Capítulo 6: Mujer al mar.

1067 Words
Sentía el viento correr hasta llevar mi cabello, la sal del mar y el ruido de los pasajeros buscando su lugar. No podía negar que era increíble aquel sentimiento, sin dejar de lado lo extraño que podía sentirse. Quedé sobre la barandilla, respirando, observando el mar y sonriendo. Por primera vez en mucho tiempo me sentía libre, podía ser libre sin pensar en lo que pasaría el día siguiente, lo que pensaría la gente o todo lo que quedaría pendiente. Así que solo sonreí ante ese pensamiento, tomando mi celular y buscando su nombre en la pantalla. Allí estaba otra vez su nombre, cinco letras que habían acabado con muchas partes de mi robandose el poco amor que podía llegar a tener y la confianza que alguna vez había pensado tener. Antes de pensarlo, su llamada entrante llegaba, de vuelta las letras se posaban ahí y esperaban mi respuesta. Mi mayor temor al contestar aquella llamada era oír su voz, sentir el vacío que eso dejaría y el hueco que no podría controlar. Pero debía ser valiente, afrontar la nueva realidad que tenía y escucharlo al punto de decepcionarme una última vez. ─¿Qué quieres?─Fue lo primero que fui capaz de decir. ─Por Dios, Ava. Llevo horas llamándote, ¿dónde estás─Preguntó.─Iré por ti apenas me lo digas.─Balbuceó.─Yo lo siento ¿si? Prometo explicarlo, prometo cambiar, Ava… Te amo, lo sabes.─Dijo en un hilo de voz. ─Ya no te creo nada, Pablo. No confío en ti, y comienzo a dudar de todos éstos años de matrimonio. ¿Cuando comenzó todo?─Suspiré.─Puede que lleves toda una vida haciéndolo y sea hasta ahora que yo lo sepa… No seas cínico.─Solté. Negó tras la pantalla.─No, no, lo juro por Dios que no. Yo te amo Ava, jamás te haría algo así ¿Dónde estás?─Preguntó confundido.─Hay mucho viento, no te oigo bien, veámonos, así te lo explicaré todo… Lo juro. ─Tu tiempo terminó, Pablo. Ya me cansé de mentir, fingir… Ser perfecta, lo he sido por mucho tiempo. Volveré solo para firmar el divorcio, es el final.─Suspiré.─Justo ahora estoy muy lejos… No me encontrarás. ─¿Estás en casa de tus padres? puedo ir, puedo buscarte… Entiendeme, Ava. Me conoces a la perfección.─Avisó. ─Te equivocas, Pablo. Pensé conocerte, pero ya no lo hago, quizás nunca lo he hecho. No eres el hombre que me llevó al altar y juró amor eterno cuando tan solo éramos unos niños, ya no más.─Dije cansada.─Arregla el divorcio, estoy cansada. Volveré para firmar, eres libre ahora… Quizás siempre debimos serlo. ─¡Ava, espera!─Gritó tras la pantalla.─Te amo, te amaré siempre. ─Susurró. ─No esperes lo mismo de mi, hasta pronto.─Y finalicé sin pensarlo. Miré la pantalla helada un par de segundos, respirando hondo hasta sentir el mar de vuelta, sonriendo inmediatamente al sentir el viento llevar mi cabello y las olas romper. Había tenido el valor de acabarlo de raíz, dejar de ser perfecta, ponerme por delante de todas las cosas. ─Vaya…─Susurró una voz tras de mí haciéndome sobresaltar.─Diría que fue divertido,─Dijo burlóń.─Pero justo me sentí en una película de romance.─Acabó por decir Hugo. ─Creo que me estás persiguiendo, Hugo.─Dije al verle.─¿No te enseñaron que oír conversaciones ajenas es de mala educación? No espero menos del chico que pregunta la edad de la mujer que apenas conoce.─Dije riendo. Rascó su nuca y sonrió.─Bien, soy culpable. Pero mira, ha sido inevitable oírte.─Confesó.─Y no, no te persigo. Me gusta estar aquí cuando el barco zarpa. Oir las olas romper, la ciudad alejarse y cada persona correr creyendo que ha olvidado algo.─Sonrió.─Pero tú te me has adelantado ésta vez… Ahora es tu sitio para arreglar problemas matrimoniales.─Dijo burlón.─Veo que no terminó del todo bien.─Susurró mirando mi celular. Reí con nerviosismo.─Creo que está demás decir lo que yas has oido. Encontré a mi esposo con su amante… En mi casa.─Susurré.─Huyendo de él fue que terminé aquí.─Confesé girando hasta devolver mi mirada al mar. Él caminó hasta ponerse a mi lado, observando el mar tanto como lo hacía yo y sonriendo.─Ava, soy creyente de que todas las cosas pasan por algo. Tu destino era terminar aquí con tus padres, quizás acercarte un poco más a ellos y ser libre. ¿A qué edad te casaste?─Preguntó sin más. ─…Muy jóven,─Confesé. ─¿Lo ves?─Preguntó.─En vez de estar triste o pérdida, deberías agradecer. Probablemente era un hombre desagradable y la vida te ha hecho ésto para ser libre… Tan libre como las olas al recorrer el mar y romper en la orilla, siempre que caen, regresan a tener un mejor lugar. Me reí.─Eres algo extraño, Hugo. ─Bien, merezco eso. Pero ven, es momento de dejar los lamentos e ir a recorrer el crucero. Olvida al temible Pablo y conoce mejores personas.─Susurró pasando sus manos por mi hombro y generando un escalofrío repentino en mi espalda, tanto que quedaría helada al observarle.─¿Todo bien?─Preguntó al mirarme confundido.─Si te he incomodado… No ha sido mi intención. Negué sin pensarlo, arreglando mi cabello tras mi oreja y girando hasta verle, quedando tan cerca de él que el nerviosismo me haría retroceder sin pensarlo, haciéndome caer torpemente y ver caer mi celular al mar. ─¡Mierda! ¡No!─Grité levantándome y corriendo hasta ver donde había caído, pero simplemente ya no estaba.─Mi vida entera estaba en ese celular… ¡Mierda! ¡Mierda!─ Reproché. ─Lo siento, lo siento, no ha sido mi intención… Prometo arreglarlo, de ser más relevante te daré uno nuevo, lo que sea.─Balbuceó Hugo con nerviosismo y llevando sus manos sobre su cabeza con preocupación. ─No ha sido mi intención, lo siento.─Repitió. Suspiré y negué.─No pasa nada, Hugo. Tranquilo, no te culpo.─Dije rápidamente.─Después de todo, tanta vida no hay, ¿no crees? Renuncié al trabajo de toda mi vida y le pedí el divorcio a mi esposo infiel. Lo único que me queda está sobre éste barco. Estúpido barco.─Susurré al ver el mar una vez más. ─Oye, oye…─Dijo riendo.─Paga tu ira con todo menos el mar y el barco. Luego no te querrán y algo malo te pasará. Ley de marineros.─Acabó por decir. Rápidamente reí.─Bien Hugo marinero, llévame a recorrer el crucero antes de que tenga la loca idea de saltar a buscar mi celular. Negó.─Así te lances ahora y pases horas buscando, no lo encontrarás… Lo que el mar pide, el mar se queda.─Dijo sonriendo.─Así que vamos, no quiero tener que lanzarme tras de una psicópata que se ha lanzado al mar.
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