- ¿Qué hice mal amo? – pregunto preocupada.
- No has hecho nada mal, todo lo opuesto – responde el amo Calvin.
- Entonces, ¿por qué rompes el contrato? – pregunto al punto del colapso.
- Es hora de que seas libre mi pequeña paloma. Eres joven, debes salir con hombres de tu edad, no alguien que te supere más de diez años como yo – dice besando mi frente.
- Pero… - me interrumpe.
- Vive tu juventud, se irá cuando menos lo pienses. Lo siento mi pequeña paloma. Pero este es el fin para los dos, como tu amo, te daré mi última orden. Sé feliz y vive plenamente, seguiremos siendo amigos, no lo dudes. Estaré para ti cuando lo necesites – me da un último beso en los labios y se va dejándome desorientada y perdida.
Apenas escucho la puerta cerrarse de aquel hotel, tiro todo lo que había al suelo para tratar de calmarme. Necesitaba con urgencias tener un amo, era la única manera de que mis demonios estuvieran bajo control. No me sentía segura, si no tenía a alguien que me obligará a tener control de mí misma.
Nunca he demostrado esta faceta mía frente a alguien de mi familia o alguien cercano, a excepción de Leslie, mi mejor amiga. Solo ella sabe que puedo perderme si no tenía una relación de amo y sumisa, ya que ella es igual a mí. Entramos en este mundo hace dos años, todo por una fiesta.
Habíamos asistido a una estúpida fiesta realizada por una de las facultades, cuando ya todos estaban perdidos por el alcohol. Fui retada para perder mi virginidad con un imbécil del equipo de hockey, su nombre es Nathaniel Gibson. Estábamos saliendo, ya que mi amor platónico me rechazaba una y otra vez, hasta el punto de aburrirme de suplicar por su amor. Desde que me prometí no suplicarle para qué me amará, nuestra amistad se fracturó por completo. Ese hecho hizo que perdiera la confianza en mí y me entregará a un completo imbécil.
Al día siguiente, de esa fiesta todo el mundo se enteró de nuestro encuentro. Tuve serios problemas con mis hermanos los trillizos, Khaled y Gael, y Axel, además también con Isaac, mi amor platónico. Ese día fue el fin de cualquier relación entre Isaac y yo, ya que, según él, era su más grande decepción. Desde entonces, necesitaba tener todo bajo control, calcular cada cosa, por más mínima que fuera.
Una compañera de Leslie le había hablado sobre el mundo b**m, las dos asistimos a un club donde se practicaba ese mundo. Nos registramos con falsas identificaciones, hemos sido precavidas para no ser descubiertas. Esa noche cuando crucé por esa puerta de aquel club, conocí a Calvin Moreau.
Es un hombre que sabe dominar, tiene mucho conocimiento sobre todo este mundo. Fue él quien me enseño todo lo que sé, me ayudó a mantener a raya a mis demonios y tener absolutamente todo calculado, desde que he estado con él por dos años, me ayudo a ser alguien tranquila, calculadora, pero fría.
Dejé de tener interés en los hombres de mi edad, sin embargo, no dejé de amar a Isaac. Sin embargo, me obligué de todas las formas posibles para dejar de amarlo y no lo conseguí.
Cuando estoy más calmada, recojo el contrato que me unía a Calvin y me voy de aquel hotel. Sé que contaría con él como un gran amigo, no obstante, tenía que buscar a alguien para que fuera mi nuevo amo y me ayude a tener el control.
Mientras caminaba hasta el estacionamiento, decido llamar a mi amiga Leslie.
- Hola – dice al primer tono.
- ¿Qué harás esta noche? – le pregunto.
- Estoy bien. Gracias por preguntar. Y respondiendo a tu pregunta, me reuniré con Didier esta noche como todos los sábados. ¿Por qué lo preguntas? – pregunta.
- Iré al club esta noche – manifiesto subiéndome a mi auto.
- ¿Irás con Calvin? – cuestiona con curiosidad.
- No, es el fin del contrato – expreso.
- ¿Estás bien? – la escucho preocupada.
