―¿Sabe qué, don Fermín? Podría decirle todo lo que me he guardado por años, lo que quise decirle cuando nos echó y que no fui capaz por mi corta edad; también podría decirle lo que reclamé en mi mente cuando mi mamá se me fue, cuando no pude hacer nada por salvarla porque no tenía dinero suficiente, porque era un simple peón, el más bajo de todos; podría decirle tantas cosas, pero ¿sabe qué?, nada de lo que yo pueda decir, va a cambiar lo que pasó, nada me va a devolver todo lo que usted nos quitó. Ellos ya no van a volver ―apostilló el joven luego de meditar en sus palabras. ―Créeme que me arrepiento. ―Es fácil arrepentirse cuando se está en el suelo y a punto de morir. ―No, muchacho, no te equivoques, no estoy arrepentido ahora, me arrepentí hace mucho tiempo. ―Su arrepentimient

