Cuando finalmente estuvimos allí, no podía creer todo lo que estaba ante mi. Mi padre no había mentido siquiera un poco, era un enorme y lujoso crucero.
¿Cómo pagaría eso? ¿De dónde había salido tanto dinero?
—¿Estás seguro que es éste nuestro crucero, padre?—Pregunté mirando boquiabierta.—Es enorme, precioso.—Susurré mirando fijamente e ida entre tanto.
Él sonrió a mi lado.—Te dije que sería un increíble viaje. Es momento de dejar todo lo malo fuera. Iré por tu boleto, quédate aquí con tu madre, no la pierdas de vista.—Dijo al ver a mi madre caminar de un lado a otro observando las pequeñas tiendas independientes en ese sitio.
Quedé allí observando una vez más el enorme crucero a la lejanía, llevando el equipaje a mi lado y un sombrero que mi padre me había puesto antes del bajar del automóvil.
La brisa iba y venía, el gran sol sobre nosotros y el resto de las personas apresuradas en subir.
Sonreí de solo imaginar todo lo que había pasado en cuestión de minutos, tenía que llamar a mi jefe y presentar mi renuncia. Siquiera sabía cuánto tiempo estaría en aquel crucero, pero dado el enorme tamaño del mismo, imaginaba sería un viaje más allá de una simple semana.
Una gran brisa llegó llevándose mi sombrero, haciendo mi cabello revolotear por todos lados.
Con desespero comencé a buscarlo, lo miré al borde de las rocas, casi cayendo al mar.
—¡Mi sombrero!—Grité corriendo hasta él.
Poco antes de llegar, un jóven corrió ante mi grito y lo tomó en el preciso momento.
—¡Oh por Dios, muchísimas gracias!—Dije al recibir.—No sabe lo importante que es éste sombrero para mí padre. Si hubiese caído al mar lo hubiese perdido sin duda alguna.—Aclaré.
Rápidamente él sonrió mirándome fijamente, una sonrisa casi perfecta que llamó mi atención sin previo aviso. Regresé aquella gran sonrisa e intenté arreglar disimuladamente mi cabello.
Él sonrió una vez más al acercarse y entregar en mis manos aquel sombrero, mirándome fijamente y preguntando.—¿Puedo?—Dijo señalando mi cabello.
Le miré confundida y asentí, no hizo más que ayudarme a arreglar mi cabello mientras reía y subía hasta color aquel sombrero a la perfección.
—Gracias, de nuevo.—Dije llevando una parte de mi cabello tras mi oreja.
—Un placer, soy Hugo. Debe tener mucho cuidado con su sombrero la próxima vez. El viento por aquí es bastante fuerte.—Dijo cordialmente.
Sonreí ante sus palabras, estirando mi mano y estrechando con la suya.—Un placer, Hugo. Soy Ava, Ava García.—Dije un poco con nerviosismo.
—¿A qué se debe tu llegada? ¿Eres de por aquí?—Preguntó sin más cruzando sus brazos.—No te había visto jamás. Eso lo hubiese recordado.
Reí con nerviosismo.—Viven mis padres en ésta ciudad, por ahora estoy de visita con ellos.—Mentí.—Hace mucho que no venía a la ciudad.—Confesé.
Él sonrió una vez más.—¿Vienes a buscarles? ¿O irán de regreso en el crucero?—Preguntó sin más.
—Irán en el crucero... De hecho, vamos todos en el crucero. ¿Tu igual?—Pregunté confundida.—No veo tu equipaje.—Dije confundida.
Asintió.—Sí, que alegría saber que no seré el único en ese crucero. Yo también iré, mi equipaje ya está abordo. Espero encontrarte de nuevo, Ava. Las ventajas de estar sobre el mar.—Susurró en un hilo de voz estirando su mano una vez más.—Todo un placer, hasta luego, García.—Acabó diciendo sonriente.
—¡Ava! ¡Ava, mi niña!—Apareció gritando mi padre tras de mi, mirando a Hugo un poco confundido y con rostro de preocupación.—No he podido, lo siento.—Dijo lamentando.—Me han dicho que no hay más boletos para subir.—No se qué hacer, si quieres cancelamos el viaje.—Avisó.
—...Disculpe que interrumpa, señor. Supongo es el padre de Ava, ¿cierto?—Preguntó Hugo.—Un placer, soy Hugo.—Dijo estirando su mano hasta mi padre.—Viajo frecuentemente en éste crucero, déjeme insistir una vez más diciendo que es de suma importancia. Encontraré un boleto para Ava, si me lo permite.—Acabó por decir.
Mi padre sin más, le miró de arriba abajo, sonrió de lado y estrechó su mano con él.—Es más que importante que Ava zarpe ese crucero con nosotros, señor Hugo.—Dijo con firmeza.—Estaría eternamente agradecido si lo logra.
Hugo rápidamente sonrió y asintió, marchándose sin previo aviso y corriendo hasta el lugar de los boletos.
—Que extraño sujeto. ¿Le conoces?—Preguntó mi padre a mi lado girando hasta ver correr a Hugo.
Yo negué riendo.—Es muy amable, y no, no le conozco ni un poco.—Confesé.
Mi padre rió.—¡Te dije! ¡El mar está lleno de oportunidades!—Dijo alzando sus brazos al aire.—Ojalá lo logre, sería una lastima que te quedes completamente sola en casa, hija. Luego de todo lo que has tenido que pasar.—Insistió.—¿Dónde está tu madre? ¡Ava! ¿¡Dónde está el equipaje!?—Preguntó algo preocupado.
Lo miré en blanco, tomando el sombrero ante el viento que llegaba y mirando fijamente hasta donde minutos antes las había dejado.
No estaban.
—¡Las había dejado allí! Solo me fui un momento, mi sombrero se había ido con el viento, tuve que correr. Luego llegó Hugo.—Balbuceé rápidamente.
Mi padre cambió su sonrisa por una de enojo, mirándome rápidamente y corriendo hasta donde había estado el equipaje.
—¡Julia! ¡Julia!—Comenzó a gritar mi padre buscando a mi madre.
Rápidamente ella llegó llevando con ella el equipaje. Estaba salvada.
—Por Dios, ¿por qué tanto gritos? ¿Encontraste boleto? ¿¡Dónde demonios estabas, Ava!? ¡Encontré el equipaje completamente solo! ¡Nos pudieron haber robado!—Gritó algo molesta.
Respiré hondo al saber que por suerte, todo estaba bien por ahora.—No hay boleto.—Dijo mi padre con pena.—Un nuevo amigo de Ava intenta ayudarnos.—Continuó explicando.
—¿Un nuevo amigo?—Preguntó mi madre.
—Hugo.—Dijo él apareciendo ante nosotros.—Ese nuevo amigo se llama Hugo, señora.—Dijo estirando su mano hasta ella.—Todo un placer, debe ser la madre de Ava.—Afirmó.
Mi madre sonrió y asintió. Una sonrisa que hace mucho no veía.
—No fue tan complicado, un par de gritos, una larga conversación y una enorme mentira, pero aquí está.—Dijo estirando su mano con otro boleto.—Bienvenida abordo, Ava García. Suerte en ésta travesía.—Y sonrió.