¿Ama o sumisa?

2533 Words
- Narra Isaac - Durante muchos años he sido amigo de los trillizos Miller. Nuestras madres han sido amigas desde la universidad y, por tanto, he sido amigo de la infancia para los trillizos. Yo el mayor de los cuatro, pero solo por poco tiempo. Después de todo, nacimos el mismo día, algo curioso. Actualmente, los trillizos, Leslie y yo, tenemos veintidós años. Todos vivíamos en la misma casa, debido a la universidad. Estábamos viviendo en una enorme mansión, cada quien tenía su propia habitación y su propio vehículo. Cada uno de nosotros estudiaba una carrera distinta. Desde que era un niño, siempre me había gustado Angely Miller, a quien yo llamo, Angy. Sin embargo, me negaba a admitir esa realidad. Éramos amigos de la infancia, siempre la traté como a una hermana, no como una mujer. No quería perderla, por confesar mis sentimientos, a pesar de que la tía Charlotte diga de vez en cuando, que le gustaría tener un yerno como yo, algún día. No podía arriesgarme a perderla, no quería perderla… Debido a mi temor, comencé a fijarme en diferentes chicas. La rechacé una y otra vez. Según yo, lo mejor era verla feliz con otra persona. No podía dejarla entrar en mi mundo, uno donde soy un amo. No creo que ella, tenga la capacidad para ser una sumisa nata, por ello, me niego a aceptar su amor por mí y por el que yo le tengo a ella. Les haré un breve resumen de como supe que era un amo. Mi vida s****l ha sido activa desde los dieciséis, cuando conocí a Rebeca. Ella tres años mayor que yo, ella solía ser una ama y yo un sumiso cuando inicie este mundo. A medida que pasaba el tiempo entre nosotros, ella me dejo ir, al comprobar que no tenía un “don” para ser sumiso, sino dominante. Después de que ella cancelara nuestro acuerdo de ama y sumiso, me ayudo a entrenarme como amo. Gracias a ella, sé todo lo que sé del sexo. Visita de vez en cuanto el club. Tenía una sumisa llamada Daniela, tuve que romper el acuerdo con ella, debido a que habíamos pactado en que no había amor entre nosotros, solo era sexo y nada más. Cuando ella me confesó que me amaba, decidí dejarla. No quería amar a nadie más, porque ya amaba a una mujer, pero ese amor nunca se haría realidad. Desde hace un tiempo, he observado que Angy y Leslie mantenían muchos secretos. Solían salir de casa, todos los fines de sema y no sé a dónde. La curiosidad me mataba, no sabía si era porque tenía un novio o un simple pretendiente. Cuando la vi llegar, fui tras ella para que me diga a donde iba. Ella me tira la puerta en la cara, lo cual me enfada. Espero a que ella salga de su habitación, después de todo, debía salir. En cuanto la observo salir, le exijo que me diga a donde y con quien iría. Sin embargo, ella simplemente se niega en confesar, hasta que al fin se da la vuelta y me dice la verdad. - Bien, tú ganas. Iré a follar con mi novio, ¿feliz?... Ahora quítate – declara. En cuanto ella menciona la palabra follar y novio, una ira crece en mí. Le pido que se baje del auto, sin embargo, ella solo me manda al carajo. Observo como comienza a alejarse, entro corriendo a la casa por mis llaves para perseguirla y saber a dónde iría. - ¿A dónde vas? – pregunta Gael. - No me esperen – expresé corriendo. Me subo en mi auto rápidamente y enciendo el motor, comienzo a manejar como loco para alcanzarla, sin embargo, la pierdo de vista. Golpeo el volante por lo furioso que estaba con ella. Disminuyo la velocidad para luego estacionar el auto, a un lado de la carretera. Necesita calmarme. Aprieto el volante al no dejar de repetirme las palabras follar y novio. Una vez que me calmo, enciendo el auto de nuevo y decido ir al club para entretenerme un rato. Necesitaba dejar en Angy y dominar a una mujer. Manejo hasta el club, al llegar, estaciono el auto y me bajo. Iba a entrar, cuando observo el auto de Angy estacionado. Miro a todos lados para ver si ella estaba cerca, olvido a lo que vine y decido esperar en mi auto, hasta que ella saliera. Solamente había un lugar al cual podías acceder en esa zona y era el club. No podía dejar de pensar en que ella estuviera adentro del club. Jamás creí que ella estaría en este mundo. Sé que Khaled, el mayor de los trillizos, tiene estos gustos. Pues él y yo, somos iguales. Necesitábamos tener todo bajo control. Él se enteró de que estaba en este mundo hace un año, cuando una de las sumisas que tuve para entonces, armo un show en la casa. Gracias al