X.

1221 Words

Leo. Su aroma es todo lo que queda en la habitación. Hubo un tiempo… esa noche en la que creí que olía a algodón de azúcar, a una feria de mi niñez, a casa, a mi maldito hogar. Pero es una puta mentira, toda ella, está jodida. Respiro profundo volviendo a mi trabajo, cuando mi madre entra en el estudio con una bandeja de golosinas, las mismas que me daba cuando era un niño, no puedo decirle que ya no las como porque no quiero lastimarla, Gisel es lo único que tengo, la mujer por la que daría la vida sin que nadie me lo pida. -¿trabajando hasta tarde? Me saco a Swan de la cabeza y le sonrió a mi madre. -Tengo mucho que hacer antes de volver a la empresa de papá. -Cariño, tienes que dormir.- deja la bandeja y tomo una barra de chocolate metiéndola en mi boca, es terrible. -

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