**STERLING** Había una incomodidad palpable en la sala; un silencio pesado interrumpido solo por el ocasional arrastrar de pies o la tos nerviosa. Algunos desviaban la mirada, incapaces de encontrar mis ojos directamente, como si estuvieran avergonzados o quizás intimidados por la decisión que estaba a punto de anunciar. Otros, más valientes o quizás más desesperados, buscaban las palabras correctas, aferrándose a pajitas conversacionales, esperando influenciarme, contagiar en el curso de acción que estaba a punto de tomar, pero sus esfuerzos eran inútiles; su elocuencia los abandonaba en su hora de necesidad. Finalmente, uno de ellos carraspeó y trató de cerrar la reunión con un comentario vago sobre “reflexionar” y “mantenernos alineados con los valores de la empresa”. Apenas lo escuc

