- No, no, no- susurro sintiendo mi voz temblar. Necesito regresar, pero solo al pensar que Dacota no me perdonará hace que mi corazón duela, juro por Dios que quiero volver con mi familia, pero la culpa no me deja. - Ellos son solo míos, ningún hijo de puta vendrá a quitarme lo que es mío- grito furioso pegándole al cristal del ventanal. - Pues te cuento algo, supe que alguien ha estado apoyando mucho a Dacota este tiempo y no precisamente es mujer- habla como si nada. - Que acabas de decir- gruñí caminando hacia donde se encuentra parado viéndome con burla. - Me oyó muy bien mi señor- dice sin quitar su estúpida sonrisa de su horrenda cara. Pero se la borrare de un puto puñetazo. - Quien es el hijo de puta que está con lo mío- pregunto intentando calmarme jalando mi cabello.

