13. No hay vuelta atrás
POV Ian
Mientras León está concentrado en su aburrido trabajo de revisar documentos y firmar contratos, yo lo observo desde el sofá de su oficina, completamente estirado como si no tuviera ni una sola preocupación en el mundo.
Afortunadamente, logré librarme de este destino. Estudié administración de empresas para complacer a nuestros padres, eso es cierto, pero nunca me gustó. Ni siquiera me esforcé en obtener buenas calificaciones. Me limité a cumplir… para luego escapar.
Sobre la mesita lateral, veo una hoja suelta. La tomo y la convierto en una bolita de papel que le lanzo con toda la precisión que me permite mi pereza.
—Ian… —advierte sin levantar la mirada.
—¿Sí? —respondo con una sonrisa inocente.
—Si me sigues interrumpiendo, haré que mamá te obligue a asistir a la próxima junta de accionistas en mi lugar. Incluso voy a pedir que leas tú los informes.
Me incorporo con un gesto dramático, una mano en el pecho como si me hubiera herido.
—¡Serías capaz! Qué cruel.
León finalmente alza la vista. Me lanza una de esas miradas que mezclan exasperación y ternura. Siempre me ha tolerado. Nunca entendí por qué. Tal vez porque nos necesitamos más de lo que admitimos.
—Estoy contento, hermano. Eso es todo —agrego, esta vez con sinceridad.
Su ceja se arquea con desconfianza.
—Esa alegría tuya… ¿tiene algo que ver con cierta pelirroja que nos está volviendo locos?
Mi sonrisa se ensancha. Me levanto de un salto, con la energía de quien guarda un secreto que necesita ser compartido. Camino hacia el gran ventanal de su oficina y observo la ciudad, envuelta en su eterno manto gris. Londres, con toda su melancolía, me parece hoy
el lugar más luminoso del mundo.
—Va a mudarse al instituto —anuncio sin girarme. —Skylar vivirá ahí. La tendré muy cerca. ¿Entiendes eso?
Escucho el leve sonido de su pluma al detenerse sobre el papel. El silencio entre nosotros cambia. Lo siento procesando lo que acabo de decir. Me giro para observarlo.
—¿Cuándo? —pregunta en voz baja.
—Aún no lo sé, pero estaré al pendiente. En cuanto se instale, la invitaré a mi departamento. Ya sabes… está justo al lado del instituto, pero nadie lo sabe. La cercanía será… peligrosa.
León asiente, apenas perceptible. No dice nada más.
—¿La viste hoy? —añade al cabo de unos segundos.
—No solo la vi… —confieso, y mi voz se vuelve más íntima, como si ese recuerdo fuera demasiado precioso. —La tuve entre mis brazos otra vez. Probé su sabor. Escuché su respiración. León… voy a enamorarla. A mi manera.
Nuestros ojos se encuentran. Y no hace falta decir más. Sé que él lo intentará a la suya.
Somos parecidos, pero también opuestos. Yo amo de forma serena, silenciosa, casi como una caricia que se extiende en el tiempo. Él ama con el alma abierta, de golpe, como si cada beso fuera una promesa que arde. Nos hemos equilibrado así desde siempre. En nuestras diferencias está el pacto no dicho que nunca rompimos.
—¿Crees que esta vez es la correcta? —me pregunta, sin juicio, solo con una cautela que reconozco como miedo. —¿No piensas que vamos demasiado aprisa?
Niego con calma. Me acerco a su escritorio y apoyo ambas manos en la superficie pulida. Mi voz es baja, firme.
—No. El amor no entiende de tiempos. Cuando llega, lo sabes. Lo sientes. Y ella… ella lo hace todo diferente.
León cierra los ojos un instante. Asiente con lentitud.
—¿Y si se enamora solo de uno de nosotros?
—Entonces será su elección —respondo sin titubear. —Pero si hay una mínima posibilidad de que su corazón tenga espacio para los dos… yo no voy a alejarme.
No hay desafío en mis palabras. Solo verdad. La verdad de lo que ya hemos vivido en el pasado. Lo que casi compartimos. Lo que nunca se nombró, pero que fue real. El fuego que alguna vez ardió para ambos… por una misma mujer.
