Los hombres la dejaron tirada en el suelo de la habitación de Aston como si se tratara de un saco de papas o cualquier otro objeto insignificante. Salieron de la habitación dejándola sola, ella se incorporó y comenzó a caminar de un lado a otro, tratando de buscar algo para defenderse, sin poder contener su temor. —Debo salir de aquí, porque si me quedo ese animal es capaz de hacerme daño —dijo verbalmente, al mismo tiempo que comenzaba a revisar, los closets, las gavetas, buscando algún arma que le pudiera servir, pero no encontró nada. Patricia se acercó a las grandes ventanas, pensaba en gritar, llamar por ayuda, pero ¿a quién? No podía confiar en nadie, además eso era solitario, no había una sola casa cercana, eran solo kilómetros y kilómetros de vegetación, parecía una jungla. Se s

