—¡Jóvenes!—Me levanto de golpe y miro a un señor, con uniforme y una linterna en su mano—Se puede saber ¿Qué hacen aquí?
Miro a Harry quién está recién despertando—Nosotros estábamos esperando a que abran la estación del tren para poder regresar a Londres.
—Sí, pero no es lugar para dormir. Así que será mejor que ambos se levanten y se vayan en este mismo instante.
—Está bien oficial, ya nos vamos—Dice Harry.
Nos levantamos de la banca, pero cuando fuimos a ver nuestras cosas no estaban—Harry, no están nuestras cosas—le miro preocupada.
—¡Rayos! Oficial usted...—pero no le deja terminar.
—No y es hora de que se marchen o tendrán que acompañarme.
—Pe-pero, usted...—dice Harry.
—Entonces, vendrán conmigo.
—¡No! —Digo, tomo del brazo a Harry—nosotros ya nos íbamos, gracias y disculpe.
Nos alejamos un poco de la estación, mirando que el amanecer comenzaba a aparecer pintando de colores todo el cielo de Castle Combe—¿Estás loco? Quieres ir a prisión, porque yo no.
—Sólo le quise hacer una pregunta.
—Y obviamente, el no iba a responderte—le digo, sarcástica.—Además, pensé que te quedarías despierto.
—Lo siento Kenzie, estaba algo cansado. No pensé que se llevarían nuestras cosas.
Suspiro—al menos vamos a estar en casa hoy.
—Se que esto que paso es mi culpa, otra vez arruine todo—baja la cabeza.
—En parte sí.
—Es en esta parte donde dices que no es tu culpa y que lo importante es que estemos bien.—Dice con sus ojos entrecerrados.
—Todo lo que acabas decir. —Dándole toda la razón.
—Prometo reponer todo lo que tenías en tu...—No dejo que termine de hablar, pues no quería que se sintiera culpable por cosas que no tenían mucho valor.
—Harry, solo fueron unas cuantas cosas materiales, no tienen mucho valor. A menos de que tu si tuvieras algo de valor dentro de tu bolso deportivo—le miro—¿no?—me preocupo.
—No.
Respiro más tranquilo—Gracias a Dios, bueno, esperemos que abran la estación y nos vamos.
—¿Quieres desayunar?
—¿Es bueno estar tan tranquilos después de que nuestras cosas se desaparecieron?
—La verdad es que no lo sé. Tampoco es que vamos a estar como locos buscando un culpable, cuando claramente debe estar lejos y escondido.
—Supongo que sí.
—¿Quieres desayunar?
—No, ni siquiera quiero moverme de aquí—le digo nerviosa.
Coloca sus manos sobre mis brazos—debes estar tranquila, ahora nos iremos. —Lleva su mano hasta mi mentón y mis ojos se comienzan a llenar de lágrimas—¿Sí?—Me mira a los ojos y podía ver esos hermosos ojos verdes, ahora que le veía mejor de día, podía ver mejor sus rasgos.
En verdad que Harry es muy guapo—sí—susurro.
Toma aire—vamos por...—no dejo que termine.
—¿Podemos esperar a que abran?
—Si eso es lo que quieres, tus deseos son órdenes.
Hace una ligera reverencia, haciendo que me ría por lo que estaba haciendo.
—Estás loco.
—Lo estoy por ayudar a una desconocida,—guarda silencio unos segundos como si estuviera pensando—lo estoy—dice bromeando.
Sonrió—gracias, supongo que si estuviera sola me volvería loca.
—No hay de que hermosa, ¿es la primera vez que viajas fuera de Londres?
—Sí.
—Eso lo explica todo, —susurra—no te preocupes. Aquí estoy para ayudarte en todo lo que necesites.
—No sé cómo agradecerte todo esto que estás haciendo por mí.
Sonríe—algo se nos ocurrirá, tranquila.
Le miró—espero que no sea nada malo.—Le pregunto bromeando.
—¡Oh, vamos! Sabes más de lo que cualquier otra persona sabe de mí y aun así, sigues desconfiando.
Llevo mis dedos hasta mi mentón—puede que estés mintiendo.
Rueda los ojos—si quisiera hacerte daño, ya te lo hubiera hecho.
—Eso mismo dice un asesino antes de matar a su víctima. —Le respondió intentando no reírme.
—Debes estar jugando—dice negando con su cabeza.
—No—le digo.
Rueda los ojos por segunda vez—lo que digas. ¿Vamos por algo de comer?
