Capìtulo 4: Cuando la voz aprende a hablar

2042 Words
“Quiero algo real, aunque me rompa.” ---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------- El ascensor se abre haciendo un ruido metálico. Se oyen pasos de tacones resonando en el pasillo, acercándose a uno de los consultorios desocupados. Observa la placa con su nombre: “Kim Solar - Experta en Rehabilitación Clínica”. Entró examinando el lugar. Cerró la puerta con suavidad. Se acercó al escritorio, pasando los dedos sobre el asiento, sintiendo la textura suave del material. Se quitó las gafas y las puso sobre la mesa. Fuera del consultorio, el ascensor se abre nuevamente. Seojun se ve a sí mismo en el reflejo de las puertas de metal. Hyunwoo estaba presente. Ajusta su corbata desarreglada y se dirige hacia su consultorio. Parecía que llevaba días sin dormir. Tenía que lucir "normal". O al menos eso pensaba él. Abrió la puerta y se encontró con una mujer sentada en su silla. Se detuvo y volvió a mirar la placa “Kang Seojun - Psicoterapia Clínica”. La mujer levantó la vista, cruzándose con los ojos de Seojun. —¿Eres el doctor Kang Seojun? Seojun parpadeó con confusión, frotándose los ojos y disipando todo rastro de sueño. —Sí. . . ¿Usted es. . . ? Sin previo aviso, la doctora se levantó, dirigiéndose hacia Yunho con una suave sonrisa mientras extendía su mano. —Mi nombre es Kim Solar. He escuchado mucho sobre sus investigaciones acerca de la desconexión psíquica, es fascinante. Seojun la miró. Extendió su mano para estrecharla. Sin embargo, una voz lo interrumpió, haciéndole erizar la piel. Una voz profunda y oscura. Carne nueva. . . Se puso tenso, cerró su mano en un puño y la mantuvo a su lado. —Eso fue hace un tiempo, pero gracias —respondió Seojun de manera cortante. Solar notó la tensión, bajando su mano con cuidado. —Lamento si me encontré en su consultorio. El director me mencionó que colaboraremos en las próximas semanas —explicó guardando sus manos en los bolsillos de su bata—. Necesitaba el archivo de uno de sus próximos pacientes. Seojun observó la ventana detrás de la doctora, notando el reflejo de Minhyuk mirándolo con descontento. Desvió la mirada, evitando encontrarse con su otro yo. —Sí, por supuesto. . . Qué sutil es hacerle entender que serás un inconveniente. El reloj señala las 2:40 de la tarde, en un martes. Sí, un martes. Siempre es martes. Yunho se encontraba escribiendo en uno de los numerosos archivos de sus pacientes. Su escritura, ordenada, detallando la forma de tratar su sufrimiento. —No te engañes creyendo que estás bien para ellos. —Silencio… —No eres quién para opinar sobre esto. Intentas ofrecer una solución a un paciente cuando tú mismo no aceptas tu maldita otra parte. —¡Maldita sea, cállate! Grito, mirando con temor a su alrededor. Golpeo la mesa con el bolígrafo. Los nervios a flor de piel. La risa de Hyunwoo resonaba como un eco que perforaba su mente. La entrada de su consultorio lo sacó de su tormento. Su paciente, una niña que, a lo lejos, mostraba una mirada llena de inocencia. Pero incluso los más inocentes son el fascinante experimento del infierno. Seojun se recuperó, esbozando una sonrisa suave. —Adelante, pequeña. El caso es sencillo: episodios recurrentes de pánico y traumas por pérdidas. Bueno, eso es lo que decìa el informe. —Soy Yumi —murmuró ella, sentándose enfrente. Yunho asintió mientras revisaba el documento de la pequeña. —Está bien Yumi, háblame. La niña jugueteó con sus manos, ansiosa, evitando hacer contacto visual. —Jugué a un juego con mamá. . . Ella me pidió que me deshiciera y sepultarà lo que más me había marcado en la vida. —¿Y qué era eso, pequeña? Levantó su mirada, esbozando una sonrisa dulce hacia Seojun. —Ella. Seojun se quedó paralizado, mirando a la niña con asombro. —¿Cómo…? —Mi mamá interpretó a una asesina, mató a mi papá frente a mí —dijo con tranquilidad, jugando con sus