Así se hizo; de este lado fue muy fácil colocar satélites en órbita para los estudios, en cambio, del otro se dificultó por la falta de tecnología; al final les tocó usar globos aerostáticos porque el tiempo y los temblores acosaban. Gracias a esto se enteraron de que Pólux seguía conquistando territorios, ya que ahora poseía la mayor tecnología del planeta. Sin duda alguna debería de estar apoyado por su contraparte, el presidente Rodríguez.
Las investigaciones arrojaban datos que no parecían servir. Era como un rompecabezas en que las piezas no encajan o no están completas, y ya estaban sobre el límite. Después de trabajar durante varios días sin dormir, Estiben se quedó dormido desde parado en su estación de trabajo, soñando que él y Yací montaban dos corceles plateados, saliendo a cabalgar al espacio y que con unas varitas rosadas disparaban unos mágicos rayos florales que movían las tierras como una sincronía de bailarinas. Hasta que el caballo de la doctora explotó en mil pedazos, esto lo hizo despertar; además, perdió el equilibrio y por poco se cae.
De esta manera, se le ocurrió hacer una especie rayo de tracción; simplemente dividió las ondas de ambos planos haciendo un campo que fluctuara en esa dimensión virtual intermedia, mientras a la vez unos satélites en cada planeta los guiaran opuestamente para separarlos. El rayo fue muy complicado de hacer, pero se basaron en la tecnología de la energía de los portales.
A solo unos días para la hecatombe, se completaron todos los instrumentos para ejecutar el proyecto; Estiben llamó a todo el personal de trabajo a una última reunión para aclarar dudas, así que él comenzó: —Bien, ya sabemos lo que tenemos que hacer, va a ser algo muy sincronizado; las naves van a ser tripuladas debido a que los equipos pueden presentar fallas por la interferencia electromagnética. Se dispuso que van a haber dos equipos; el de mi tierra, yo lo voy a liderar; sé que se dijo que el otro equipo, se dijo que lo lideraría la doctora Yací, pero la necesito más en la base, además que es probable que los mundos queden separados debido a que ya no van a estar en conjunción…
José alzó la mano preguntando: —¿O sea que todo va a ser como antes? Y ¿cómo de pronto puedes perder a su amada Yací?
Están apretando los labios y balanceándose, le contestó: —Por supuesto, es muy posible que no podamos volver al otro mundo; eso es un riesgo que los inversionistas no pueden saber, además de otros riesgos que todavía están sueltos al azar. Pero igualmente no tenemos otra opción que hacer esta gestión. De esto dependen millones de personas. Además, seremos los nuevos próceres, los nuevos santos o héroes, y estaremos en un mundo próspero para gastarnos todo el dinero que nos estamos ganando.
De nuevo José, muy fastidioso, lo interrumpió: —Sí, desde luego, somos ricos, si no se acaba el mundo o si no morimos.
Qué comentario tan soez, sobre todo para los tripulantes de los transbordadores.
Como una estrella fugaz, fue muy sorprendente el día de los lanzamientos de los transbordadores. En ambos planetas, un maravilloso show con los mejores cantantes del momento engalanó la noche; los espectáculos de pirotecnia iluminaron el amanecer. En las primeras filas estaban presentes los líderes mundiales. Hubo además una serie de ceremonias religiosas para rezar por el éxito de la misión. En la cabina de un transbordador se encontraba Estiben muy inundado de nervios que le provocaban retortijones en el estómago, con un ataque de ansiedad que pronto se le transformó en otra crisis de asma; afortunadamente tenía un equipo de oxígeno a la mano que lo calmó un poco… Sin embargo, seguía con el raro presentimiento de que algo malo sucedería. ¿Acaso pasaría su mayor miedo, el de perder a su amada?
