Roberto comenzó a alimentarla, le metía el fiambre entre los labios y le cortaba trozos pequeños de pan para que no se atragantase. Ella apoyaba con placer la boca en su mano para coger hasta el último pedazo y cada vez se excitaba más y más. Cada bocado que tragaba iba acompañado de un apretón en su clítoris lo que la hacía saltar sobre sus piernas y frotarse como una gata contra la tremenda erección que notaba bajo su trasero. Miró el agua con avidez temiendo que no la dejasen beber pero el tío Toni se levantó y le acercó un vaso lleno a la boca, inclinándolo y ayudándola a tragar. Le sujetó los brazos a la espalda para que no se moviese. Se sentía completamente indefensa y a su merced. - Pásamela – dijo Toni – ahora me toca a mi. Tú come. Su padre la dejó ir con reticencia y Susi se s

