Capítulo 1: La despedida de soltera de Becca

2084 Words
Siete años después... Mi prima se acerca con una gigantesca sonrisa dibujada en su rostro, sus ojos azules al igual que los míos resaltan con la sombra negra que lleva en ellos y extiende una mano a mi dirección al notar que estoy sentada. Tira de mí pero me niego a colocarme de pie, ha sido un día agotador y estoy realmente cansada. Si había decidido asistir a la despedida de soltera de Rebecca fue por el simple hecho de que es mi prima, aunque la considero como una hermana y mi mejor amiga. ― ¿Qué sucede contigo? Tienes que estar bailando conmigo allí arriba― pregunta y señala el pequeño escenario del salón que había alquilado y está tambaleándose en su sitio. Ha bebido demasiado aunque yo también lo he hecho para intentar pasar la noche, si había algo que odiaba eran esos eventos y Rebecca lo sabía perfectamente―. Vamos...en unos días mi soltería se terminará. ― Me duelen las piernas, Becca― pongo cara de cansada y es que era cierto, había estado casi todo el día de pie en aquella conferencia a la que me habían convocado para mi próximo puesto como profesora en la universidad―. Dile a Jessica que te acompañe, también está sentada. Becca echa un vistazo sobre su hombro para comprobar que en definitiva Jessica, su mejor amiga, está sentada justo al lado de la barra con la vista en su teléfono. Luego mi prima regresa su vista a mi dirección y niega la cabeza para volver a tirar de mi brazo. ― Jessica ha estado muy extraña en los últimos días. Además, quiero que mi persona favorita en el mundo festeje conmigo― bebo un largo sorbo de vino para colocarme de pie. Ella levanta su brazo libre al aire y suelta un grito que es amortiguado por la música pero me hace reír, siento los tacones altos que llevaba desde aquella mañana apretar mis pies cuando Becca me arrastra hacia el escenario. Las luces de colores me ciegan durante algunos segundos pero es hasta que logro acostumbrarme y Becca se mueve al ritmo de la música. Miro a mi alrededor para ver al pequeño grupo de amigas que Becca había invitado acercarse al escenario y empezar a gritar para que ambas bailáramos. Comienzo a mover mis caderas y aunque no estoy del todo borracha, no había comido bien en todo el día por lo que me siento levemente mareada. Las chicas gritan y también se suben al escenario para bailar junto a nosotras, el dolor que siento en los pies deja de importarme cuando vuelvo a beber tragos que contienen alcohol y que las amigas de Becca me ofrecen. Por suerte es viernes. Al otro día no tengo que trabajar y puedo recuperarme el domingo siguiente para comenzar a trabajar el lunes, pienso mientras bebo un mojito y recibo algunos empujones que consiguen derramar la copa de vino que llevo sobre mi camisa blanca. ― Mierda― susurro. ― ¿Kat?― oigo la voz de Becca a mi lado y se da cuenta que mi camisa está manchada porque mi mano está sobre la mancha―. Allí está el baño, ¿necesitas que te acompañe? Niego la cabeza. ― No te preocupes― le sonrío y ella se acerca a besar mi mejilla―. Disfruta la noche. ― Oh, por eso me acerqué― dice como si justo se hubiera acordado de algo y luego me coge del brazo para mirar a nuestro alrededor―. ¿No has visto a Jess? Echo un vistazo a donde la habíamos visto antes justo en la barra pero no hay rastro de ella. Luego observo a donde están las demás bailando, bebiendo y haciéndose fotos pero no encuentro su cara. ― No, que extraño― Becca asiente de acuerdo conmigo y después, sin tener tiempo de decir algo más, las chicas la arrastran para bailar junto a ella. Intentan hacer lo mismo conmigo, una chica pelirroja, creo que su nombre era Diana pero no logro recordarlo y le digo que iré al baño. Ella