pies—. Luego, ella me sugirió el juego de deshacerme de mi trauma. Y lo hice, doctor. . . Seojun observó el expediente con desconcierto, tomando nuevas notas. Quién pensaría que tras una expresión angelical se ocultaba la sombra del mal. Apenas había registrado las últimas palabras de la pequeña cuando la puerta se abrió nuevamente, sin que alguien la tocara. Una cara conocida apareció en el umbral. Kim Solar. —Perdón —murmuró, como si estuviera evaluando el ambiente antes de entrar—. Kang, ¿puedo hablar contigo un instante? Yumi permaneció estática, fijando su mirada en Solar como si estuviera evaluando una nueva presa. Interesante. . . observa cómo está atenta, pensó Hyunwoo para sí mismo, alargando cada palabra. Los seres como ella identifican a los suyos. Yunho tensó la mandíbula. —Solar, no puedo desconectarme ahora —contestó, sin poder evitar un tono áspero. Solar se unió a la conversación, manteniendo una sonrisa profesional que no iluminaba su mirada. Dirigió su atención a Yumi, inclinando ligeramente la cabeza. —Hola, querida. Soy la doctora Solar. ¿Puedo hacerte algunas preguntas? —No estoy dañada —replicó la niña con una precisión impactante. Solar parpadeó. Después, volvió su mirada hacia Seojun. —Paciente interesante —murmuró, como si la palabra "interesante" tuviese un significado más profundo. Seojun cerró el archivo. —¿Qué necesitas? —preguntó en un tono bajo, cargado de irritación. —El director quiere que revisemos algunos casos juntos. Y este. . . —observó a Yumi de pies a cabeza, sin temor y sin compasión—. . . se ajusta al tipo de investigación que realizo: respuestas traumáticas disociadas y conductas imitativas. El juego que mencionó. . . podría ser una defensa, aunque no encaja del todo con los patrones típicos en niños. —No fue un juego —interrumpió Yumi con una dulzura que helaba—. Fue un pacto. Solar inclinó la cabeza, intrigada. —¿Un pacto? Yumi esbozó una sonrisa, mostrando sus dientes, un gesto tan deliberado que no parecía propio de alguien de su edad. —Mamá me recomendó que guardara mi voz. Que enterrara lo que ya no era útil. Y lo hice. Sepulté mis sentimientos… así como a ella. ¿Lo hice correctamente, doctora? Solar retrocedió un paso. No por temor, sino por análisis. Un investigador ante un fenómeno. Hyunwoo soltó una risa ante el reflejo de la ventana. Qué maravilla… dos rostros inocentes y una única oscuridad en el cuarto. Vamos, Seojun, admitelo: este tipo de seres te fascina. Seojun inhaló profundamente para calmar el temblor en sus manos. —Yumi, ¿puedes esperarnos un rato fuera? Quiero discutir algo con la doctora Solar. La niña se levantó sin quejarse. Al pasar al lado de Solar, la miró con una frialdad cruel. —Tiene unos ojos bonitos, doctora. Sería una pena que dejaran de ver. Solar tragó saliva, pero mantuvo la compostura. La puerta se cerró. Un silencio pesado llenó el aire. —¿Y eso qué fue exactamente? —preguntó Solar, cruzando los brazos. —Un trauma profundo que se manifiesta como… —Seojun buscó las palabras, pero Hyunwoo habló antes. Una pequeña asesina en ascenso. Igual que tú. Seojun frunció el ceño, desestimando la voz. —Solar, este asunto es mío. Puedo ocuparme de él. Ella se acercó, analizando su rostro, su respiración, su tensión. —No dudo de tu capacidad, doctor Jeong. Sin embargo, si vamos a colaborar, es crucial que sepa quién es mi compañero. Y ese incidente anterior. . . —señaló el escritorio, donde aún yacía el bolígrafo doblado—. . . me indica que estás llevando un peso mayor del que aparentas. Seojun desvió la mirada. —Estoy bien. No requiero supervisión. Solar sonrió, helada y cortante como un bisturí. —No me refiero a supervisión, Seojun. Hablo de colaboración. Casos como el de Yumi necesitan más de una perspectiva. Y quizás. . . —dió un paso más cerca, lo suficiente para notar su respiración agitada—. . . algún día podamos hablar sobre “eso” que