Al día siguiente, decidí ir a la ciudad para gestionar los permisos necesarios para la restauración del pazo. Sabía que había mucho en juego, especialmente después de la confrontación con David Muñoz el día anterior. Sus amenazas aún resonaban en mi cabeza, y aunque intentaba mantener la calma, la sensación de que algo más estaba en marcha no me abandonaba. Había prometido a Víctor que le contaría si las cosas se complicaban, pero prefería solucionar todo lo posible antes de alarmar a los demás. Llegué temprano a la oficina de urbanismo, esperando evitar largas esperas. Con una carpeta llena de documentos y el corazón un poco inquieto, me acerqué al mostrador de información. —Hola, buenos días —saludé a la mujer detrás del mostrador—. Quisiera hacer una consulta sobre los permisos para l

