el control era lo verdaderamente importante. Aun así, le daba un poco de vergüenza confesárselo a su esposa. –No lo pareces, eso seguro –murmuró ella. –¿No? –Has visto muchas cosas. Se refleja en tus ojos –estiró la mano y le acarició la frente–. ¿Qué has visto, Ajax? –Cosas que tú no has visto. No quiero que cargues con eso. –Pero, como bien dijiste, no naciste el día que te presentaste en la finca de mi padre. –El hombre que soy ahora sí lo hizo. Y ese hombre es quien va a hacer el amor contigo esta noche. No el hombre que era. No el hombre en quien podría haberme convertido. –Pero quiero saber qué te hizo ser como eres. –No. Leah, no puedes querer eso. Por favor. Esta noche quiero que me mires como estás mirándome ahora, como me has mirado antes. Eso es lo que d*eseo. Por favo

