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UN VIAJE INESPERADO: conociendo el amor

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En un mundo lleno de certezas y caminos trazados, a menudo olvidamos que la verdadera aventura no reside en los destinos previstos, sino en los giros inesperados que nos llevan a descubrir quiénes somos realmente. “Un viaje inesperado: conociendo el amor" es una invitación a embarcarnos en una travesía tanto física como emocional, guiada por los latidos del corazón de una joven mujer que deja atrás todo lo que conoce en busca del hombre al que cree amar.Nuestra protagonista, impulsada por una pasión intensa y una necesidad de encontrar su lugar en el mundo, se aventura en un viaje lleno de incertidumbres y desafíos. Con cada paso que da, se enfrenta a situaciones que pondrán a prueba no solo su amor por otro, sino su capacidad de amarse a sí misma. Este viaje, lejos de ser un mero traslado geográfico, se convierte en una introspección profunda y reveladora.A lo largo de su camino, encontrará personajes que reflejan distintas facetas del amor y la vida, desde la amistad genuina hasta el desengaño doloroso. Cada encuentro la acercará más a una verdad fundamental: el amor propio es la piedra angular de toda relación significativa. Sin este pilar, cualquier otro amor que intentemos construir será frágil y efímero.Esta novela no es solo una historia de amor en su sentido más romántico, sino una meditación sobre la identidad y la autoaceptación. Nos invita a reflexionar sobre nuestras propias vidas, a cuestionar nuestras decisiones y a reconocer la importancia de conocernos y valorarnos antes de buscar ese amor en los demás. En un mundo donde constantemente buscamos validación externa, “Un viaje inesperado: conociendo el amor" nos recuerda que la verdadera satisfacción y paz provienen de aceptarnos y querernos a nosotros mismos.Te invito a sumergirte en esta maravillosa historia, a caminar junto a nuestra protagonista por senderos desconocidos y a descubrir los secretos que se esconden entre sus líneas. Al hacerlo, puede que también encuentres respuestas a tus propias preguntas y una nueva apreciación por el viaje más importante de todos: el que hacemos hacia nuestro interior.¿Te atreverías a dejarte llevar por esta narrativa?