cielo, solamente estábamos Khaled y yo en casa, nadie más. Fue entonces que decidí confesarle la verdad, después de todo, hemos sido mejores amigos desde que nacimos. Él me aceptó y reconoció que se sentía vacío, como si algo le faltará, así que una noche me acompañó al club para ver cómo era este mundo y se dio cuenta de que pertenecía a ese lugar. Le di consejos para que fuera un buen amo y lo es. Pero… Nunca creí que Angy, mi pequeña Angy perteneciera en este mundo. No dejaba de pensar en someterla bajo mi poder, escucharla gemir y gritar mi nombre. Trato de alejar esos pensamientos, para dejar de colocarme duro con solo imaginarla en mi mente. No dejo de ver la entrada del club, pero tampoco me era fácil imaginar todo aquello. La espera se me hizo eterna, hasta que la observé salir. Salgo de mi auto y me acerco a ella en silencio. La tomo del brazo y comienzo a exigirle que me explique qué hacía en este sitio, pero, sobre todo, saber con quién estaba. - ¿Quién es el tipo con el que estabas? – pregunto muy irritado al observar que se hacía la tonta para no responder. - No tiene nada que ver contigo – dice retándome con la mirada. - Angely te lo advierto o me dices con quien estabas o te enfrentarás a mi furia – menciono. - No eres nadie para amenazarme – expresa acercándose demasiado a mí y un tono que sabía que me fastidiaba. - Última advertencia – expresé acercando mi rostro hacia ella. - Te lo repetiré una vez más, no eres mi padre, ni mi hermano, ni nadie para exigirme una respuesta sobre con quien me acuesto. ¡No es asunto tuyo! – grita demasiado cerca. - Muy bien… Muy bien – mencioné – te lo advertí. La cargo mi hombro y la llevo hasta donde estacioné mi auto. Le doy un azote en su redondo trasero y ella hace lo mismo conmigo. Le regreso el azote aún más fuerte y juro por Dios que escuche un gemido salir de sus labios. La subo obligada al auto, lo bloqueo para no se pueda bajar y comienzo a conducir, después iría por su auto. - ¿A dónde me llevas? – pregunta enojada. - Te lo advertí – contesté. - Isaac Evans, detén el auto en este instante – exige, sin embargo, yo la ignoro. Sabía que no podía llevar a la casa para castigarla como corresponde, debido a que ahí estaban sus hermanos. Así que, opte por llevarla al apartamento que había comprado hace unos meses para tener privacidad y llevar a las mujeres que quisiera. -Te pregunté que a donde me estás llevando Isaac, ¡no te atrevas a ignorarme! – dice. - ¿Ama o sumisa? – pregunto de repente. - ¿Qué? – pregunta sorprendida. - Responde – exijo mirándola al fin. - ¿Qué te importa? – menciona. - Angely responde – exijo en un tono de voz muy elevado, uno que nunca había usado con ella, solo con mis sumisas. - Yo… Sumisa – responde evitando mi mirada. Mi corazón latía con fuerza, tras escuchar su respuesta. Nunca creí que ella fuera una sumisa, cuando vi su auto, pensé que era una ama. Ya que, ella suele ser muy demandante en casa. Suele ser fría y calculadora, así que nunca supuse que fuera a ser una sumisa, en lugar de alguien dominante como un amo. Al llegar a mi departamento, entro el auto al garaje. Hasta que no observé que la puerta del garaje se ha bloqueado, no salgo del auto ni le quito el seguro, para que ella no pueda escapar de mí. Salgo del auto y ella me imita. La diferencia es que ella cierra con fuerza la puerta de mi auto y yo no. Me acerco a ella para meterla a la casa, agarrándola del brazo. - ¡Suéltame! – grita. No digo nada, solo la llevo hasta la habitación. La arrojo contra la cama y ella se sorprende. - ¿Qué crees que estás haciendo? – pregunta un poco asustada, pero finge no estarlo. - Te lo advertí Angely Miller – mencioné acercándome a ella. Trata de huir gateando por la cama, la agarro de su tobillo derecho y ella lanza una patada, golpeándome en las bolas. El que hiciera eso, hizo que me enfadará más de lo que estaba. La inmovilizo y dejo su trasero al aire y le doy diez fuertes azotes. Quería hacer que los contará, tal como hago con mis sumisas, sin embargo, ella no era mi sumisa. No tuve más opción que contar por ella en mi mente. Cuando termino de darle los azotes, le acomodo su ropa y me levanto de la cama. Ella no dice nada, ni se mueve de donde estaba. Salgo cerrando de un portazo y camino hasta la sala. Quería arrojar cosas, golpear mi saco de boxeo, sin embargo, no tenía uno en mi departamento, solo en la mansión. Me iba a volver loco por lo que había hecho, la culpa