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1140 Words

Al meter a Leah en la limusina, oyó una última pregunta por encima de las demás. –¿Qué se siente al haber dejado escapar al cisne y haberte quedado con el patito feo? Cerró la puerta de golpe y le ordenó en griego al chófer que arrancara. Entonces, recordó que su chófer no hablaba griego. Aunque el tipo pareció entenderlo, a pesar de no haber comprendido las palabras exactas. Mientras avanzaban entre el tráfico, miró a Leah y vio una lágrima resbalar por su mejilla. No hacía ningún sonido, no tenía la cara compungida. Simplemente estaba allí sentada, con la lágrima en la cara. En cuanto el coche se detuvo frente a su edificio, Leah salió del vehículo y él la siguió. –Leah. –No –murmuró ella. Se detuvo para que él introdujera el código de la puerta y después siguió caminando

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