—Quisiera quedarme hasta que tengamos los boletos en nuestras manos, no voy a poder comer tranquila sabiendo que estamos tan cerca y que llegamos tarde.
Suspira—está bien, lo que quieras, por mi está bien.
—Gracias.—Miro a la estación con mucha ilusión, pues solo podía pensar en mi familia.
Ambos guardamos silencio por unos segundos—de acuerdo, no podemos quedarnos aquí sin hablar.
Le miro con una ceja levantada y una sonrisa en los labios—Así que no soy la única curiosa aquí.
—No linda, a diferencia de ti, yo si quiero saber acerca de mi compañera de aventura. No vaya a hacer que resulte ser una reportera en cubierta.
—¿Y que podía escribir sobre ti? Loco huye de casa para no casarse o Loco lastima a una dulce e indefensa jovencita.
—¿Por qué a ti te describes sensual y a mí como un loco asesino?
Elevo mis hombros—Porque es cierto.
—Tal vez sea cierto lo que dices...
—Gracias—respondo como si hubiera ganado un premio.
—Pero te falto la parte en la que dices que soy sexy—dice sonriendo.
Ruedo los ojos—vayas, creo que necesitaras un psicólogo, porque tu ego esta por el suelo Harold—digo sarcástica.
Niega con su cabeza—si sabes que mi nombre no es Harold, ¿cierto?
—Lo sé.
—Sin contar que es horrible.
—No es cierto, es lindo.
—No, no lo es—Niega con su cabeza.
—Sabes que, si lo es, aunque pensándolo bien—llevo mi mano hasta mi barbilla y le observo—no tienes cara de Harold.
Me mira con una ceja levantada y una sonrisa en sus labios—No tengo cara de Harold, ¿en serio?—Me mira divertido—Ya entiendo, ¿me estás coqueteando?
Mi sonrisa se borra de mis labios y fruncí el ceño—¿Qué? ¡No!—Digo rápidamente—no te estoy coqueteando.
—Eso no es lo que yo vi.
—¡Tu comenzaste! —le acuso.
—No linda, tú lo acabas de hacer—me mira divertido, tocando la punta de mí nariz.
—Definitivamente te volviste loco—le respondo cruzándome de brazos.
—Vamos, no te enojes—le miro y sigue con esa sonrisa que quisiera borrar con un lápiz—según tú, ¿de qué tengo cara?—Esta vez se cruza sus brazos sobre su pecho, sin dejar de sonreír.
—Muchas cosas—me voy a divertir; pensé—psicópata, loco...¿puedo seguir si quieres? Tengo una larga lista.—Dije, intentando no reír.
Eleva los hombros—yo hablaba del nombre, aunque ya todo eso me lo habías dicho.
—De nada —digo orgullosa, veo cuando rueda los ojos.
—Te escucho.
—Pues, creo que Jayden o Brett, incluso de... ¿Jake?
—Vaya, la mayoría de los nombres serían de "chicos malos"—mueve sus dedos índice y medio, como si hiciera comillas con ellos—¿me consideras uno?
Elevo mis hombros—algo, ya te lo dije, tienes cara de ello.
—En parte, puede que si lo sea. Pero, ya no más—dice orgulloso.
—Claro—digo sarcástica—¿desde cuándo el cambio repentino?
—La vida cambia y hace que uno madure.
—Vaya—susurro.
Me mira sonriendo—pero siempre fui y soy un hombre de bien.
Sonrió—lo dices porque me quieres envolver en tus garras.
Sonríe—me alegra que te rías de mí y no conmigo.
—Gracias chico malo.—Le digo divertida.
—¿A caso tienes una debilidad o fetiche con los chicos malos?
—La verdad es que no, ¿por que?
—Curiosidad—sonríe, elevando sus hombros.
—¿Qué te gusta hacer en tu tiempo libre?
—Nadie me lo había preguntado, ¿Segura que no eres reportera? —Eleva su ceja.
—Claro que no—digo riendo—cuéntame.
—Ir a la playa en mi motocicleta; aunque mamá se vuelve un poco loca cada vez que subo a ella.
Sonrió al poder imaginar a la madre de Harry, regañándole por subir a una motocicleta.
—Usualmente, voy a pensar y a relajarme—continua—¿Qué hay de ti?
Suspiro—voy a intentar aplicar tu método algún día, yo soy más de ir al cine.
Me mira divertido—¿Cine? Cuando quieres estar sola.
