El resto de la cena, para suerte y conveniencia de ambos, transcurre demasiado tranquila. No han vuelto a haber provocaciones por parte de ninguno de los dos, por supuesto que soy ganadora porque me he salido con la mía una vez más, Thomas se mantiene relajado y en este momento estamos esperando el postre. — El postre es la previa — me dice del otro lado de la mesa y estoy retorciéndome de los nervios o de la ansiosa que me encuentro, todavía no sé identificarlo. Tengo un leve mareo a causa del vino y he pedido agua para intentar no quedarme dormida como aquella vez luego de la despedida de soltera de Rebecca. Luego, con una fiel sonrisa y con su mirada clavada en la mía, añade —: Porque el postre está justo frente a mis ojos. — Te gusta, ¿no es así? — le pregunto con una ceja alzada —

