El primer día siempre deja un residuo. No importa cuán ordenado haya sido, cuántas decisiones se hayan tomado o cuántos números hayan cerrado correctamente. Algo queda flotando, una sensación que no se archiva ni se disuelve con el paso de las horas. Las sociedades nuevas funcionan como los territorios recién ocupados: primero se recorren, luego se miden, y recién después se decide dónde clavar la bandera. Dasha Steiger pasó el día sin desentonar. No pidió permiso de más, no invadió espacios que no le correspondían, no cometió errores visibles. Se movió con la seguridad de alguien que sabe exactamente por qué está aquí y qué controla dentro de esta alianza. Su lugar no está en las líneas de producción ni en los talleres; está en los márgenes, en los costos, en los números que deciden si

