**STERLING** Me senté en mi escritorio, intentando concentrarme en los documentos frente a mí, pero era imposible. La energía de Seraphina llenaba la oficina como un torbellino: se movía de un lado a otro, probando ángulos, riendo, ajustando detalles con esa chispa que parecía iluminarlo todo. Era como si cada movimiento suyo desatara una corriente eléctrica en el aire, y yo, atrapado en su magnetismo, no podía evitar dejarme llevar. La miraba, embelesado, y sentía cómo mi mente se escapaba de los números y las estrategias que normalmente dominaban mi día. Me sorprendía a mí mismo con pensamientos que no debería tener, pensamientos que me recordaban a la intensidad de la adolescencia, cuando todo era nuevo y desbordante. Esa sensación de mariposas en el estómago, de emoción pura, era alg

