La mañana siguiente desperté sintiendo ser alguien totalmente renovada, siendo libre, sintiendo el peso de mi cuerpo ser menos y la alegría de mi alma plena. Estiré mi cuerpo recordando la noche, sonriendo sin temor y observando mi pequeño cuerpo ante el espejo. Recordaba el rostro de Hugo, los gritos de la noche, la libertad y la viveza de sentirse verdaderamente feliz. No hice más que cubrir mi rostro riendo plenamente, poniéndome de pie rápidamente, cepillando mis dientes y alistándome para aquel nuevo día, de esa nueva vida. Entonces, busqué entre mis cosas la vestimenta más cómoda para aquel día, llevando una camiseta suelta, un short de mezclilla y deportivos blancos. Mi cabello quedó atado en una coleta alta, mirándome una última vez en el espejo y sonriendo. Finalmente terminé