asiente y continúa bebiendo como si su vida dependiera de ello. Bajo las escaleras que separaban al escenario del suelo y consigo bajar sin caer al suelo pese a que ya estoy demasiado ebria. Como puedo paso por al lado de la barra y camino por un pasillo que me lleva a los baños sin dejar de quejarme porque siento que mi brassier también está húmedo. Me adentro al baño y la luz me ciega por algunos segundos, echo un vistazo al enorme espejo que está frente a mí y le echo la culpa al alcohol porque decido sacarme la camisa allí mismo para limpiarme. Saco papel para intentar humedecer la ropa y me doy cuenta que estoy siendo demasiada dramática cuando es una pequeña mancha de vino que no me perjudica en nada, aún sigo con aquel pantalón de vestir n***o que se ajusta a la perfección a mi cuerpo y el sujetador nude realza mis pechos, los cuales también están húmedos. Extraigo más papel para humedecerlo un poco con agua y pasarlo por mis pechos. Oigo una puerta cerrarse detrás de mí y me sobresalto, cuando levanto mi vista veo a un hombre detrás de mí que lleva un traje de policía. Él tampoco parecía haberse dado cuenta y nuestras miradas se encuentran a través del espejo. Sus ojos descienden desde mis ojos hasta mis pechos y no puedo reaccionar porque estoy demasiado concentrada en cómo le queda aquel traje de oficial, ¿qué hacía un policía allí? Es demasiado atractivo y su rostro se me hace familiar aunque no logro recordar dónde es que lo he visto. Además, voy demasiado ebria como para ponerme a pensar. Trago saliva y en cuanto consigo reaccionar busco ponerme la camisa apresurada. Tengo mucho calor y debo suponer que es por la vergüenza. ― Yo...lo siento, oficial― digo en voz alta y escucho sus pasos detrás de mí. Al igual que yo, se detiene a mi lado para abrir el grifo de agua fría mientras intento abotonar la camisa con torpeza porque su presencia me ha puesto muy nerviosa. Sin embargo, él suelta una risa y vuelvo a mirarlo a través del espejo con el ceño fruncido, él también está mirándome con diversión. Es demasiado atractivo y debe tener mi edad, lleva su piel algo bronceada, sus ojos son verdes y se achinan al sonreír, tiene barba que no permite pasar desapercibido unos hoyuelos que se dibujan en su rostro y su cabello castaño está algo despeinado. Me doy cuenta que no lleva la gorra de oficial pero tiene una mochila colgada en su hombro derecho. ― Está bien. No es la primera vez que veo unos― dice y vuelve a mirar en dirección a mis pechos. Ruedo los ojos. Hombres… Aún estoy batallando para abotonar la camisa porque realmente estoy demasiado borracha para hacerlo. ― Deja que te ayude con eso― dice luego de cerrar el grifo y secarse las manos. Me detengo a observar sus manos grandes y me doy cuenta que lleva un tatuaje en una de ellas. Hace el amague por acercarse y niego la cabeza, él se detiene. Alza las cejas sin dejar de sonreír, ¿qué le divertía tanto? ― ¿No es inapropiado que un oficial se ofrezca a abotonar la camisa de una ciudadana?― pasa una mano por su cuello y niega la cabeza sin dejar de sonreír. ― Mi servicio todavía no empieza― dice. ― Bueno, pero yo puedo sola― mis mejillas todavía están calientes y espero que se largue para que pueda continuar luchando con los botones de mi camisa que está empapada. Sin embargo, decide quedarse y se apoya sobre la piedra de mármol del lavamanos para luego cruzarse de brazos sin dejar de mirarme. Suelto un suspiro y cuando intento abotonar el primer botón, sale mal, por supuesto. Quiero volver a hacerlo pero tener a un sexy oficial mirando como una mujer borracha batalla con los botones de su camisa me pone nerviosa. ― No creo que puedas hacer algo tan simple como abotonar una camisa estando