NADA IMPORTA

1367 Words
Altares, sorprendido, se tocaba la cabeza buscando sangre; todos esperaban que hubiera caído muerto; lo que pasó es que esa pistola ya estaba descargada, así que el dictador mirándolos a todos y señalándolos les dijo: —Miren, mejor calmémonos, evaluemos nuestras opciones, si nos quedamos aquí moriremos en pocos segundos; ahora ustedes me necesitan al otro lado, ya tengo mis tropas que nos servirán para pelear contra Rodríguez, y les prometo que no los voy a matar. Estiben se levantó, aceptando, preocupado por la cuenta regresiva que llegaba a su fin. Señalando el portal, dijo lo siguiente: —Tienes razón, salgamos de aquí, por favor, primero que mi cuñado se lleve a mi esposa junto a la doctora y los demás científicos, vamos, va a explotar la bomba, mejor pasemos. El cuñado pasó alzando a su hermana junto a los demás científicos, pero Estiben, Yací y Altares se quedaron parados, mirándose sin pronunciar palabras. Estiben se imaginó que sería como en una película de kung-fu, que entre los dos vencerían a Altares, mientras que el dictador planeaba incapacitarlos para saltar al vórtice. Así que ejecutó su plan diciéndoles: —Ciertamente, ustedes me superan en número, pero yo soy un experto peleador; he perdido pocas peleas; no creo que esta vez suceda con dos simples científicos. Estiben se puso en guardia lanzándole un cable a la cara, pero Altares lo agarró muy fácil con sus manos. A su vez, el científico le hizo este comentario: —Es cierto que nosotros no podemos contigo, pues no somos gente de peleas… Pero somos gente de ciencia. Y dicho esto corrió un interruptor que energizó el cable que sostenía Altares, provocando que este comenzara a temblar como gelatina, cayendo al piso, alcanzando a ver cómo Estiben abrazó a la doctora y ambos se lanzaron por el portal, desapareciendo de su vista… El dictador se recuperó del corto circuito y trató de saltar al vórtice. Pero en seguida escuchó un ruido que hizo voltear su cabeza, mirando que la bomba había explotado. Alcanzó a ver el gran hongo que se alzaba en el cielo y las olas de fuego destruyendo todo a medida que se acercaban. Se dio de cuenta que no tenía ni la más mínima oportunidad de escapar, y en un instante fugaz su existencia fue destruida, una dicha con la que no contaron la mayoría de sus víctimas, ya que las torturaba y mataba lentamente. Así esa ciudad fue borrada del mapa, quedando en la historia grabada como el sacrificio para acabar con un nefasto régimen. Al otro lado del portal saltaron los científicos, pero la onda de choque alcanzó a pasar una parte antes de destruir los equipos, enviándolos a volar unos metros para estrellarlos contra el pavimento, haciéndolos perder un poco el sentido. Los soldados los rodearon, haciendo una sola pregunta: —¿Dónde está el líder Altares? Yací se levantó, alzando las manos y empezó a reír. Mirando asombrada el cielo azulado, vio a los soldados y les gritó: —¡Lo matamos!, ¡lo matamos! Nosotros quedamos al mando. El general que le seguía a la línea de mando se adelantó, interrumpiendo: —Esperen si ustedes mataron al líder Pólux, pues yo lo sucedo al mando, y ustedes pagarán su traición siendo ejecutados. Estiben recobrando la consciencia. Levantó la mirada, moviendo la cabeza, tratando de comprender su entorno desesperado, buscando a su amada, pero se asustó mucho al ver que todos los soldados le apuntaban con intención de dispararles. Él se enderezó, cubriéndose con las manos, desorientado, suplicó: —Esperen, por favor, no nos maten, seguro podemos llegar a un acuerdo; les aclaro que estamos en otro mundo, donde ustedes no tienen idea de muchas cosas; podemos ayudarnos mutuamente, además sus armas no son más que linternas en este plano. Dicho esto, los soldados dispararon para comprobar como alumbraban los cañones, aunque aún los superaban en número y entrenamiento. Este razonamiento fue interrumpido por los incesantes gritos de ayuda del cuñado, clamando por el bienestar de su hermana: —Por favor, ayuden a mi hermanita, se me está muriendo. En la buena, mis socios. Estiben