Creía que no bailabas. –No bailo. ¿Quieres bailar o no? –Sí. De acuerdo, bailaré contigo. –Muy bien –se puso en pie y le ofreció la mano–. Intenta que parezca que no te he invitado a venir al pelotón de fusilamiento, ¿quieres? –¿Estás intentando ser gracioso, Ajax? –preguntó ella con una sonrisa. –Sí. ¿Lo he conseguido? –Casi –respondió mientras le daba la mano. La llevó donde estaban las demás parejas, moviéndose al ritmo de la música. –Nunca he hecho esto –murmuró. Leah entrelazó los dedos con los suyos y le puso una mano en el hombro. –No puede ser. Has ido a cientos de eventos con Rachel. –Y siempre le he dicho lo mismo que te dije a ti después de nuestra boda. Yo no bailo. –¿Por qué estás bailando ahora? –Porque tienes razón. No puedo ir a la redacción de un