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“Soñando con él"
El segundo sueño fue aún más extraño… Me vi en un cuarto desconocido. Sentí temor por un instante, pero decidí calmarme para no alterarme. Al relajarme por completo, observé mi entorno. Lo primero que noté fueron las paredes blancas y el clóset de madera. Los finos acabados en mármol, con un sutil y excelente gusto por las decoraciones, hicieron de aquella habitación un lugar agradable. Estaba sentada sobre una enorme y pesada cama de madera de roble, con grandes y sedosas sábanas de color blanco perla, que tenían un grato olor a lavanda y canela. La suite era perfecta, con todo lo necesario para pasar una noche en pareja o entre amantes: exóticos platillos de comida, un extravagante jacuzzi, grandes espejos esparcidos por todo el cuarto y una distintiva decoración con temática de amor, que adornaba los rincones con pétalos de flores rojas, velas y un agradable olor a vainilla. Entonces, vi entrar, por una de las puertas, a un hombre apuesto justo frente a mí. Aquel misterioso hombre tenía un cuerpo fornido y de grandes músculos, pero no exagerados. ¡Qué divino! Además, tenía un rostro armonioso. ¡Qué hermoso! Quedé boquiabierta ante aquel joven que aparentaba tener unos veintiocho años de edad. Enseguida, noté que era alto, quizá su estatura rondaría entre los uno con ochenta centímetros. Su grata sonrisa y dentadura sana eran su principal atractivo; su color de piel era blanco tostado, como el de un latinoamericano; el cabello n***o, crespo, corto y abundante, resaltaba su cálida tez; con cejas gruesas de color oscuro y unos ojos enormes de color marrón intenso, penetrantes y difíciles de olvidar. Aquella mirada me hipnotizó, pues en ellos se hallaba la perfección. Me dejé llevar por su apariencia física, y lentamente se acercó a mí. Aun no olvido la delicadeza con la que se quitó la camiseta blanca que traía puesta, mientras sus ojos no se apartaron en ningún momento de los míos. Durante su ardiente juego de seducción, me dejé llevar cuando se subió a la cama en donde me encontraba postrada. Mi mente solo merodeaba su viva imagen sensual. Quise hacerme la dura para que no pensara que podía maniobrarme cuando y como él quisiera, decidiendo mirar hacia otro lado e ignorar su belleza. Sin embargo, por una extraña razón, mi vista se enfocó en sus brazos observando con lujuria el tatuaje en su brazo derecho que cubría toda esa área. –¡Son tribales! –pensé. Pero su cuerpo desnudo hizo que mi visión se dirigiera hacia su pecho. Muerdo mis labios y lo miro con ojos de deseo, deseando devorarlo. Rápidamente me eché hacia atrás, pues no sabía de quién se trataba. Decidí observar detenidamente su cara y tratar de recordar –¿Quién es este hombre? –me pregunté. Al verlo bien noté que era el mismo chico que había visto en el sueño anterior y al recordar me di cuenta de quién se trataba. Era Camilo, un chico de buen parecer que conocí durante mi estadía en la hermosa tierra colombiana, exactamente en el centro de la nevera, como los rolos suelen llamar a su capital Bogotá, debido a sus bajas temperaturas. Él se me acercó mientras me susurraba: –¿Esto es lo que quieres? Confundida ante su atenuante voz, quedé avergonzada al notar que estaba completamente desnuda y a mi lado tenía un vibrador de color azul oscuro, el cual, aparentemente, había utilizado minutos antes de su llegada al dormitorio. De pie sobre la cama, él lentamente se fue quitando el jean azul claro. En seguida, comencé a morderme los labios. Él me miraba, yo lo observaba y, poco a poco, de forma juguetona, se terminó de quitar absolutamente todo, incluyendo la ropa interior de color blanco. –¡Dios mío, qué rico se le ve! –pensé de inmediato, quedando atónita con aquello que vi. Entretanto, el deseo por él ascendía inexplicablemente. Lo siguiente que ocurrió fue que, sutilmente, se arrodilló y con fuerza me abrió las piernas, sujetándolas con sus manos. Me miraba de una manera muy excitante. Durante el segundo en que me apartaba mis extremidades inferiores hacia los lados para sumergirse entre ellas, dirigió su rostro hacia mí y me dio un beso en la mejilla. Sacó su lengua y jugó con mi cuerpo bajando lentamente hacia mi cuello, mientras sus manos jugaban con mis senos. Luego lamió la parte central que divide mis pechos. ¡Estaba excitada! Ignorando toda contraposición, me dejé llevar por él porque me gustaba lo que le hacía sentir a mi carne. Siguió bajando hasta llegar a mi abdomen, se detuvo. Me miró como pidiéndome permiso para seguir; no dije nada, solo lo observé. Decidió continuar con su recorrido, llegó hasta mi v****a y me dio el mejor sexo oral que he recibido en sueños. Recuerdo que me retorcía de placer, su lengua jugaba con mi clítoris, produciendo en mí el primer orgasmo. Seguidamente, fue mi turno. Él sujetó mi cabello con su mano derecha y arrastró mi cabeza hacia su pene, en donde estuve improvisando varias de mis mejores canciones por un buen tiempo. –¡Su v***a era deliciosa! –volví a pensar. No tan grande, pero tampoco pequeño, el tamaño era perfecto; grueso, aunque no tanto; sus venas se notaban y se sentían con solo tocarlo ligeramente. Cabe resaltar que, su m*****o tenía una curvatura ascendente, parecida a un banano. ¡Fue estupendo! Disfrutaba darle sexo oral, cuando me dijo: –Se siente muy rico… ¡Para o me harás acabar! –ordenó. Escuchar aquellas palabras me calentaron más de lo que ya estaba, aunque decidí obedecer a su cumplido. Y, con una mirada ardiente, él me sonrió y, al mismo tiempo, me afirmó ser una niña buena para él. Posteriormente, sujetó con determinación, nuevamente, mis piernas hasta voltearme y quedar en la posición conocida como: “en cuatro". Volteé, lo miré y observé su penetrante mirada diciéndome que me haría el mejor sexo que haya tenido jamás. Introdujo en mi v****a su m*****o y rápidamente sentí como su curvatura me daba un placer jamás experimentado. No tuvo compasión. Me dio tan duro que sentí miedo y placer a la vez, aunque no fui la única en sentir tal deleite. Mis muslos temblaban, al tiempo que un líquido espeso y transparente descendía de mi entrepierna. Entre gemidos le pedía más y más, y mis órdenes fueron cumplidas, azotándome como a una fiera fácilmente de controlar. En ocasiones muy pausadas y de manera breve, manifestaba que mi cuerpo lo tenía loco, loco de deseo por mí, proclamando que mi diminuta cintura y grandes glúteos le fascinaban. Escucharlo gemir y sentir su desesperada respiración era excitante. Él, me hacía llegar cada dos o cinco veces por un corto periodo de dos minutos. –¿Cómo puedo acabar tanto? Y ¿En poco tiempo? ¡Es imposible! –pensé asombrada. Obtuve alrededor de diez orgasmos mientras mantuvimos la misma posición. —¡Qué rico…! —Exclamé, al obtener otro orgasmo. Disfrutaba del placer y sé que él también lo hacía, su mirada lo traicionaba.

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