Heridas

1331 Words
"... el amor es incapaz de cambiarlo todo y de todos modos logró cambiar muchas cosas, leyes, trabajos, lugares, incluso la manera de ver las cosas..." Poder nadar en el oceano es increíble, aunque Jack me hace recordar que debo quedarme cerca. —Esto me hace recordar nuestras clases de natación de la secundaría—toma mis manos—Siempre te diviertes nadando —Es agradable—me quedo flotando sobre el agua El va y ven de las olas me deja adormilada junto con la fresca brisa marina. —Tengo una pregunta—está muy cerca de mi rostro—¿Estás bien con lo que pasó ayer? Respiro profundamente. Ellos lo saben, las situaciones que me pueden poner nerviosa, lastimosamente tuvieron que estar presente la primera vez. —Estoy bien—sigue preocupándose por mí En realidad no creo que hayan dejado de cuidarme a su propia forma, ir cada par de días a mi trabajo y preguntar como me encuentro, incluso querían que viviese con ellos cuando estaba buscando donde quedarme hace un par de meses atrás. —Si no quieres quedarte con él puedes hablar con Gloria —Solo fue un malentendido —Adeli —Jack, solo es nuestro segundo día juntos, muchas cosas pueden pasar —Pero Will no te besó cuando se unió a mí Las olas lograron llevarse sus palabras y tragarse las mías, claro que lo sé, no tengo por que fingir que es de otra manera. Primero me terminó Jack y luego Will, se conocieron por mí y quedaron unidos. Lo que dice Jack ahora, es que ese tal amigo de Johan, en realidad sea su ex pareja. —Ady, lo siento—Jack intenta consolarme Pero el hilo me jala y tanto Johan como yo quedamos con las manos unidas justo en la orilla del mar. —¿Estás bien?—pregunta Johan—Fue tan repentino, y seguías en el agua Sacudo mi cabeza, él suspira con cierto alivio. —No me pasó nada—veo su pierna sangrando—¡¿Qué te pasó a ti?! —Me tropecé con algunas rocas—nos sentamos Uso un poco de agua salada para limpiar la herida y ver mejor, es una pequeña brecha. —Volvamos al hotel—esto es mi culpa No debí alejarme tanto. —De acuerdo—aprietas mi mano—Disculpa por causar problemas de nuevo —¿De que hablas?—yo debería disculparme, no él —Incluso cuando nos conocimos pasó algo similar—dice esas palabras con cierto dolor —Johan, ni ahora ni antes, no tienes la culpa de nada—le devuelvo el apretón en la mano Alza la mirada para verme a los ojos. ¿Cómo podría él tener la culpa? Son solo cosas del destino sin sentido. Lo que importa es ser cuidadosos. Llegamos a donde tenemos nuestras bolsas, Will me ve y luego ve a Johan. —¿Necesitas ayuda?—pregunta amablemente —No se preocupen, es solo un pequeño corte—responde Johan—Deberian quedarse otro rato antes de que empiece a subir la marea, nosotros nos tenemos que retirar, pero que eso no les arruine la salida Johan me cubre con una toalla primero, luego agarra nuestras bolsas. —Nos vemos—me despido Caminamos con las manos unidos, aunque el hilo ya nos ha dejado más libres, suspira de nuevo, me pregunto si está cansado o molesto, le estoy viendo el rostro cuando se voltea para verme y sonreír. —Tus amigos son bastante amables—dices Asiento con la cabeza. —Son muy sobre protectores—me enfado un poco al recordar las palabras de Jack —Es porque te quieren, seguramente—sigues sonriendo—Me gustaría tener amigos así ¿Qué ha dicho? Alguien como él, no me lo imagino solo, no tiene esa pinta de persona solitaria o poco sociable. Lo primero que hago cuando nos encontramos en la recepción del hotel es preguntar dónde está la clínica más cercana, me dicen que está cerrada por hoy, entonces pregunto dónde está la farmacia más cercana y me da unas indicaciones simples a un lugar no muy lejos del hotel, le pido a Johan que se quede en la recepción mientras busco lo necesario para desinfectar y vendar su pierna. Logro ponerme unos shorts antes de salir del hotel, al correr el viaje a la farmacia es corto y vuelvo a la recepción del hotel bastante rápido, él está sentado justamente donde lo he dejado. —Vamos a la habitación—le ayudo a levantarse de la silla Sé que tiene la fuerza para hacerlo solo, quería ayudarle de todos modos. Estamos en la habitación, desinfectando la herida con la toalla de manos que estaba en el baño, cuando otra vez suena ese tono de llamada. —Contesta—ordeno —No quiero—se ve enfadado —Johan, es mejor si—me corta de golpe —No me conoces—y ya tuve suficiente La herida ya está vendada, no espera a que lo deje inmovilizado en un movimiento rápido. —¡Adeli!—grita —Me pones los nervios de punta, te lo juro—murmullo—Es más fácil hablar a dejar que empeore la situación —Es mi problema —Se vuelve mío cuando temo que alguien quiera entrar a la habitación en la que se supone que voy a dormir—gruño sin realmente quererlo Me está ganando mi ira. Suelto a Johan e intento salir de la habitación, el hilo rojo no me deja. —Ade—me molesta que diga mi nombre con cierto afecto que Claramente, no debería haber tal emoción entre nosotros. Este es el tan aclamado efecto del hilo rojo. Algo que mi hermana adora investigar. —Esta bien si no quieres que me meta, pero la próxima vez que llame, yo hablaré con él, porque no soporto sentirme insegura —¡Los guardias del hotel no le dejarán pasar!—y me río de esa estupidez —¿Y qué pasa cuando salimos del hotel?—baja su mirada Es una medida temporal, mañana nos vamos del hotel, su tal amigo puede seguirnos cuando quiera sin mayor problema. —Él no te hará daño—dudo mucho que pueda si quiera intentarlo Fue por un segundo que me vió y se veía arrepentido. —Ese no es el punto, Johan—te niegas a verme—No quiero que te haga daño a ti o tú a él —¿Huh?—ahora sí me voltea a ver —No tienen porque salir heridos —Creo que no entiendes lo que pasó ayer —Incluso si él no te obligo... no me molestaría Silencio. Incomodidad. Aunque algo de alivio por mi parte. Esta maldición que llamamos destino, lleva al corazón a lugares muy alejados de lo que deseamos. —¿Aún si eso te lastima a ti?—suspiro tras escuchar sus palabras cargadas de cierto molestia? —Ya me han roto el corazón más de un par de veces—admito y paso mis manos por mi cabello—No siento lastima por ti o por mí, estamos aquí para conocernos, no estamos obligados a permanecer juntos —Mientes—brotan lágrimas de tus ojos Tienes una expresión de enojo que se deshace con la tristeza. —Esta bien, Johan—tomo su mano—Todo estará bien Me abraza y acomoda su cabeza en mi hombro, sigue llorando de forma desconsolada y no puedo culparlo, ha de sentir el mismo nudo en el estómago que yo, a veces es coraje, a veces es incertidumbre, y lo confunden con mariposas. Se calma mientras acaricio su espalda. Es difícil, para muchos, creer que el hilo rojo del tan aclamado destino, puede equivocarse en ocasiones. Siento que este es uno de esos casos. Estamos en fuego cruzado. Temiendo salir lastimados, aunque dicen que el amor es así, opino diferente.
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