**SERAPHINA** Me acerqué en silencio, mis tacones haciendo un sonido suave y rítmico en la moqueta de lujo. No se giró, pero supe que me había sentido. Su presencia era así: un campo de fuerza que se alteraba con mi llegada. Detrás de él, me detuve por un instante, inhalando su aroma, una mezcla de poder y algo íntimamente suyo que se había convertido en mi ancla. Luego, levanté mis manos y las deslicé suavemente alrededor de su cuello. Sentí la tensión de sus músculos relajarse bajo mi toque, una rendición silenciosa que me hizo sonreír. Él se giró lentamente, sus ojos oscuros encontrando los míos. No dijo nada, solo me miró con esa intensidad que siempre me desarmaba, como si estuviera leyendo cada uno de mis pensamientos más secretos. Mi voz era un susurro cálido, cargado de toda la