Y esta vez, no quiero perderla. Ni a ella… Ni a él.
*****
POV Léon
Ian se marcha poco después. Supongo que irá a hacer lo que tanto le gusta… pintar sus garabatos. como él les lllama. Pero yo los he visto. No son garabatos. Son emociones, caos contenido en trazos que de algún modo siempre logran transmitir algo.
Siempre ha sido un alma libre. Incluso cuando estaba atrapado en la jaula de la universidad, vestido con trajes que odiaba, asistiendo a reuniones de números y balances que solo lo frustraban. Recuerdo esa etapa con claridad: Ian era como un gorrión encerrado en una vitrina de cristal, con las alas abiertas, pero incapaz de volar. Trabajaba con cifras, datos, estrategias… todas esas cosas que ahora forman parte de mi día a día, y que en él provocaban un fastidio imposible de ocultar.
Ahora, en cambio, es un artista reconocido. Ha hecho de su caos un lenguaje y de su libertad, una bandera. Ama lo que hace, y eso se nota en su forma de caminar, en el brillo de su mirada cada vez que habla de sus exposiciones o de los colores que lo obsesionan. Ian es sensibilidad. Emoción pura. Sentimientos a flor de piel.
Y yo…
Yo soy estructura. Cálculo. Contención. El hermano mayor que se quedó al frente de la empresa familiar mientras él escapaba a buscar su lugar en el mundo.
No estoy celoso de él. Pero sí tengo miedo. Un miedo visceral que me roe por dentro.
Miedo de que Skylar no nos acepte a los dos. Miedo de que su corazón se incline hacia la parte que brilla con más luz. Hacia la libertad, la pasión, la entrega inmediata que Ian ofrece sin reservas.
Yo no tengo el encanto de la espontaneidad. No sé seducir con palabras hermosas ni pintar sensaciones en un lienzo. Lo mío es más silencioso. Más lento. Más... invisible.
Ian la ve todos los días. Respira el mismo aire que ella. Comparte sus risas, sus tropiezos, sus pequeños gestos de inseguridad. Yo, en cambio, paso las horas aquí, encerrado en este despacho, enterrado bajo contratos, llamadas, y decisiones que no pueden esperar.
Y mientras tanto… Ella se va escapando. Sin siquiera saberlo.
No puedo sacarla de mi cabeza.
Skylar es una incógnita que no deja de perturbarme. No sé en qué momento se instaló en mi pensamiento con tanta fuerza. Solo sé que está ahí, como una espina dulce que no quiero arrancar. Su voz, sus silencios, la forma en que evita mirarme por demasiado tiempo… como si supiera lo que provocan sus ojos en los míos.
Quizá voy demasiado lento. Quizá estoy dejando que la oportunidad se me escape por miedo a lastimarla. Por miedo a que, si me acerco, huya. Por miedo a que me diga que no.
Pero si sigo así… será Ian quien cruce la línea primero. Y no lo culparé. Él no teme. Él ama sin condiciones.
Pero yo desconfío. Después de que esa mujer casi destruye nuestras vidas.
Ahora, solo sé construir paredes para proteger lo que me importa.
Y Skylar… Ya no quiero protegerla de mí. Quiero que me vea. Quiero que me elija.
Aunque no sea su primera opción.
*****
POV Skylar
La ciudad está viva esta noche.
Desde el taxi, las luces de Londres se estiran como líneas de neón sobre el asfalto mojado. Elisia revisa su celular, su cabello brillante bajo los destellos del alumbrado público, mientras yo intento disimular mis nervios. No sé por qué acepté venir a este evento privado. Tal vez porque Noémie, por primera vez, no estará en casa esta noche. Aceptó una invitación de un tipo francés que conoció en la galería. Un artista que le prometió una velada en una exposición "sensualmente provocadora". Así lo dijo, haciendo un gesto con las cejas. Me reí… pero también la envidié un poco.
—Deberías dejar de pensar tanto, Sky —dice Elisia sin mirarme, como si pudiera leerme la mente.