—Aunque no me creas si, miro la película mientras pienso y me relajo.
—Si sabes que cuando te centras en tus pensamientos, ya no estás viendo la película.
Elevo mis hombros—A veces—digo—pero me gusta.
—Eres única Mack.—Dice con una sonrisa en sus labios.
—Cuando me dices eres única, es porque en verdad lo soy o porque soy rara.
Sonríe—tal vez lo diga porque eres única y porque nunca había conocido a alguien como tú.
—¿Es bueno?
—Lo es y me gusta—le miro, haciendo que aclare su garganta—digo, me agrada.
—Seguro—digo divertida.
—No es como si me gustaras—dice nervioso, lo sabía porque a pesar de intentar ocultarlo, sus mejillas estaban rojas—digo, si eres linda, pero no, bueno si—cierra los ojos y los abre—¿Comenzamos de cero?
Sonrió—no hay problema, ahora puedo decir que estabas coqueteándome. Aunque yo no lo haya hecho, estamos a mano.
—Entonces, admites que me estuviste coqueando.
Sonrió—no tienes tanta suerte, Harold.
Rueda los ojos—Supongo que sería justo que te cambiara el nombre, ¿no es así? Morgana.
—De acuerdo, ese nombre es definitivamente horrible.—Le respondo, riendo.
—¡Oye! Así se llama una tía—me dice, sin ninguna pizca de diversión.
Toda risa y toda diversión, había desaparecido—Yo-yo lo siento.—Sentí como mis mejillas cambiaron de color, y es en ese momento donde imaginaba que la tierra se abría y me tragaba, solo para escupirme muy lejos de aquí.
—No es cierto—su risa hace que quiera golpearlo—debiste ver tu cara.
—¡Eres un idiota!—golpeo su brazo, sintiéndome mejor.
—Y tu una salvaje—me responde tocando su brazo, recién golpeado.—Aunque una muy linda, debo admitir.
Ruedo los ojos—te lo mereces, por un momento me sentí mal.
Me sonríe, divertido—Vaya, la chica tiene corazón—dice sarcástico.
—Obviamente, sino no estuviera viva, idiota.—Le digo, con sarcasmo.
—¡Auch! Me dueles Morgana, me dueles.
—Lo siento Harold—le miro con una sonrisa falsa.
—Bien, bien, llevemos la fiesta en paz—me mira sonriendo, si pudiera quitarle la sonrisa de sus labios con un borrador, lo haría.
Ruedo los ojos, otra vez y no le digo nada, hasta que veo a un hombre caminar hacía la puerta del establecimiento de la estación de trenes—mira, Harry—le digo emocionada—ya van a abrir.
—Sí, es genial—dice, sin mucho ánimo.
Le miro confundida—¿Qué sucede? Pensé que te emocionaba la idea de salir de aquí. —Le pregunto, un poco preocupada.
—No me prestes atención—le resta importancia.
—¿Estás seguro?
—Muy. —Me regala una pequeña sonrisa, haciendo que me tranquilice un poco.
—¿Nos acercamos ya? —
—Nzie es muy pronto.
—Vamos, Harry—le miro directamente a los ojos.
Respira profundo—está bien.
Tomo su mano y la halo, para que ingresáramos al establecimiento, donde un hombre de cabello blanco nos mira sonriente—buenos días jóvenes, ¿en qué les puedo ayudar? —Nos dice sonriendo.
—Buenos días—respondemos al unisonó—Dos boletos para Londres, por favor. —Está vez, habla Harry.
—Por supuesto, pero deben saber que es el único que sale hoy, sino deberán esperar hasta el lunes en horas de la mañana.
—No se preocupe.
Mi corazón se acelera, la idea de ver a mi familia me estaba consumiendo, en verdad quería verlos, decirles que fui una tonta y que debí escucharlos, que nunca más ignorare lo que me tengan que decir, aunque sea muy pequeña la advertencia.
Miro a Harry, quién le paga al señor y mis ojos se comienzan a llenar de lágrimas; falta poco—me dije a mi misma—falta poco.
Mis manos tiemblan, al imaginar que estaría lejos del hombre que hizo de mi vida un infierno, del mismo que hizo que de amor pasará al odio; muchas veces me dijeron que con el tiempo al descubrir las acciones de las personas harían que los sentimientos cambiaran por completo.
