CAPÍTULO ONCE: EL PRIMER BESO. NOVIOS.
Ethan Cooper.
Seis Meses.
—¡Ven aquí! —digo, palmeando el sofá nuevo de su pequeña habitación.
Ella me mira dudando, pero al final termina llegando hasta mí. La tomo del brazo, la atraigo, y ella cae sobre mi regazo. Suelta un grito divertido con esa sonrisa que me vuelve loco.
—¡Ethan! —se queja, risueña—. ¿Para esto me llamas? Si no me dejas terminar, nunca vamos a cenar —agrega.
—Está bien —digo, aceptando, pero antes desciendo mis dedos por sus costados y comienzo a hacerle cosquillas.
Ella se mueve de un lado a otro sobre mí y se sacude por mi insistencia.
—¡Ya, para, Ethan! —grita, riéndose—. ¡No puedo más, suéltame! —exclama risueña.
Me detengo, concediendo su petición. Estoy sobre ella, y nuestras miradas se encuentran. La conexión entre los dos es única. Bajo la mirada a sus labios, su boca estirada, producto de su risa; esa boca tan provocativa, tan rosada, que quisiera probarla. Ella tiembla, lo sé, la siento, y mi corazón late apresuradamente.
Quiero besarlos.
Quiero probarlos.
Quiero saber cómo se sienten sobre los míos.
Por un segundo, pienso si es buena idea intentarlo, pero la parte racional me dice que no puedo dañar estos seis meses de amistad que hemos construido.
—Avy —pronuncio, llevando mis manos a su rostro suave. Paso mi lengua por mis labios. Con ese gesto, ella baja sus ojos a mi boca.
Cuando ella hace el gesto de morderse el labio, pierdo la cordura, lo racional. Mi rostro se acerca al suyo. Mis labios hacen contacto con los de ella. Tiemblo en el procedimiento, al igual que ella, pero me dejo llevar por esto que me consume por dentro. La beso suave, tierno, pero deseado y ansioso.
Ladeo mi cara a un lado, dando continuidad al siguiente paso. Abro mi boca y tomo sus labios, los atrapo con delicadeza. Siento cómo sus brazos rodean mi cuello. Nuestros besos son torpes; ambos estamos temblando y puedo sentir cómo su corazón responde al ritmo del mío.
Corto el beso y la miro. Ella tiene su rostro sonrojado, sus ojos cerrados. Nuestros alientos se mezclan, cálidos como este momento.
—Mírame, por favor —pido, y una lágrima se le escapa por el rabillo de ambos ojos que aún permanecen cerrados. Siento miedo al instante y casi me arrepiento por besarla.
—¿Por qué lloras? —pregunto asustado—. Mírame, Avy, por favor. Perdóname, no... —Las palabras quedan sin poder pronunciarlas.
Ella abre sus ojos, tan claros, tan hermosos, brillantes.
—Tengo miedo —dice con la voz quebrada—. Contigo todo es nuevo, Ethan —confiesa, sintiéndose vulnerable. Sus ojos se llenan de lágrimas sin derramarse—. Eres el único que ha estado a mi lado, que sabe mi pasado, mi presente, mi amigo, mi apoyo —suspira.
Limpio sus lágrimas, porque no es eso lo que quiero. Verla llorar me encoge el corazón.
—Tengo miedo de lo que siento por ti, miedo a sentir, miedo al dolor, miedo a que me lastimes —solloza.
—¡Bonita! —exclamo con suavidad—. Juro que no es mi intención hacerlo —confieso—. Desde que te vi por primera vez, sentí algo que no sabía qué era, pero te quiero, me gustas y te he demostrado que soy tu amigo ante nada —le hago saber. Le doy un beso en la punta de la nariz y luego regreso a buscar su mirada—. Prefiero morir antes de dañarte.
—Estoy enamorado de ti. Me gustas. Me tienes loco a tal punto que cuando me alejo, siento vacío en mi pecho, te extraño, pienso día y noche en ti, sonrío al pensarte, y cuando estás a mi lado como ahora, me siento lleno de ti. Eso es lo que me haces sentir —le declaro cada sensación que ella causa en mí.