—No pienso tanto…
—Claro que sí. Te lo pasas cuestionando cada paso que das. Esta noche, por favor, solo fluye.
Asiento, aunque sé que es más fácil decirlo que hacerlo. El lugar al que vamos no es precisamente mi zona de confort. Un edificio restaurado cerca del Soho, con luces tenues, vino circulando en bandejas de plata y gente con rostros demasiado hermosos como para ser reales. Nadie parece preocupado por el mundo exterior. Aquí, todo es estética, diseño y deseo.
Elisia me presenta a algunas personas, la mayoría son modelos, artistas o curadores de arte contemporáneo. Me esfuerzo por mantener la conversación, pero me siento un poco fuera de lugar.
Me alejo del grupo al cual me había integrado mi amiga y camino por el lugar, observando con detalle los cuadros y objetos.
Pero siento que alguien me observa. Las luces bajas no me permiten observar bien alrededor, pero la sensación sigue ahí.
Intento regresar a dónde estaba, pero al pasar por un muro, una mano me detiene por la muñeca.
—¡Shhh!
Mi primer impuso es gritar, pero al darme la vuelta para defenderme, veo un rostro conocido.
—Soy yo, ninfa.
Mi alma regresa a mi cuerpo.
—Ian…¿Qué haces aquí?
Toma mi mano y me lleva hacia una escalera, que da acceso a una buhardilla. Desde ahí, se puede salir al tejado. La noche es fría, pero extrañamente, no está lloviendo.
—Fui invitado. No quería venir, pero decidí pasar un momento. Creo que algo me atrajo —¿Qué haces tú aquí? —pregunta a la vez.
— Vine con unos amigos, pero todos están ocupados. Me estaba planteando desaparecer. Elisia está por allá —le indico con la mirada, aunque no hace amago de moverse.
—Entonces vámonos —dice sin pensarlo. —Te llevo a casa.
Titubeo, pero algo en su tono me invita a rendirme. Nadie sabe que estamos aquí, asi que puedo bajar primero para que no me vean con el profesor. Ian acepta mi sugerencia y ya abajo, salimos cada uno por su lado.
El aire nocturno es frío. Caminamos unos pasos hasta donde está su auto. El silencio entre nosotros no es incómodo, sino lleno de algo que no sé nombrar. Me gustaría decir que no siento nada… pero estaría mintiendo.
—¿Quieres venir a mi departamento? —pregunta con una suavidad casi peligrosa. —Está cerca del instituto.
Dudo un momento, buscando una manera de negarme. Siento que es un terreno peligroso.
No sé qué responder. Solo asiento con un pequeño gesto. Entro en su coche sin decir más.
*****
Su departamento es exactamente lo que imaginaba. Un loft amplio, desordenado pero cálido. Pinturas secándose contra las paredes, una cafetera olvidada en la encimera, libros de arte abiertos en cualquier superficie plana. Huele a óleo, café tostado y a él.
—¿Quieres vino?
—Sí.
Se mueve por la cocina como si fuera parte de la casa, abriendo una botella y sirviendo dos copas. Me siento en el sofá, mirando los lienzos a medio terminar. Una mujer, en particular, captura mi atención. Su rostro no tiene forma definida, pero hay algo en la curva de sus labios que me resulta familiar.
—¿Es alguien real? —pregunto.
Ian me mira. Luego, camina lentamente hacia mí con las copas en la mano. Me entrega una y se sienta a mi lado.
—Eres tú.
Mi pecho se aprieta.
—No lo parece.
—Porque aún no sé cómo dibujarte completa.
Sus palabras caen como plomo dulce. Me bebo medio vaso de un trago. El silencio vuelve. Largo. Cargado.
Hasta que él rompe la distancia.
—No quiero presionarte —dice. —Pero necesito que sepas algo. No estoy jugando contigo, Skylar. En verdad me interesas. Aunque soy tu profesor y mayor que tú.
Mi corazón late como un tambor desbocado. Lo miro. Está tan cerca. Tan presente. Tan honesto.
Es momento de decidir. Y por primera vez, no huyo.