Y eso me paso, no se si fue en el momento indicado o solo fue pura suerte, lo que, si sabía con exactitud, es que por primera vez en mucho tiempo; sería libre, libre de sus celos, libre de sus mentiras, libre de cada sentimiento que tuve por él y no, no me arrepiento de nada.
—Tierra llamando a Kenzie—le miro—¿ya estás de vuelta?
—Sí, lo siento, es que estaba pensando en todo esto que nos pasó.
Suspira—entiendo, ¿podemos ir a desayunar ya?
—¿Sabes? No tengo hambre.
No se si era por la pena o porque no quería que siguiera pagando por mí, en nuestras condiciones un pasaje en tren a Londres, no es precisamente barato. Y no le permitiré que siga gastando una libra más.
—Compré el pasaje como querías, ahora irás a desayunar señorita—se cruza de brazos.
—En serio, no tengo hambre. Estoy algo nerviosa.
—¿Por qué? —Me pregunta, con el ceño fruncido.
—Porque-porque, no quiero que perdamos el tren, no quiero esperar un día más en la calle si nos llegase a pasar.
—Sí, pero ya escuchaste al señor, el tren llega dentro de cinco horas más o menos.
—Así es—habla el señor, afirmando lo que Harry había dicho.
Tomo aire profundo—pero no tengo hambre.
—Está bien, solo pediremos algo de beber.
—No, Harry.
—A ver, ¿Por qué no quieres aceptar que te lleve a desayunar?
Trago saliva con dificultad—porque ya hiciste mucho por mi y no quiero seguir…
—Tonterías, Nzie te dije que te ayudaría y eso estoy haciendo, por favor no desprecies mi ayuda.
—Prometo pagarte todo esto que estás haciendo por mí.
—Entonces, no sería una ayuda.
—Sí, tu hiciste tanto por mí, que estoy en deuda.
Sonríe—ya se cómo podrías pagar.
—¿Có-cómo?
—Aceptándome un paseo por este hermoso pueblo, digo, estaremos como mínimo cuatro horas exactamente aquí.
—Si digo que no, ¿seguirás insistiendo, cierto?
Sonríe aún más—aprendes a conocerme querida Mack, me agrada.
Ruedo los ojos—está bien.
Ambos caminamos hasta un pequeño restaurante, antes de entrar Harry me abre la puerta—adelante señorita Mack—le sonrió.
—Gracias—al entrar, el lugar tiene pisos con baldosas blanco y rosadas; intercaladas, mesas en la mitad de dos sillones anchas acolchadas en color azul y blanco en la mitad, y las paredes de color de rosado.
—Ven—Harry me toma de la mano y me lleva hasta una de las mesas que estaba sola.
—Bienvenidos—me mira Lucy muy sonriente—Oh, ¡por Dios! —Me mira sorprendida. —Pensé que te habías ido.
—Perdimos el autobús.
—Pobre niña—me dice triste—¿Y qué vas a hacer?
—Nos iremos en tren, Lucy él es…
—Harry, su novio—le miro rápidamente y veo que estrechan sus manos.
—No sabía que tuvieras novio—dice sonriendo—bienvenido a Castle Combe.
—Gracias.
—Entonces, ¿Qué les paso? ¿Por qué perdieron el autobús? —Me mira, haciendo que vuelva a la realidad.
—Lle-llegamos tarde.
—Oh, nena—dice—¿A que hora sale el tren?
—En cinco horas.
—Bueno, al menos es una buena noticia—dice aliviada—¿Qué van a comer?
—Yo no comeré, gracias—dice Harry—¿Mack?
—¿Por qué no vas a comer?
—Entiendo, volveré pronto—se iba a retirar, pero Harry la detiene.
—No, ¿Le podría traer un desayuno especial? Por favor.
Lucy sonríe—con mucho gusto—se marcha.
—¿Por qué lo hiciste? —susurro, para no gritarle.
—Necesitas alimentarte, desde ayer no comes.
—Igual que tú.
—A diferencia de mí, no tengo hambre.
—Harry, dime la verdad. ¿Por qué lo haces?
—Es toda la verdad—le miro fijamente—lo juro, Mack.
—No te creo, Harry.
Rueda los ojos—estoy diciendo la verdad.
—Si no comes, no comeré—me cruzo de brazos.
—Comerás, Mack.
—No lo haré.
—Está bien, esta bien, probare de tu desayuno si es lo que quieres.
Sonrió—está bien, no puedo obligarte, pero me parece perfecto.
Rueda los ojos, una vez más—eres un dolor en el trasero Mack.