comienza a matarme. Me dejé llevar por la rabia y los celos, imaginarla a ella follando con otro hombre, me hacía ver todo en rojo. No sé cuánto tiempo llevaba sentado en el sofá, tenía mi brazo cubriendo mi rostro. De la nada siento que me tiran algo en la cara, miro y observo que Angely me había arrojado una almohada. - Eres un completo y maldito imbécil – observo sus ojos y me doy cuenta de que estaban rojos e hinchados. - Angy – mencioné colocándome de pie. - ¡Y una leche! – grita - ¿cómo pudiste? – pregunta con voz quebrada. - Yo… Lo lamento, me dejé llevar por la… - me interrumpe. - ¿Por la que? – pregunta. - Angely no lo entenderías – expreso retrocediendo un paso. - Entonces explícate – exige mirándome fijamente. - No puedo – menciono tratando de no evitar su mirada. - Quiero irme a casa – manifiesta. - Angy – doy un paso hacia ella, pero ella solo retrocede. - Quiero ir a casa, por favor – menciona evitando mi mirada. - Bien, te llevaré – expresé. - Primero quiero pasar por mi auto – declara dándose la vuelta. - Está bien – expreso pasando por su lado. Nos subimos al auto y manejo más despacio que antes. Ella no deja de ver por la ventanilla, ninguno menciona una sola palabra. Al llegar al club, ella se baja de mi auto, prácticamente corriendo y se va hasta su auto. Apenas compruebo que se ha subido a su auto y encendido el motor, la observo partir de aquel lugar. Me quedo unos minutos en donde había estacionado para pensar en lo que había hecho. Regreso a casa, luego de haberme quedado media hora dentro del auto en el club. Cuando llego, me doy cuenta de que no había ni una sola luz encendida. Miro la hora en mi reloj que tenía en mi muñeca izquierda y eran más de las dos de la madrugada. Camino en silencio hasta mi habitación, pero de antemano decido acercarme hasta la habitación de Angy para verificar si dormía. No escuché un solo ruido, así que me fui a mi habitación. Camino directo hasta el baño, para darme una larga ducha. Bajo hasta la cocina por algo de beber y la observo comiendo helado. Ella me mira unos segundos y luego evita mi mirada. Tomo un vaso y me sirvo un poco de agua, estaba por regresar a mi habitación, cuando la escucho hablar. - Debemos que hablar – expresa en voz baja. - Claro – respondo. - No aquí – declara. La veo levantarse y guardar el helado que dejo. Camina delante de mí y mi mirada se va a su enorme y redondo trasero, trago grueso al ver que comenzaba a ponerme duro con solamente admirar una parte de su cuerpo. No era mi culpa, ella llevaba puesto un pijama demasiado sexy y muy transparente. Soy un hombre de carne y hueso, no de piedras y cemento. Es de lógica que me excite al contemplarla con eso puesto. Ella entra en mi habitación, que era la que estaba más alejada de las otras habitaciones. Se acerca a mi cama y se tira en ella boca arriba, mirando hacia el techo. Espero unos minutos para observar si menciona algo, pero no lo hace. - ¿Vas a hablar o simplemente te quedarás admirando el techo? – pregunto. - Tú… ¿Qué hacías en el club? – pregunta sin dejar de observar el maldito techo. - ¿Tú que crees? – respondo con otra pregunta. - ¿Eres un sumiso? – su pregunta me causa gracia. - No Angely, no lo soy – menciono acercándome a sus pies. - Entonces eres un amo – afirma en lugar de hacer una pregunta. - Exactamente – respondí. - ¿Desde cuándo? – vuelve a preguntar. - Desde hace un tiempo – respondo a su pregunta - ¿y tú? - Dos años – responde sin mirarme a la cara. Parecía que era más interesante el techo, que yo. Recorro con mi mirada su cuerpo y sé que siente que la observo, ya que me doy cuenta de que sus pezones se han endurecido con solo mirarla. Cada vez me sentía más y más deseoso por ella. Hasta el punto de cometer una estupidez. Me coloco a horcajadas sobre ella y apoyo mis manos a ambos lados de su cabeza. Ella me mira tratando de descifrar lo que estoy pensando. - ¿Quién te metió en este mundo? – pregunté. - Yo… Nadie – responde al fin. - ¿Por qué lo hiciste? – le pregunto. - Necesito estar bajo control – su confesión me sorprende y mucho. - ¿Por qué? – sigo preguntando. - No lo entenderías – responde. - Explícate, tengo todo el tiempo que quieras – expreso. - No lo entenderías – repite y evita mi mirada. - Angy… Bebé sé honesta conmigo – mencioné tomándola de la barbilla para que me mirara. - ¿Cómo me llamaste? – pregunta con sus ojos llorosos.
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