—¿Qué somos ahora? ¿Qué seremos si pasa algo?
—Seremos lo que tú quieras.
Apoyo la copa sobre la mesa de centro. Él hace lo mismo. Nuestras miradas se encuentran, como si ambas buscaran la misma respuesta.
Y entonces lo beso. O me besa él. No importa.
La realidad se disuelve en ese instante. Su boca en la mía. Sus manos acariciando mi rostro, mi cuello, mi cintura. Me aferro a él como si el mundo se hubiera vuelto incierto y él fuera lo único que tiene sentido.
Me recuesta en el sofá. Me observa y en sus ojos veo el deseo reflejado. Desde el primer momento que lo ví, supe que algo así pasaría.
—¡Aahh! —Su boca baja por mi cuello, dando un ligero mordisco. Con destreza, desabrocha los botones de mi blusa. Mi corpiño queda al descubierto. Lo baja con cuidado y toma uno de mis pezones para chuparlo como un bebé pequeño.
Se levanta un poco para retirar su camisa. Su pecho queda desnudo. Un ligero vello lo recorre hasta su pubis. Lo acaricio con cuidado. Es suave.
—Sky…no sabes lo loco que estoy por tí.
Lo sé…lo puedo sentir. Su polla está tan dura, que siento su dureza golpeando mi vientre. Desabrocho los botones de su pantalón y se levanta para sacarlos. No pide permiso, así que desabrocha mi falda. La humedad en mi ropa interior es evidente. No puedo engañarlo. Entonces, con los dientes baja mi panty y se va a mi centro.
—¡Mmmm! ¡Aaahhh! —Mis gemidos llenan el pequeño loft.
Su lengua succiona mi clítoris, que está hinchado por el deseo.
—Córrete para mí, ninfa. Tu sabor es delicioso.
Hace tanto tiempo que no lo hago, que no puedo aguantar mucho. Siento un río que baja de mí, pero él bebe con gusto.
Levanta su rostro y veo el brillo en su rostro. Sus ojos me observan con deleite.
Estoy a punto de devolverle el favor, cuando fija mis manos.
—Hoy no preciosa. Hoy quiero estar dentro de tí.
Saca un preservativo de un cajón en la mesa ratona y se lo coloca con rapidez. Su m*****o es grande. Más de lo que pensaba. ¿25, 26 centímetros? No lo sé, pero ansío tenerlo dentro de mí.
—Voy a entrar preciosa. Serás mía a partir de hoy.
Y después de eso, entra en mí con fuerza. Sus embestidas no son suaves…no. Son intensas, pero provocan oleadas de placer en mi cuerpo.
Me besa, me muerde, me penetra. Mientras, yo, con los ojos cerrados, solo gimo de placer.
—Voy a girarte. Quiero besar tu espalda.
Sin salir de mí, me acomoda en el sofá de tal manera que me apoyo en mis manos. Las penetraciones son más intensas y cuando ya no puedo más, estallo de nuevo. Pero él sigue…sigue.
—¡Voy a correrme Sky!
Su liberación cae dentro del preservativo, pero aún siento el calor.
Besa mi espalda con reverencia, haciendo que me arquée.
Exhala un último suspiro y sin salir de mí, me recuesta de lado en el amplio sofá.
—¡Por Dios, Skylar! Eso ha sido…mágico.
Sonrío mientras sus manos están afianzadas de mis pezones y los acarician con cuidado.
—Si…ha sido mágico. Ian…¿Qué somos ahora?
No dice nada, y el silencio me parece eterno. Hasta que al fin habla despacio.
—Eres mi novia. Mi amante. Mi mujer. Mi alumna. Mi musa. Y si todo va bien…el amor de mi vida…Dime Skylar…¿Quieres ser todo eso para nosotros?
—¿Nosotros? —No me da explicaciones. Me gira para besarme. Sale de mí y se retira el condón.
—Pronto entenderás. ¿Te quedas esta noche?
No me deja responder. Me toma en brazos y me lleva a la recámara, donde nos espera una noche de sex0, lujuria, besos y pasión.
Hemos cruzado la línea...ya no hay vuelta atrás.