Están en el laboratorio como prisioneros, tratando de encontrar soluciones al Apocalipsis, sin ningún resultado. Eso es que están los mejores científicos de ambos mundos, entre ellos el premio Nobel José, la doctora Yací y el ya legendario científico y candidato vicepresidencial Estiben. Aun así, solo pataleaban sin sentido en su investigación ciega. Tal vez se debía a que la pareja de científicos se la pasaban besándose, o a que José, su nariz, no le paraba de sangrar por inhalar polvos químicos que le alteraban la personalidad, o el hecho que no encontraban de dónde agarrarse, por donde empezar, de modo que el fin parecía cada vez más cerca e irremediable.
A Estiben se le ocurrió escapar para irse a pasar sus últimos días con su amada en algún exótico paraje. Con lo que no contaba es que el presidente le trajo a su cuñado y a su esposa, que se encontraba en el palacio de gobierno, recuperándose, aunque esto no le impidió ir a verlo. Llegando, le dio un beso en la boca a su esposo, sin importar que este le estaba agarrando la cintura a la doctora Yací, y le dijo: —Amor, te esperé muchísimo a que me visitarás; ¿por qué no fuiste?, debe ser a que estás muy ocupado tratando de salvar el mundo.
La doctora se soltó bruscamente de su amado y aprovechó a decirle sátiras, mostrando su enojo: —Típico de Estiben, es el colmo dejar a una mujer esperando en una cama de un hospital y más a la esposita, quien se le atravesó a los disparos, salvándolo de la muerte.
El científico se encontraba en una encrucijada mayor. Por un lado, estaba su esposa, quien le sirvió como escudo humano, pero la que lo había torturado tantos años, en los que lo hizo sentir menos que nada, aunque con ella compartía hijos y la lealtad de lo conocido. Por otro lado, estaba la que creía que era el amor de su vida, aunque aún le ocultaba muchos secretos. ¿Qué haría? Por un momento se imaginó un universo perfecto donde los tres pudiesen vivir juntos en paz en una isla privada con todos sus hijos. Tal vez lo podría hacer; después de todo, ya ganaba mucho dinero, aparte de la posibilidad de ganar más gracias a la política. Solo faltaría que ellas aceptaran. Sería fácil de no ser porque sus temperamentos eran muy diferentes, al igual que los campos magnéticos de las dos tierras. Este pensamiento provocó que a él le hubiera pasado como en las caricaturas que se le alumbra un bombillo cuando se le ocurre una buena idea. Nuevamente, gritó: —¡Eureka! Lo logré. Tenemos que aprovechar la diferencia de magnetismo para hacer que las tierras se repelan. Ja-ja-ja.
Todos los demás científicos quedaron en shock. Este descubrimiento era el comienzo que necesitaban para encontrar la solución; una vez más, Esteban demostraba porque era el mejor de todos; el único que no festejó fue José, quien estaba embebido en su viaje psicotrópico. Pero la doctora Yací tal vez se dejó llevar de la emoción o quizás aprovechó la oportunidad para darle celos a la molesta esposa y un beso muy fuerte al descubridor. Lo que causó en su rival un desmayo, tocándose su herida, hecho que acabó con el festejo. Su hermano se la llevó a la enfermería, no sin antes mirarlos muy mal y escupir al piso.
Los científicos rodearon a Estiben para interrogarlo. Todos le preguntaban: —¿Cómo lo hacemos?
Alzando los hombros les contestó: —La verdad, yo no busqué tener dos mujeres, solo me pasé, pero buscaré la forma de quedarme con la que amo, o sea a mi doctora.
Diciendo esto, trato de abrazarla, pero los científicos nuevamente dijeron en coro: —No, nosotros nos referimos, es a lo del magnetismo de las tierras.
Estiben riendo a carcajadas; agarró dos imanes y los superpuso: —Ja-ja-ja, miren, los polos opuestos se atraen y los iguales se repelen, pero nunca se están por sí solos en una fase intermedia, entonces tenemos que valernos de esto haciendo que se repelan, además nos tendríamos que valer de una dimensión media para que esto signifique que ambos cuerpos coincidan en el mismo plano sin colapsar.
José levantó la mano y, mirando entrecerrado con los ojos muy rojos, preguntó: —¿Cómo se supone que lo haremos?
Estíben los señaló a todos con ambas manos, diciéndoles: —Eso es preciso lo que tenemos que averiguar, para eso nos pagan, y tenemos el deber moral de usar nuestro intelecto para ayudar a la humanidad; tenemos la responsabilidad de lograrlo, ya sabemos qué hacer, ahora debemos averiguar cómo lo hacemos.
La doctora miró a Estiben, cogiéndole la cara con ambas manos, forzando que la mirara fijamente para decirle: —Es genial, sabes, la solución puede ser como la del archivo corazón, ¿lo viste?