acudió a sus súplicas junto a un grupo de soldados, pero su estado era muy desalentador; los transeúntes del lugar pensaban que se trataba de algún teatro callejero. El científico desesperado le rapó el teléfono a uno de ellos, para llamar una ambulancia, que se demoró una eternidad en llegar. La revisaron con caras de desesperanza, mientras el hermano no paraba de rogar que se la llevaran rápido. Al fin lo hicieron y se postuló como acompañante. El general agarró a Estiben de un brazo muy fuerte, diciéndole: —Espere, don Estiben, usted no nos puede dejar a la deriva; sabemos que este territorio ya es del enemigo, ¿qué nos ordena? Él no lo podía creer, sin buscarlo se convertía en el líder de un ejército, no se veía en esas, claro que le serviría para enfrentarse con Rodríguez, así su imaginación voló visualizándose entrando al palacio de gobierno destruyendo a todo el que se le atravesara, solo que lo limitaba era la falta de armas y la distancia a donde el presidente, pero encontraría la forma de lograrlo o quizás no valdría la pena, tan solo lo único que le interesaba sería estar con su amada Yací, a quien encontraba con su mirada, la cual resplandecía con la figura de su bella dama, siendo sincero consigo mismo nada importaba, excepto estar con ella, él pensaba: «talvez puede que su amor no dure para siempre, pero aprovecharé cada segundo que esté a su lado.» Todos, incluida Yací, esperaban las palabras del nuevo líder Estiben, quien estaba inmerso en sus divagaciones, hasta que fueron rodeados por tropas militares, quienes se les anunciaban así: —Nadie se mueva, somos el ejército nacional de la Unión de Repúblicas al mando del presidente; se les respetará la vida; están todos detenidos. Llego una limusina negra de donde se bajó ni más ni menos que el presidente Rodríguez; alzando las manos a manera de darles un abrazo y sonriendo de oreja a oreja, les enunció: —Qué gusto de verlos, mi querido amigo Estiben y la famosísima doctora Yací, ustedes son la pareja del momento. El científico se le acercó corriendo; parecía que le fuera a corresponder el abrazo; en lugar de eso le propinó un puñetazo, lo que hizo que el personal de seguridad lo bloqueara, tratando de zafárseles. Estiben le voceó: —¡Maldito! Nos volviste a traicionar, eres una porquería. El presidente sacó un pañuelo con el que se limpió la sangre del rostro, y le recitó estas palabras: —Espera, Estiben, tranquilízate, yo sabía que tú encontrarías la forma de pasar a esta dimensión, por eso la bomba tenía mucho tiempo para explotar; además, José sabía los códigos para desactivarla, por eso yo me encontraba aquí junto a estos batallones para neutralizar a Altares y su ejército. La doctora Yací se acercó lentamente haciendo reverencias, viendo al señor presidente con cierta repulsión que le producía este líder, y le expresó: —Señor Rodríguez, usted nos miente con descaro, es lo que usted está acostumbrado a hacer; su verdadero plan era matarnos a todos. El presidente sonrió un poquito tirando el pañuelo; alzó su mano moviendo el dedo índice en señal negativa, respondiendo a las acusaciones de la doctora: —Estas estaban equivocadas, tal vez si hubo un pequeño riesgo de que murieran, pero decidí arriesgarme y, en caso de fallar, sus muertes se hubieran convertido en la pólvora vengadora de una guerra contra los residuos de Altares, además de inyectar emociones a mi campaña presidencial. Estíben forcejeó, tratando de soltarse de los guardias, y le gritó: —¡Eres un aprovechado! Jugaste con nuestras vidas y de cualquier forma ganabas; ojalá pierdas las elecciones. El presidente miró al horizonte suspirando, para al final responderle muy calmadamente: —Estás muy equivocado, nosotros ganaremos, no olvides que tú eres mi fórmula vicepresidencial; además, unos científicos predicen que en dos meses colapsaran las dimensiones destruyéndose entre sí, así que tenemos que buscar la solución, lo que nos servirá como publicidad para ganar los comicios que son en tres meses, ¿no es genial?
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