Susi lo abrazaba con fuerza con sus muslos temblorosos, todo el cuerpo se le estremecía. Él chupó fuerte, con la lengua frotó el pezón duro como una perla antes de morderlo ligeramente haciéndola gritar. Empujaba dentro de ella, duro como una piedra, pero, ¿que iba a hacer ella con esa polla durísima si casi no podía ni moverse? La llenaba por completo, con una invasión total. - Muy bien, mi amor. Ya te has adaptado a mí, ¿lo ves? Estás tan mojada por la corrida de tu padre que ahora puedo deslizarme dentro y fuera, sin problemas. – Mientras hablaba, se movía dentro de ella con acometidas firmes y largas. Lo único que pudo hacer fue abrirse aún más para él y cuando la velocidad y la profundidad de los golpes aumentaron, agarrarlo fuerte por los hombros para afianzarse. Y todo empezó otra

