Capítulo 4: Marinero.

1157 Words
La miré sorprendida, casi en blanco. Él lo había logrado.—¿Es cierto? Dime qué no estás bromeando, por favor.—Dije al tomar el boleto en mis manos. Él sonrió y asintió.—No bromearía con algo así, Ava. Mucho menos con una chica a la cual acabo de conocer.—Suavizó.—Espero verlos abordo, por ahora debo organizar un par de cosas personales.—Dijo sonriente.—Hasta luego, un placer conocerles a todos. Y oye Ava,—Llamó atención antes de irse.—Cuida tu sombrero, no quiero tener que lanzarme en el medio del mar para ir por él.—Dijo un poco burlón. Sin más, aquel desconocido se había robado mi aliento en cuestión de segundos. Un acto tan pequeño y a su vez, más que romántico. —¿Pero qué ha sido todo eso? ¿Hugo? ¿Sombrero?—Preguntó mi madre.—¡Ava ni te has divorciado!—Reclamó burlona. Yo reí.—Basta de bromas, madre. Hugo solo me ayudó con mi sombrero y me ayudó con el boleto. El crucero es enorme, es probable que siquiera le vea en el camino.—Susurré.—Ahora vamos, no querremos llegar tarde.—Avisé tomando mi equipaje. Pero ahora que lo pensaba, le debía aquel pasaje a Hugo. No había pagado.—¡No le pagamos!—Dije recordando en el camino.—¡Hugo pagó mi pasaje!—Avisé a mi padre. Él no hizo más que reír.—Hasta gratis nos salió. Que buen jóven.—Dijo burlón.—Ya sé lo tediosa que eres, Ava, no comiences ahora. Si lo volvemos a encontrar, que espero y no,—Dijo riendo.—Le pagaré por tu boleto. Tu tranquila.—Insistió subiendo con cuidado. Una ola de personas entraban y salían, maletas, ruidos y muchas cajas entraban a aquel gran crucero. Yo seguía sin poder creer todo lo que pasaba, era irreal todo aquello. Mi padre sabía cómo hacerme sentir bien. Pero como todo, nada podía ser del todo perfecto, así que una vez dentro, mientras todos comenzaban a buscar sus respectivas habitaciones, mi celular no dejaba de sonar. Lo tomé de mi bolsillo y observé su nombre ante la pantalla.—...Pablo...—Susurré. Otra vez estaba para recordarme el daño que me había hecho. Habían más de 15 llamadas perdidas y muchos mensajes. «Ava, por favor, déjame explicarlo.» «No arruinemos nuestros años de matrimonio por ésto, Ava, solo fue un error.» «No la amo, no es nada. Te lo prometo que lo arreglaré.» Mentía una y otra vez. Pero otro mensaje llamaría aún más mi atención. Era mi jefe. «Es tarde, no estás aquí. ¿Qué sucede?» Preguntaba aquel mensaje. Pero poco antes de responder, su llamaría entrante llegaría. Respiré hondo y contesté.—Jefe.—Dije firme tras el celular.—No, no podré ir. Tengo muchos asuntos personales por ahora.—Balbuceé rápidamente.—¿Hace cuanto no tomo unas vacaciones, Alaric?—Pregunté sin cuidado.—Necesito tiempo, no podré trabajar por ahora... Mi madre enfermó, estoy de visita. Ella está grave...—Mentí.—Bien, te estaré al tanto. Necesitaré mi mes de vacaciones desde ahora.—Expliqué.—Si no te sirve, puedes despedirme.—Advertí antes de finalizar aquella llamada sin más. —Vaya... Eres bastante peligrosa.—Apareció Hugo una vez más de manera sonriente. Yo reí.—Necesito descansar del trabajo.—Expliqué. —Pero mentiste.—Dijo confundido y frunciendo su frente.—Tu madre está bien, y no estás de visita en su casa.—Dijo riendo.—Ésto es un crucero por más de un mes, Ava. ¿Eso acaso lo sabes?—Preguntó una vez más. —¿¡Más de un mes!?—Pregunté exaltada.—¡Pero Hugo! ¡Mi casa, mu trabajo, mi vida...!—Grité hasta ir apagando mi voz poco a poco. Ya no había casa, ni trabajo, ni esposo. Nada me ataba. Debía aceptarlo. Él sonrió.—Creo que tus padres te han tendido una gran trampa, Ava García. Ahora tendrás unos buenos meses sobre el mar. Pero tranquila, puede ser más divertido de lo que parece.—Susurró.—Ahora ven,—Dijo estirando su mano hasta tomar mi equipaje.—Te ayudaré a encontrar tu habitación. Debe estar en el boleto, busca el número por allí.—Susurró señalando hasta caminar sin mirar atrás. No hice más que sonreír, arreglar mi cabello tras mi oreja una vez más y caminar tras de él.—Eres un héroe sin capa, Hugo.—Susurré tras de él al subir las pequeñas escaleras. Él rió.—No me lo digas mucho, luego comienzo a creerlo.—Dijo burlón.—Y bien, Ava García. ¿Puedo preguntar qué edad tienes?—Soltó caminando sin más. Yo reí y negué.—No es una buena pregunta cuando solo nos estamos viendo por primera vez.—Dije sonriente.—Pero gracias a que me has ayudado muchísimo, te has ganado ese pase libre.—Respondí caminando a su lado.—Tengo 28 años. ¿Y tú?—Pregunté. Él me miró y sonrió hasta regresar su mirada al largo camino y azul mar.—Vaya, podría jurar que creí tenías mucho menos. Te ves muy nena e inocente, Ava. Yo tengo 30.—Confesó. Reí rápidamente.—40.—Dije rápidamente leyendo mi boleto. Se detuvo en seco y me miró confundido.—¿Dices que parezco de 40?—Preguntó en blanco.—Vaya que me veo terrible.—Susurró. Yo reí a carcajadas.—¡No!—Reí una vez más.—Habitación 40, mira.—Dije mostrando el boleto. Él no hizo más que reír rápidamente.—Eso me da un poco de esperanza. Vayamos hasta allí. Es uno de los últimos camarotes.—Avisó.—¿Sabes cuál es la mejor parte?—Preguntó. Yo negué.—¿Cuál es la mejor parte de ser los últimos?—Pregunté. —El silencio, la privacidad.—Confesó.—Cuando llevas años aventurándote entre cruceros, algunos secretos ya puedes aprender.—Dijo refiriéndose a él.—Sin dejar de lado que mi camarote está justo al lado. Estaré para ayudarte siempre que lo necesites.—Suavizó. —¿Puedo preguntar por qué tantos viajes en crucero? ¿No hay trabajo?—Pregunté confundida. Él rió.—Mi padre era marinero, crecí sobre el mar. Sé más de barcos de lo que quisiera admitir. Por desgracia, ahora solo estoy yo. Cada que tengo tiempo libre regreso aquí, el mar me recuerda el tiempo que pasamos juntos y toda las travesías que llegamos a vivir.—Confesó. —...Lo siento tanto, no debí hablar sobre eso.—Intenté disculparme. Él negó.—Tranquila Ava, he sido yo quién preguntó la edad de una chica a la cual conoció gracias a un sombrero que robó el viento.—Susurró sonriente.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD