mismo, mi mente estaba ya cansada y tan solo cerré mis ojos buscando conciliar el sueño. Mis últimos pensamientos antes de dormir se los dediqué a ella, así como le había dedicado mis sueños los últimos días. Recordaba continuamente el día en que la conocí, sentada en medio de la banda de la universidad con un violín en la mano y su mirada puesta sobre el cuadernillo pentagramado. Por aquellos días cuando creía que me comería el mundo con mi guitarra y con mi voz. Deseé que mis sueños me trajeran de nuevo esos momentos y al fin me quedé dormido.
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