Los hombres de Aston asintieron obedientes, porque no tenían la menor intención de llevarle la contraria, sabían lo que era capaz de hacer, lo habían visto antes tratar con sus enemigos y con quienes le traicionaron y a ninguno le había ido bien, era cruel, despiadado y más bien le sorprendía que con esa chica no sacara lo peor de él como acostumbraba. Patricia lo vio salir sin importarle dejarla allí, tirada, desnuda y excitada, y la rabia bulló dentro de ella, se sentía burlada, humillada, pero su mayor enojo era contra sí misma, porque no entendía como su cuerpo pudo reaccionar a las caricias del hombre, cuando se supone que lo odiaba. —¡Eres una imbécil Patricia! ¿Cómo pudiste reaccionar de esa manera? —se recriminó en voz alta, mientras se tomaba cabeza con desesperación. Se dio cu

