La noche estaba muy tranquila, adornada con una gran luna blanca muy blanca. Con el cielo muy despejado se podían apreciar muy bien las estrellas; tantos colores oscuros demostraban que la belleza no está solamente en lo brillante. Estiben, en cambio, solo miraba al cielo pensando en su amada Yací. A él tampoco le parecían importar los frecuentes temblores a los cuales ya todos parecían acostumbrarse. Ya mucha gente los tenía cronometrados; ellos decían: «aquí viene el temblor de las 5» como si fuese un transporte, ignorando que se trataba de un reloj que estaba en cuenta regresiva para el Armagedón.
De pronto llegó el presidente Rodríguez, al cual no veía desde el incidente con la primera dama; este estaba muy bien arreglado con un traje n***o que contrastaba con una corbata anaranjada, y por su olor se podía decir que se había vaciado encima el frasco de loción. Sonriéndole mucho, lo saludó diciendo: —Hola, Estiben, ¿cómo estás?, espero que bien; no sé la causa de cuando te veo; siento mucha felicidad, es una energía muy hermosa.
Estiben lo miro de abajo hacia arriba, tratando de descifrar sus elogios, que acaso serían para tratar de ganarse su confianza o acaso estaría tratando de conquistarlo. Algo que le daba muchos retorcijones en su abultada barriga, tratando de no darle lugar a ninguna de estas, trato de cortar la conversación con estas palabras:—Señor, la verdad, usted es muy chistoso; es buena cualidad en estos momentos tan complicados; aún no he logrado ningún avance para detener la conjunción dimensional; necesito urgentemente a la doctora Yací; ella fue la que predijo esta hecatombe.
El presidente se rascó la nuca con una mano, haciendo una mueca hacia un lado de la cara, después de una pausa dramática, donde Rodríguez pensó qué decir y cómo decir, hasta que finalmente solo le manifestó: —Respecto a eso, encontramos que un científico en un país nórdico fue el causante de este desfase de dimensiones, se llama José, y llega mañana. En cuanto a lo otro, pues, es que se encontró una nota que se la están atribuyendo a Altares, que dice que únicamente cambia a Yací solo por tu cabeza.
Estiben reaccionó lleno de furia. Lo agarró por la camisa, sacudiendo, a la vez que le decía: —¡Maldito!, ¿Por qué no me lo había dicho?, no dudaría en entregar mi cabeza mil veces para salvarla; yo la amo de la manera más pura que puede amar un hombre a una mujer, pero tú qué sabes de eso si eres un pobre m…
El presidente le agarró las manos y las utilizó para empujarlo bruscamente, a la vez que muy enfadado le contestó: —Aunque sé que estás pasando por un muy mal momento, eso no te da ningún derecho a que seas grosero conmigo; no me imaginé que un tipo tan letrado fuese uno retrógrada, lleno de prejuicios, ¡vamos, termina la frase! ¿Qué soy? ¿Acaso crees que el único amor válido es el de un macho y una hembra? Eso es una definición medieval de que el amor es solo un sentimiento que encamina a la reproducción; el amor es mucho más grande que un deseo de copulación; el amor es la necesidad de querer, de proteger, de admirar algo, y esta definición me queda muy pequeña. Es como el amor de El Creador por todos que nos permite existir escogiendo o modificando nuestro destino… El ser humano todo lo confunde. A veces suponen que la obsesión por poseer es amor concentrado, nada más tóxico y ruin que produce unos celos enfermizos que llevan al término de la relación, pero tú no puedes decir que no sé de amor porque me gustan las personas de mi mismo sexo. Me doy cuenta de que tu verdadera esposa te contó, entonces no conceptúas que él y yo no pudiéramos tener un amor muy puro. Lo que sucedió es que él se dejó llevar por sus demonios; él fue el autor intelectual del atentado a mi esposa para sacarla del camino, ya que se había obsesionado, queriéndome encerrar en una jaula solo para él, cuando yo como político me debo a mi pueblo y como tal debo guardar las apariencias.
Estiben aún muy molesto por lo de Yací, se sintió mal por el discurso del presidente. El presidente tenía razón, había sido muy intolerante y más encima había delatado a su esposa, aunque trato de arreglar su monumental embarrada con esta pregunta: —¿Pero qué tiene que ver su sexualidad?, para mí un individuo no es más ni menos por sus preferencias sexuales, religiosas o políticas, tampoco por su r**a o nacionalidad; una persona es por sus actos y cultura, así mismo por su conocimiento y capacidad para aplicarlos, y ¿dónde dice en las leyes que un presidente no puede ser homosexual?
Rodríguez se le acercó un poco. Colocando sus manos al lado de su boca a manera de embudo para que su voz no se ampliara en el aire, le observó: —Pero es que cuando estaba en campaña, nunca dije que era gay; anduve por todo el país con mi esposa aparentando un matrimonio muy feliz.
Estíben sonrió, al mismo tiempo que levantó sus hombros y las palmas de las manos, formulándole: —Pero igual, los políticos se la pasan haciendo y prometiendo muchas cosas en campaña, para cuando son elegidos ya hacen otras cosas y olvidan sus promesas…
El presidente apretó el puño izquierdo a la altura del pecho, para responderle: —Lo que pasa es que una cosa es prometer aún sabiendo que no se va a cumplir, con tal de ser elegido; otra cosa es una mentira muy personal, pues a la gente a veces eso es lo que más les importa: el morbo de la vida privada. A la gente se le olvidaría que me robe mucha plata, pero nunca se olvidarían de que su mandatario traicionaba a su esposa con un hombre; por eso, si perdería la popularidad, el pueblo realmente sufriría una indignación masiva.
Está sonriendo malévolo, le replicó: —No sabía que se cobraba el impuesto del IVA por indignarse.