Al día siguiente: La mañana avanza sin sobresaltos. Reuniones encadenadas, decisiones rápidas, firmas que no requieren debate. El día responde como debe, con esa obediencia silenciosa que siempre me recuerda por qué este edificio funciona como una extensión de mí mismo. Cuando algo importa de verdad, no se improvisa; se ejecuta. Y hasta ahora, todo sigue ese patrón. No la busco de inmediato. No porque no sepa que está aquí, sino porque quiero que el encuentro ocurra cuando yo lo decida. Dasha Steiger no es una urgencia. Es una variable. Y las variables se observan antes de intervenirlas. Es después de la tercera reunión, cuando el piso ejecutivo recupera su ritmo habitual, que Anna entra a mi oficina. —La señorita Steiger ya está instalada —dice—. Revisó los accesos, pidió los report

