Maybe esperaba paciente a que las pasaran a buscar, se suponía que deberían haber llegado a las once de la mañana y ya eran más de las doce. Quien no estaba tan paciente, era Trinidad. ―¿Y si pasó algo? ―preguntó por enésima vez la empleada. ―Tranquila, si hubiese pasado algo, lo sabríamos. ―Pero igual, pues, don Enrique, si no aparece nadie, algo debe haber pasado. ―No lo creo, quédate tranquila, mujer, no hagas un escándalo de esto, lo más probable es que no tomaron en cuenta el tiempo real que demorarían hasta aquí. ―Intentó tranquilizarla el dueño del fundo, a pesar de que él tampoco estaba tranquilo, los oficiales que escoltarían a las mujeres llevaban más de una hora de retraso y nadie había avisado nada. ―¡Abuelo! –gritó Victoria, alegre, al bajarse de la camioneta donde ven

