CAPÍTULO DOCE: EL IDILIO Y EL PESO DE LA VERDA Avy. Nunca me imaginé ser la novia de alguien, y mucho menos de un hombre tan guapo y caballeroso como lo es Ethan. «Somos novios», sonrío para mis adentros al pensarlo. Me siento extraña, feliz, ilusionada; es como un sueño tan hermoso del que no quiero despertar. Siento estas ráfagas de emoción instaladas en mi pecho de forma permanente: Cuando sé que está por venir, mi corazón se acelera. Cuando está a mi lado, no quiero separarme de él. Cuando sé que se va y no lo veré hasta el día siguiente, siento un vacío inmediato. Lo extraño. Lo añoro. Lo deseo. Ethan es el amigo y compañero que nunca tuve en el pasado. Aunque siempre he salido adelante con mis propios esfuerzos, él ha llegado para llenar espacios que ni siquiera sabía que es

