Capítulo 5. Consumando un matrimonio

1660 Words
Esa noche, a Patricia le indicaron cual sería su habitación, mientras subía las escaleras, no pudo evitar la sensación de temor que la recorrió y cuando llegó al dormitorio la decoración no era mejor que el resto de la casa, entró y todo era oscuro, muebles antiguos que parecían de dos siglos pasados. —Esta será su habitación señora, espero la disfrute, el personal llega en la mañana y sale un poco después del mediodía, si quiere comer algo más temo que deberá ir usted misma a preparárselo —pronunció el hombre con seriedad. —Si tengo una emergencia ¿A quién puedo llamar? —preguntó con un poco de preocupación. —Tendrá que ser al señor Aston, su número está en una tarjeta en un lado de su cama en la mesita de noche. Allí está también una caja de cerillos, unas velas, un par de linternas —respondió con sequedad. —¿Se va durante mucho tiempo la electricidad en este lugar? —inquirió con curiosidad. —Lo suficiente. Señora, yo me retiro, porque no duermo en esta casa. Y antes que pudiera agregar algo, el hombre se marchó, sin darle tiempo a hacerle más preguntas. Se sentó en la cama mirando a todos lados, pensando en lo que debía hacer para escapar de allí, por un tiempo solo estuvo sentada, tratando de poner en orden sus ideas, brincó un poco en el colchón y por lo menos se dio cuenta que estaba bastante bien. Quiso quitarse ese vestido de novia, claro recordatorio de su tragedia, pero no tenía nada que ponerse, ni siquiera sabía si le llevaron algo con que vestirse, si su hermana preparó ropa para traerse. Se quedó en la cama sentada, solo viendo hacia el techo con impotencia, no supo cuanto tiempo pasó, hasta que sintió las luces parpadear y segundos después ver la energía cortarse. Se puso de pie y fue a la ventana, no se dio cuenta que la noche cayó como un denso velo negr0, hasta asomarse, estaba muy oscuro, por eso no podía ver mucho. Sintió como si alguien la estuviera observando y tuvo que reprimir el impulso de gritar. Se alejó de allí para no llamar más la atención. Buscó en los cajones de la mesita de noche hasta encontrar una linterna, las velas y una caja con fósforos, encendió la vela y la puso en un candelabro a un lado de la cama, encendió la linterna y empezó a inspeccionar la habitación. Se dio cuenta que no había salida por ningún lado, las únicas ventanas estaban enrejadas y el único camino era por la puerta por donde entró. Estaba atrapada. Por ello decidió salir por la única puerta disponible para salir del dormitorio, cuando lo hizo se dio cuenta que esa casa era prácticamente un laberinto, con pasillos, escaleras que se cruzaban y daban a otras salas que a su vez daban a más pasillos, al final de cada pasillo estaba una puerta que probablemente daba a otro cuarto o es lo que ella suponía. Deduciendo de esa manera que la única forma de salir de esa casa era encontrando la puerta principal. La idea de tener que buscar su camino en aquella casa llena de sombras le resultaba escalofriante. Por eso no se atrevió a ir más lejos, se regresó y cerró la puerta. Trató de sacarse esos pensamientos de la cabeza y concentrarse en lo que debía hacer. No obstante, se dio cuenta de su cansancio y del sueño que tenía. Necesitaba dormir para poder pensar mejor, pese a ello, no podía evitar la sensación de temor que la invadió al apagar la luz. Patricia no podía dejar de dar vueltas a la idea de que Aston podría venir en cualquier momento para "consumar su matrimonio". No sabía si era mejor estar despierta para verlo llegar y tratar de impedirlo o dormir e intentar ignorar lo que estaba pasando. Sin embargo, por mucho que trató de no pensar en él, sus ojos se cerraron solos y al final sucumbió al sueño. Algo le despertó, no supo qué era, se incorporó de golpe asustada, mirando a todos lados. La habitación estaba igual que cuando entró, nada indicaba que hubiera alguien más que ella misma. Se levantó y fue hasta la puerta, no quería llamar la atención, aunque tampoco podía quedarse quieta. Necesitaba saber si estaba sola en aquella casa. Fue hacia la puerta, que no estaba cerrada con llave por dentro, entonces supo que fue eso lo que la despertó. Alguien había abierto la puerta, a pesar de que ella la cerró antes de acostarse. Se asomó al pasillo mas no vio nada, hacia un lado todo estaba oscuro y hacia el otro daba a una escalera. No sabía qué hacer, si bajar para ver quién entró o seguir buscando la salida de aquel laberinto. No tenía forma de saber si quienquiera que hubiera entrado en esa casa era Aston o no, y