Mientras tanto, Jerry, con su bandolera al hombro, tarareaba una alegre melodía mientras regresaba a la residencia de los Jones. A pesar de que había dejado el criadero por un tiempo, la idea de todos los gatitos esponjosos adentro lo llenó de un anhelo desenfrenado. En el instante en que llegó a casa, corrió hacia la habitación de Nathalia con entusiasmo, con la esperanza de compartir la noticia de su recuperación con ella. —Nathalia, tengo buenas noticias para ti—. En contraste con el deleite de Jerry, Nathalia se sentó apáticamente a un lado, con el ceño fruncido. Tenía una manta de lana de color claro sobre sus piernas hinchadas. Mirando hacia arriba, Nathalia preguntó en un tono indiferente: —¿Qué es?— —Nathalia, ya no soy alérgico a los gatos—. Al recordar la sensación cuando t

