Semanas después... Era una tarde bañada por un sol brillante, y las calles estaban abarrotadas de gente que aprovechaba para hacer sus compras. Jéssica y yo estábamos paradas frente a la entrada del almacén, promocionando las nuevas colecciones de Senda Stylo, sabiendo que muchos de los transeúntes estarían dispuestos a gastar un poco más ese día. De repente, mis ojos se encontraron con una mirada que reconocí de inmediato: aquellos ojos marrón oscuro que siempre parecían penetrar mi alma. Una vez más, me perdí en la intensidad de esa mirada que tanto me atraía. Ahí estaba Camilo, el hombre que hacía que cada uno de mis nervios se activara con solo mirarme. En ese momento, mi corazón latía tan rápido que me costaba respirar. —Mamá, ¿te parece si compramos lo que necesitas aquí? —sugirió