- Si, solo estoy sorprendida. En fin… Iré esta noche para buscar un nuevo amo – confieso.
- Puedo cancelar mi reunión con Didier – comenta.
- No, no es necesario. Tranquila, ve con Didier – expresé.
- ¿Segura? – pregunta.
- Si, muy segura. Iré a casa para arreglarme, después te contaré como me fue – menciono con optimismo para no preocuparla.
- Ten cuidado, llámame si pasa algo. No creo que alcancemos a vernos, ya que estoy saliendo para donde Didier, pero no dudes en llamarme por si sucede algo. ¿De acuerdo? – me expresa.
- De acuerdo, te quiero – respondo.
- Te quiero – contesta.
Cuelgo la llamada y apoyo mi frente en el volante del auto. Respiro profundo varias veces hasta calmar mis nervios. Doblo el contrato y lo dejo en la cajuela del auto. Enciendo el motor y me dirijo a casa para arreglarme, necesitaba encontrar a alguien que sepa ejercer su rol de dominante en mí, lo necesitaba con urgencia.
Al llegar a casa, estaciono el auto y entro ignorando a mis hermanos, quienes se encontraban jugando a los videojuegos. Antes de entrar en mi habitación escucho que Isaac me llama.
- Angy, ¿te quedarás a cenar? – pregunta.
- No – respondo.
- ¿A dónde vas todos los sábados? – interroga.
- No es de tu incumbencia – menciono de mala gana.
- Angy – me llama y le cierro la puerta en la cara colocándole el seguro para que no entre.
Ignoro sus llamados y entro en la ducha para comenzar a arreglarme e irme en mi búsqueda. Cuando estoy lista, me coloco un vestido color n***o plateado, tenía la espalda al descubierto y un escote pronunciado en el pecho. Me coloqué unas botas negras que llegaban hasta la mitad de la pierna, me recogí el cabello e hice unas ondulaciones en las puntas. Me maquillo de forma que mis ojos azules sean los que resalten.
Camino hasta el espejo para verme una última vez, cuando veo que todo estaba en orden, me coloco una chaqueta para ocultar mi vestido de mis hermanos o de lo contrario, no podría salir de casa sin tener que escaparme de ellos. Bajo las escaleras para tomar las llaves de mi auto, cuando siento que me las arrebatan.
- ¿A dónde irás así? – pregunta Isaac.
- No te importa – expreso frunciendo el ceño.
- Angy estás colmando mi paciencia – expresa.
- Mira como tiemblo – le arrebato las llaves.
Salgo de casa con él pisándome los talones, desde hace una semana ha estado encima de mí y no lo entiendo. Siempre me ha rechazado como mujer y ahora anda de hermano protector, cuando claramente no somos hermanos ni de sangre ni adoptivos. Solo éramos amigos de la infancia, nada más.
- ¿Qué rayos quieres? – le pregunto cuando observo que me impide entrar en el auto.
- ¿A dónde irás? – pregunta cruzándose de brazos.
- ¡¿Qué te importa?! – grito.
- Me importa y mucho, debo cuidarte – expresa.
- ¡Quítate! – le vuelvo a gritar.
- No hasta que me digas a donde irás – exige.
- Bien, tú ganas. Iré a follar con mi novio, ¿feliz?... Ahora quítate – miento.
Aprovecho el momento y lo empujo cuando observo que le ha sorprendido mi respuesta. Subo al auto y aseguro las puertas para que no me obligue a bajarme del auto.
- ¡Angy baja del maldito auto en este instante! – me grita golpeando la ventanilla.
- ¡Jódete! – le respondo.
Saco el auto del garaje antes de que rompa el cristal de la ventanilla y me dirijo al club. Antes de bajar me quito la chaqueta, ya que no servirá de nada tenerla puesta y entro en el club. Anthony, el de seguridad me reconoce y me deja entrar sin problemas. Nos hicimos amigos, ya que, gracias a él, ha evitado que me secuestrarán una ocasión al salir de una discoteca ebria. Se podría decir que él, Leslie y yo, somos inseparables, realmente nos volvimos grandes amigos.
- Hola preciosa – me saluda.