Regreso a su boca, nuevamente, esa que me atrapó, la que atrae como un imán con su suavidad. Ella corresponde, se deja llevar por lo que siente, por lo que sentimos. Intensifico el beso. La erección se forma y, joder, entra presionando sobre el sofá. Profano su boca, invadiendo con mi lengua, tocando la suya, atrayéndola. La capturo y la chupo con devoción. Se me escapa un gemido, y fue suficiente para detenerme.
Seis meses han pasado, y es suficiente para saber que quiero algo más con Avy. Ella siente lo mismo, pero con sus miedos, no sé si está dispuesta a algo más.
—Avy... ¿Quieres ser mi novia? —suelto la pregunta, y hasta me sorprendo de mí mismo. Lo que sería una cena de amigos como otras veces, la circunstancia nos desvió a otra situación.
—No debes responder ahora. Puedes pensarlo —le sugiero; no quiero que se sienta presionada.
Ella me mira en silencio. Quisiera estar dentro de ella para saber qué piensa.
Abre la boca. Sus labios están hinchados, rojos por el intenso beso que nos dimos. Su boca tiembla, la presiona hacia dentro.
—Sí —dice. Me mira, baja la mirada y luego me vuelve a mirar—. Sí quiero, Ethan, ser tu novia —responde segura.
Esa misma seguridad de ella me gusta, porque sabe lo que quiere, es decidida y sobre todo segura.
—Sé lo que siento, y siento que te quiero. Y si Dios te mandó para estar en mi vida, no pienso dejar de vivirla: por temor a sufrir, por miedo al dolor, por sentir sensaciones nuevas.
—Acepto. Solo te pido que no me mientas, que sea cual sea, siempre dime la verdad, aun duela —pide, una petición que suena a súplica, a ruego.
Asiento, comprendiendo su petición.
—Me haces feliz, bonita —exclamo con sinceridad—. Soy el hombre más afortunado de todo el mundo.
—Espero que esta vez no rechaces mis regalos —pronuncio cada palabra, dejando un beso fugaz en sus labios. Ella ríe divertida.
—Loco, ahora ayúdame a terminar de hacer la cena —propone.
—Acepto, a cambio de un beso.
—¡Chantaje, eh! —dice risueña. Me hundo de hombros.
—Quiero mi recompensa —insisto.
Ella se acerca y toma la iniciativa, pero su beso fue fugaz, y comprendo que es nuevo para ella. Inconforme y queriendo más, la vuelvo a besar con insistencia, con pasión desenfrenada. La suelto nuevamente, porque lo que menos quiero es pasar por la vergüenza de una erección evidente que pueda asustarla, pero duele haber despertado a ya sabes quién.
—Vamos —digo, apartándome. Me levanto primero que ella, y como puedo, oculto el bulto. Ella se levanta y, mientras se arregla la ropa, voy a la cocina que queda a tres pasos del sofá.
—¿Qué hago? —pregunto, y ella llega y se pone a mi lado.
—Lava estos y pica en círculos —manifiesta.
Ambos nos concentramos en la cena. Ella ríe con mis torpezas, y yo la sigo.
—Ethan, no sabes cocinar —dice. No es una pregunta, sino una afirmación.
Niego.
—Máximo un emparedado —confieso.
—Con razón siempre comes en el local.
—Por eso, y porque una jovencita me atrajo con solo una mirada. —De reojo la miro. Siempre que su cara se sonroja, me fascina y me encanta a partes iguales.
—Nunca me interesó un hombre hasta que llegaste tú. Así que te puedes sentir afortunado —su voz suave me llena el corazón.
—Lo soy, realmente. Nunca antes conocí a nadie que se parezca a ti. Tal vez fue una de las cosas que me gustó de ti.
La cena estuvo tan amena que ni cuenta me di del tiempo. Estamos en la mesa comiendo, el aire ligero, romántico, y para darle el toque especial, enciendo el televisor y busco en YouTube "4AM Tapes" — "Bonita Bonita".
—Ahora sí, bonita —digo. La melodía inicia el ritmo, dando un aire romántico—. No es muy común en estos tiempos, pero sus letras son bonitas.
Ambos cenamos y disfrutamos de la compañía, con miradas cómplices, sonrisas discretas, roces suaves, y el tacto necesitado de sentirnos uno al otro.