Estiben, trató de besarla, pero la doctora le volteó la cara para que le contestara. Él, un poco molesto, le explicó: —En tu cuaderno no encontré mayor cosa, solo la canción que me compusiste.
La doctora pegándole una suave cachetada y arrugó la frente, diciéndole: —Eres un abusivo, mi cuaderno es privado, todos en mi mundo saben lo que es «él archivó corazón», es el poema más popular que hay, mira, aquí tengo una copia que llevo para todo lado.
Sacó un librillo que tenía dibujado un corazón n***o en la portada; ella lo miró diciendo: —Qué raro en mi mundo estaba dibujado un corazón pintado de rojo; bueno, no importa el color, solo las intenciones, por eso intentaré declamarlo así:
ARCHIVO CORAZÓN
Existimos para amarnos
Sin dudas juntarnos
Somos casi lo mismo.
Hermoso espejismo
Dos almas gemelas
Cuál llamas de velas
En tu mirada, la perfección
Y tu voz una canción,
Yo no te veo errores…
Eres el amor de mis amores.
Aunque la gente mal comenta,
Que no nos damos de cuenta.
Que los dos somos tormenta.
Y una desgracia lenta.
No nos importa lo que digan.
Así mucho nos maldigan.
Diciendo que somos horribles
Para nada apetecibles
Bestias feas indomables
Con rostros nada amables
Ellos solo miran lo de afuera.
Una vista de cualquiera…
En cambio, yo te miro.
Hasta tus pecas admiro.
Para mí tú eres muy hermosa.
Más que la mejor rosa
Yo te veo más que bella.
Que la más brillante estrella
Pues yo perfecta te veo.
Y no me siento nada feo.
Aunque el mundo me insista,
Es solo su punto de vista.
Importa; es mi realidad.
Donde tú eres mi deidad
Ambos somos muy hermosos.
Vistos en nuestros ojos…
Te guardaré en mi razón.
Y en mi archivo, corazón.
La doctora terminó rompiendo en llanto.
Estíben la consoló con abrazos y besos, y dijo: —Aunque no veo en qué nos ayuda esa historia de dos feos que se ven bonitos.
José, saliendo de su trance, se levantó diciendo: —No le veo lo raro. Pero me recuerda al cuento del Lobo, bebé que fue encontrado por una pareja de ovejas que no podían tener hijos, que por cosas de la vida decidieron adoptarlo y ellos lo disfrazaron con su lana, quedando que ni parecía lobo ni oveja, ni mucho menos lobo con piel de oveja. Creció entre burlas de los herbívoros por su aspecto; él se enamoraba de las ovejas sexis, quienes solo salían con la oveja negra. Muchas veces llegó cojeando, producto de las persecuciones de otras ovejas que lo tildaban de horrible y lo menospreciaban. Incluso cuando se convirtió en la oveja más grande, también fue la más fea. Todo cambió cuando un bromista lo tiró al bebedero del cual salió mostrando su verdadero ser, porque la lana pegada con babas de sus padres se despegó por el agua, provocando que todos corrieran al verlo, lo que le hizo pensar que sin lana era más horrible. Triste y desesperado se adentró en el bosque enmarañado; allí también muchos animales le huían; divisó unos lobos y decepcionado de la vida, se le ocurrió ser su comida, pero ellos al verlo se comparecieron de su aspecto débil, por la falta de comer carne. Lo atendieron bien, él en medio del susto y la curiosidad de la hospitalidad. Suponía que lo cebaban para comerlo; hasta que vio su reflejo en el río donde bebían, comprendió la verdad: él era un lobo, como toda esa manada. En los meses siguientes aprendió a ser lobo; incluso se consiguió una hermosa loba de novia, porque resultó ser un lobo muy simpático. Cierto día la comida escaseó por el verano, así que él retribuyó su salvación, los guio a la solución y los llevó a la Aldea donde creció. Allí se dieron un gran festín, un buen banquete y su venganza contra todos los que por años se le burlaron y le hicieron bromas pesadas; lo único malo es que no estuvo pendiente de salvar a sus padres adoptivos; para cuando se acordó de ellos, ya habían sido devorados por su pareja; bueno, aunque sea, quedaron en familia.
Estíben alzó las manos pensando en nuevamente exclamar Eureka. No obstante, sintió que ya lo había dicho mucho; estaría siendo repetitivo, así que solo dijo: —Ya les entendí. La imagen depende del punto de donde se mire. Uno realmente no se puede ver como lo ven los demás y en el espejo solo vemos un reflejo donde nuestra izquierda es su derecha. O sea que mientras estemos aquí adentro tenemos solo una visión básica; es como si fuéramos en un auto veloz tratando de calcular su desplazamiento, lo que tal vez sería más fácil si nos bajamos y lo calculamos desde afuera.
La doctora Yací movió la cabeza de arriba hacia abajo y muy sonriente les dijo: —Exacto, debemos investigar los campos magnéticos desde afuera de los planetas, con eso que ustedes llaman satélites o algo así.