- Hola guapo – beso su mejilla.
- Diviértete, llámame en caso de que pase algo – me dice.
- Lo haré – le aseguro.
Camino hasta la sala principal, ahí se disponía de mesas para charlar y beber algo. Subiendo las escaleras se encontrarían todo tipo de salas para aquellos que desean diversión. Esa noche haría las presentaciones de los nuevos sumisos y sumisas, para que los amos escojan a quien desea. La regla es llevar siempre algo que nos identifique como amos y sumisos, los que llevaban una prenda roja eran los amos, los sumisos llevarían algo de color n***o. Esa era una de las formas para identificarlos. Otra regla era no divulgar la información de los demás amos y sumisos o te quedarías por fuera. La privacidad y la seguridad es algo importante, así que debías ser consciente de lo que haces, una vez que cruzas la puerta de la entrada.
- Hola lindura, ¿tienes amo? – pregunta una mujer al ver que llevaba una manija azul en mi muñeca, lo cual indicaba que estaba libre.
- No lo tengo – respondo.
- ¿Te gustaría que fuera tu ama? – pregunta muy cerca de mí.
- No, gracias. Prefiero a un hombre, sin ofender – le respondo.
- Descuida, no me ofende. Pero si decides retractarte, búscame – besa mi mejilla y se va.
Me acerco a la barra y pido un trago fuerte. Me lo bebo de golpe apenas me lo entrega y el camarero sonríe.
- Más despacio, te hará daño – expresa coquetamente.
- Estoy acostumbrada – menciono respondiendo su coqueteo.
El chico estaba a punto de responderme, cuando llaman su presencia para servir más tragos. Se disculpa por ello y sigue con su trabajo.
Diez minutos después, se acerca a mí un hombre alto y acuerpado. Parecía que fuera extranjero, sin embargo, me fijo en su cuerpo y veo que me extiende su mano, a modo de invitación y acepto.
- Sígueme – ordena.
- Solo una noche – aclaro antes de seguirlo y él asienta.
Camino tras él como toda sumisa que soy. Al entrar en la habitación que disponía, observo la sala. Había diferentes fustas colgadas en una pared. En otra había una cruz y en el centro un potro, también tenía diferentes esposas sobre una mesa y más juegues, del techo colgaba un columpio.
- Desnúdate y arrodíllate, no hables sin mi permiso o serás castigada – ordena – ¿entendido? – pregunta y yo asiento – habla – dice.
- Si amo – respondo y comienzo a hacer lo que me ha ordenado.
- ¿Cuál es la palabra clave? – pregunta.
- Frío – ya lo sé, suena absurdo esa palabra clave, pero así es como mi alma se sentía.
- Bien, dilo cuando sientas que deseas parar – dice y la diversión comienza.
Una vez que nuestra sesión de amo y sumisa termina, entro en el baño para limpiarme cuando veo que se ha ido. Me vuelvo a vestir para irme de aquel club. Me acerco a la barra por algo para tomar y después me dispongo a salir e ir a casa a descansar, ya que estaba exhausta. El amo con quien estuve esta noche ha sabido ejercer su rol de amo.
Pensaba en decirle la próxima vez que lo viera, que iniciáramos una relación de amo y sumisa, para de esta manera firmar un nuevo contrato y poder sentir que todo está bajo control.
- Adiós Tony, nos vemos luego – me despido.
- Adiós, preciosa, envíame un mensaje cuando llegues a casa – menciona.
- Lo haré, no te preocupes – le respondo caminando a mi auto.
Estaba quitándole el seguro a mi auto, cuando siento que me toman con brusquedad del brazo y me arrastran a un lado del auto. Iba a gritar, pero mi voz se va cuando lo veo a él frente a mí.
- ¡Maldición! – me grito mentalmente.
- ¿Quién es? – pregunta.
- No sé de qué hablas – respondo fingiendo tranquilidad.
- No te hagas la idiota – gruñe.
- No sé de qué hablas – repito.
- ¿Quién es el tipo con el que estabas? – observo su pecho subir y bajar frenéticamente.
- No tiene nada que ver contigo – lo reto con la mirada.