totalmente borracha― murmura. Maldita sea. Tenía razón, ¿a quién buscaba engañar? ― Estoy bien, buscaré a Becca para que pueda ayudarme― intento pasar por su lado pero me toma del brazo con suavidad y me vuelve hacia él. ― ¿Siempre eres tan terca? Estoy ofreciéndote mi ayuda― susurra con voz ronca―. Deja que te ayude. No voy a tocarte. ― Estás haciéndolo en este momento― desciendo mi vista hacia su mano aferrada alrededor de mi brazo y percibo la calidez de su piel aún por encima de la tela de la camisa. Él me suelta y deja escapar un suspiro. ― Voy algo tarde pero permíteme ayudarte. Niego la cabeza como una niña pequeña. No estoy dispuesta a aceptar su ayuda por mucho que me lleve abrochar mi camisa. ― Entonces no te atrases por mi culpa. ― Vas a salir semidesnuda por la barra que está llena de hombres para buscar a tu amiga que está igual o más borracha que tú― dice con una socarrona sonrisa y ruedo los ojos―. Además, empezaré mi servicio ayudando a una hermosa chica que está bastante ebria como para poder abotonar su camisa. La tensión s****l entre ambos es palpable o es que estoy muy borracha y son ideas mías. Y lo peor de todo es que tenía toda la razón, dejo mi orgullo de lado y asiento, derrotada. ― Vale, tiene razón― saco mis brazos de mis pechos y él no lo duda un segundo. Tira de mi camisa y aquello provoca que me acerque aún más a él, pongo mis manos sobre su pecho firme mantener el equilibrio y él no deja de sonreír un solo segundo mientras procede a abotonar mi camisa en pocos segundos. Me detengo a oler su aroma varonil y no dejo de mirar sus manos porque me siento demasiado avergonzada para mirarlo a los ojos. De repente me suelta y quiero quejarme cuando lo hace pero no digo nada. Lo observo con sorpresa. En ningún momento me toca y abrocha mi camisa en tiempo récord como si su vida dependiera de ello. ― De nada, siempre a su servicio― me guiña un ojo―. Espero volver a verte. Ahora debo cumplir con mi servicio...buenas noches. Desaparece repentinamente, no me da tiempo a responder porque en un parpadeo él está fuera de mi vista y cojo una bocanada de aire cuando me doy cuenta que llevo reteniéndolo desde hace un buen rato. Segundos más tarde vuelvo a donde está mi prima y está encima de una silla bailando con sensualidad o al menos lo intenta. Ruedo los ojos y suelto una risa para caminar a su dirección. Una de las chicas me ofrece un trago de tequila y decido tomármelo aún cuando sé que al día siguiente me esperaba una resaca horrible. ― ¡Volviste!― Becca casi se cae al suelo de no haber sido porque una de las chicas la ayudó a bajar y corrió hacia mi dirección―. ¿Por qué tardaste tanto? El espectáculo está a punto de empezar. ― ¿Espectáculo?― pregunto, extrañada. ― ¡Sí!― asiente freneticamente y busca dos sillas para subirlas al escenario. Me entrega una a mí para ayudarle a poner la silla. ― ¿Qué rayos estás haciendo, Becca?― cuestiono y ella me ignora para tomar asiento en la silla. Las chicas están con sus celulares apuntando en nuestra dirección y tengo el ceño fruncido porque no entiendo absolutamente nada. ― Toma asiento, eres mi invitada especial― me guiña un ojo y tira de mi brazo para obligarme a tomar asiento a su lado. De repente las luces se apagan y la música también, oigo el grito de las chicas cuando comienza a sonar American Woman de Lenny Kravitz y me acerco al oído de Becca porque presiento lo que está a punto de suceder. ― Tiene que ser una jodida broma, Becca— le grito por encima de la música con los pelos de punta. ― Relájate por una sola noche, Katy― gritó encima de la música―. Confía en mí. Y, mierda, maldita sea la hora en la que decidí oír a mi prima.
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