Empezó la cuenta regresiva; debido a una excelente decisión de última hora, esta estuvo a cargo de la cantante más hermosa con la voz más sexi en lugar del ruido de la computadora. Ella se veía muy bella e inalcanzable; sin duda alguna, su equipo de estilistas, maquilladores y todo tipo de profesionales estéticos lograban su cometido; justificaban cada peso de sus sueldos. La diva se disponía muy sonriente, aclarando su pequeña, pero potente garganta para empezar el conteo. Solo que los asistentes, en lugar de oír su melodiosa voz, escucharon fueron unas roncas palabras, que eran producidas por el mismísimo Pólux, quien salía de un portal junto a miles de soldados que rodearon a todos los presentes en el evento… El líder subió al podio y le quitó el micrófono a la estrella de pop, para proceder con este brutal discurso: —Señores, señoras y todos esos títulos y géneros que se inventan, les agradezco mucho su asistencia a este macabro evento. Donde nos está engañando este grupo encabezado por el presidente Rodríguez, quien está cegado por sus tamañas pretensiones de apoderarse de ambos mundos. A razón de ello, tomé una acción preventiva para proteger a su mundo y envié tropas a cada ciudad importante de sus países, con el fin de salvar a los civiles. De igual forma, también me vi obligado a tomar el control de todas las naciones de mi tierra, formando una sola, para poder hacer un frente más óptimo a los problemas. No es que no me agrade la oposición, es que en estos momentos nos es inútil. Por eso, como medida de seguridad para salvaguardar a ustedes, los voy a confinar en un centro de aislamiento especial; me disculpan los líderes que están acostumbrados a ciertos lujos porque estos centros son muy rudimentarios. Pero les aseguramos que todo saldrá muy bien en la transición, y si todos colaboramos, no habrá derramamiento de sangre; todo va a salir de la mejor manera posible… Para mí.
Se levantó muy furioso un líder, ordenando a los guardias que contraatacaran; esto provocó que su propio guardaespaldas lo ejecutara ahí mismo. Este acto de barbarie forzó a todos a comprender que mientras ellos se ocuparon de planear el salvamento, Pólux aprovechó para hacer su conquista. Pero ¿cómo consiguió armas que funcionen en este mundo? Sin duda alguna tendría aliados en este lado, ya que parecía que los soldados de este lugar también le obedecían. Así que nuevamente él se dirigió a todos:
—Bien, mientras ustedes estuvieron inmersos en sus soberbias, yo busqué liberar a cada persona de los mundos. Ahora acabaré con la pobreza y la inequidad. Nadie será más que nadie, tampoco seguiré permitiendo que los poderosos engañen al pueblo, el tiempo de la sumisión quedó atrás, voy a acabar con la farsa del Apocalipsis, es solo un complot para engañarnos y poder explotarnos…
Fue interrumpido por un insolente grito de Estiben, quien bajó rápidamente del transbordador por la cancelación de la misión, reclamándole: —¿Cómo así que van a dejar que las realidades colapsen?
Pólux, haciendo una seña con la mano izquierda, evitando que le dispararan, le contestó: —También te han engañado. Tal vez tú has sido el más ciego, eres muy iluso, nunca has visto los estudios de estos fenómenos y solo se basan en la teoría de la doctora Yací y la verdad, como confiar absolutamente en una espía traidora que además estuvo en la cárcel porque mató a su marido. Sinceramente, el amor es muy ciego; el único que le cree ciegamente eres tú; de pronto acabarás como su exmarido. En cuanto a la misión, aún no se cancela, simplemente se retrasa; necesitamos hacer verdaderos estudios; quiero estar seguro de que los poderosos no busquen destruir mi mundo, claro que ahora técnicamente los dos son míos y yo soy el más poderoso. Soy el emperador de ambos mundos, el supremo líder, Pólux. Ahora, ¿tú estás conmigo o en mi contra?
Estiben inhaló muy profundo para calmarse y elegir muy bien sus palabras. Aunque estaba convencido de que Pólux se equivocaba, tal vez tuviera razón. Los terremotos ya habían cesado, las grietas, las muertes; todo estaba ya estabilizado y no sabía quién hizo los estudios. Pero se suponía que su equipo era el mejor de lo mejor, a excepción de José, quien se la pasaba inmerso en sus borracheras y que ya se encontraba allí jurando lealtad al líder, besándole la mano. Aunque puede ser que ya trabajarán juntos o es una actitud camaleónica para sobrevivir, lo que también tenía que hacer, él tenía que copiarlo; no había de otra, así que le dijo: —Sí, señor, tiene toda la razón, aunque tenemos que investigar rápido, pues podríamos no tener mucho tiempo.