tampoco podía arriesgarse a salir y correr el riesgo de ser vista. Si era él quien andaba por aquella casa, Patricia sabía que no podría huir, así que decidió bajar las escaleras para ver quién entró en la casa. La escalera era muy oscura y Patricia tuvo que bajarla con cuidado para no tropezar. Llegó al final de la escalera y se asomó a la habitación de abajo. Era una habitación grande, tal vez un salón o una biblioteca, y vio a alguien sentado en una silla frente a la chimenea. Patricia dudó por un momento, pero luego se dio cuenta de que era Aston. Se quedó paralizada, sin saber qué hacer, hasta que él se levantó y fue hacia ella. Patricia no pudo huir ni siquiera cuando él le agarró del brazo, su cuerpo estaba paralizado por el miedo. Aston la miró a los ojos y ella supo en ese momento que estaba en graves problemas. No había nada que pudiera hacer para escapar de él, no podía gritar, no podía llorar, no podía pedir ayuda. Era como si todo su cuerpo se hubiera quedado sin vida, excepto sus ojos, que miraban fijamente a Aston implorándole que la dejara ir. Él no la soltó, la arrastró hasta la silla frente a la chimenea y la miró con una expresión peligrosa, tomó unas cuerdas y las sostuvo en sus manos de forma amenazadora, Patricia trató de levantarse y correr, mas Aston la agarró y la atrajo hacia él. —Te dije que venía ya es hora que consumamos este matrimonio, desnúdate— dijo, y entonces Patricia supo que estaba perdida, Como ella hizo caso omiso a su pedido, Aston tomó las cuerdas y ató las manos de Patricia en los posamanos, luego comenzó a desnudarla, pero lo complicado del vestido se lo impidió. —¿Qué vas a hacer conmigo? —interrogó sin poder ocultar su temor y el emitió una carcajada siniestra. —¿En serio me estás preguntando eso? ¿No te enseñaron cómo se consuma un matrimonio? ¿Ni siquiera en biología estudiaste como se aparean los animales? —interrogó burlón y el cuerpo de la joven se estremeció. —Nosotros no somos animales… los seres humanos no funcionamos así —pronunció ella en tono entrecortado. —¿Ah no funciona así? —inquirió con sarcasmo —¿Cómo funciona? Muéstrame —exigió. —El hombre debe cortejar a la mujer, enamorarla, halagarla, hasta que ella lo acepte —pronunció mientras una leve capa de sudor aparecía en su frente. —Tú no debes aceptarme a mí, ya eres mi mujer, tampoco debo cortejarte, tú no me gustas, eres la antítesis de todo lo que es perfecto para mí y… —sus palabras fueron interrumpidas por una molesta Patricia. —Entonces déjame ir si tanto te desagrado ¿Por qué carajos quieres consumar esta pantomima de matrimonio conmigo? —Porque sí, porque por tu culpa no pude casarme con Aurora, tú la instaste a huir, con ella es con quien quería estar haciendo el amor en este momento, con una mujer hermosa en todo el sentido de la palabra, no con una mini mujer como tú… —aún no terminaba de pronunciar esas palabras, cuando el hombre sintió una patada en sus partes nobles, eso lo enfureció y le propinó un par de golpes en el rostro de Patricia, mas si creía que ella se quedaría tranquila sin hacer nada, se equivocó, ella lo volvió a patear esta vez en la canilla, y se liberó de una mano, tratando de soltar la otra. Pero no fue lo suficientemente rápida, Aston tomó un cuchillo del cajón de la mesa, se acercó y se lo colocó en el cuello, ella se calmó, luego la cargó como si fuese un costal de papá y la llevó hasta su habitación, la tiró en la cama, tomó el cuchillo y le cortó el vestido, dejando su cuerpo desnudo ante él. Patricia sintió un escalofrío cuando él le acarició la piel con el filo del cuchillo, pero no gritó. No quería darle esa satisfacción. —Vas a cumplir tus obligaciones, tú te metiste en esto y al dejar escapar a tu hermana, firmaste tu sentencia, nadie juega con Aston Bugg ¿Entiendes? Ahora o te quedas quieta y te entregas por las buenas o yo te tomaré por la malas ¿Así que decide? Patricia se sentía impotente, porque en esa lejanía, en una casa sola, él podía hacer lo que quisiera y ella no tenía como detenerlo, por eso asintió, Aston la miró y sonrió. —Sabías que tomarías la decisión adecuada —dijo burlón, observando su cuerpo con deseo; provocando mientras Aston le quitaba la ropa, una sensación de molestia la dominó, intensificándose cuando él empezó a tocarla. Patricia no quería llorar, aunque no pudo evitarlo cuando Aston comenzó a besarla y a acariciarla. No era nada comparado con lo que vendría después, ella lo sabía, pese a ello, no podía hacer nada para impedirlo.
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