te está devorando. Detrás de Solar, en el cristal, Hyunwoo sonrió con ironía. Ella tiene tu atención. Qué situación tan intrigante, ¿verdad? Seojun apretó los dedos hasta que le resultó incómodo. Solar suspiró. —Mañana haré una evaluación adicional de Yumi. El director ya lo ha autorizado. Pero si prefieres manejar esto por tu cuenta. . . —lo observó de reojo, como si supiera que él no podría aceptar eso—. . . tendremos un inconveniente. Seojun alzó la vista, finalmente enfrentándola. —No me retires este caso. Solar no dejó escapar una sonrisa. Por primera vez, su expresión pareció volverse más amable. —No estoy aquí para retirarte nada. He venido a descubrir lo que hay detrás de tu mirada, Seojun. Y este tema. . . —suspiró al dirigir la vista hacia la puerta por donde salió la pequeña—. . . Podría ofrecernos respuestas a ambos. O podría arruinarte, añadió Hyunwoo entre risas. Solar abrió la puerta para llamar a Yumi, pero antes de salir, dijo en voz baja: —Por cierto. . . cuando llegué, te escuché hablando solo. De eso vamos a hablar después. Seojun quedó inmóvil. Yumi volvió saltando, pareciendo nuevamente inocente. —¿Vamos a seguir jugado, doctor? Solar y Seojun se lanzaron una mirada sin palabras. Esa noche, en el apartamento, la taza de café de Hyunwoo estaba preparada una vez más. Seojun no la tocó. Solo la miraba mientras el vapor se alzaba, creando formas en el aire. —Te gusta, ¿verdad? —inquirió una voz desde la penumbra. —No es algo que te importe. —Todo lo que es tuyo, también me pertenece. Seojun se mantuvo en silencio, con los brazos cruzados, sin apartar la vista de la taza. —Se ve deliciosa, pero es un inconveniente. —¿Puedes callarte, por favor? —Seojun, ella nos espía, busca evaluarnos como si se tratara de un paciente más. Sospecha. —Ella no está consciente de ello. —Oh Seojun, siempre tan seguro de ti mismo. La taza se desploma al suelo, estallando en fragmentos. Aunque Seojun no haya tenido contacto con ella. Los días transcurrieron en el hospital. Paciente tras paciente. Seojun, batallando por mantener la atención. Y Solar, interviniendo. O, como Hyunwoo prefería decir… Interrumpiendo. Durante esos días, Solar comienza a observar ciertos detalles. Seojun modifica su entonación en las sesiones, olvida nombres, menciona enunciados que no se relacionan con el diálogo. Por la tarde, mientras él anota en su cuaderno, ella se acerca silenciosamente. En la esquina de la página, descubre una firma. “Kang Hyunwoo” La caligrafía no es la suya. —¿Qué… qué significa esto…? —inquiere ella, asombrada. Seojun alzó la vista hacia la doctora, distante. Sus ojos muestran un cambio, oscuros y profundos, casi líquidos. —No lo toques —murmura en un tono bajo. Solar se aleja. Sin embargo, la sonrisa que él muestra luego la deja atónita. —Es solo una broma —dijo Seojun, volviendo a su forma de hablar usual. Solar finge aceptar su palabra. No obstante, su interior tiembla bajo la fachada. Solar observa a Seojun desde el borde de la puerta. Él retoma su escritura como si nada hubiera sucedido, aunque sus hombros ya no están rígidos. Si no está en calma. Demasiado. Solar se aleja del escritorio con el pecho acelerado, recordando que había dejado su cuaderno con las notas del análisis de los pacientes. Vuelve con pasos controlados. Abre la puerta lentamente, permitiendo oír dos voces. Una era la suya. La otra no. —No debiste enseñarle la firma —protestó una voz grave y áspera. —Ella no comprende nada —respondió Seojun con serenidad. Solar se queda paralizada. La página del cuaderno se mueve por sí sola, como si una mano fantasmal la estuviera tocando. La puerta se cierra de repente. Un toque delicado. Bloqueado en el interior. Solar se detiene con un nudo en el pecho. Consciente de que hay alguien que desea ser notado. Y que, a pesar de todo, ella ya fue observada.
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