AMENAZA NUCLEAR

1034 Words
El ambiente en el laboratorio era muy tenso. El personal no sabía a cuál de los dos jefes tenían que obedecer. Menos mal que José, con su capacidad de observación y liderazgo, se dio de cuenta de que Estiben se mostraba antipático, así que tomó una decisión muy inteligente: lo invitó a tomarse unas cervezas en un rincón y comenzó a utilizar su don de la palabra para hacer que bajara la guardia de esta manera: —Señor, para mí es un verdadero placer trabajar con el más grande científico. Me han dicho que es un tal Estiben. Su conversación empezó a surtir efecto, ya que el jefe científico, quien estaba molesto por compartir su jefatura, comenzó a reír. Así que José decidió seguir destapando cervezas y hablando incoherencias. —La verdad, no pensaba venir por acá; me daba miedo venir tan lejos, pero cuando me comentaron que yo tendría el honor de estar bajo las órdenes del Einstein del momento, no lo dudé ni un segundo en aprovechar esta gran oportunidad, y aún más. Me emocioné al verte beber cerveza a cada rato. Denota que no eres un nerdo puritano agazapado. Estiben ya se sintió más como en familia; de pronto, por los halagos de un sujeto a quien creía su rival o tal vez el alcohol ya le estaba haciendo efecto, así que ya lo comenzaba a ver amigablemente, le dijo: —Vaya, sí que eres amigable, supuse que eras un ególatra mezclado con psicópata y sí, pero me caes muy bien. José le dio una suave palmada en la espalda y sonriendo como un loco le manifestó: —Usted también, aparte que lo admiro mucho, ¿será que no podemos ir a un lado mejor? Esta pregunta provocó que a Estiben le cambiase el alegre rostro a uno iracundo; entonces, furioso, le habló: —Pues la verdad, yo no soy de esos, a mí me gustan las mujeres. José dio unos pasos hacia atrás y moviendo las manos como parabrisas en la velocidad máxima, fue diciendo: —No, no, no, definitivamente no, me has malentendido; lo que en realidad me refiero era que sería bueno poder ir a un bar a beber con música y ojalá muchas mujeres. Escuché a los soldados que hay un bar de chicas muy bueno en la otra dimensión; podríamos pasarnos por un rato; también dicen que las mujeres de esa dimensión son buenas amantes y que tienen su órgano copulador más arriba. Además, me gustaría poder volver a mi país para alardear que estuve con una preciosura de otro mundo. Estiben volvió a reír con más fuerza, y esta vez fue él el que le pegó una palmada, aunque no tan suave en la espalda, explicándole: —Vaya, pensé que eras de esos, sí, también he escuchado eso y me da curiosidad en parte, pero no creo que las mujeres de allá sean diferentes a las de acá. José se acercó abrasándolo y le expuso: —O sea que los rumores son ciertos, usted y la afamada doctora Yací, choco-choco, bum-bum. Estiben lidiando la cabeza, también torció la boca comentando: —Deberías de dedicarte a trabajar en lugar de estar pendiente de tanto chisme; igual los caballeros no tenemos memoria. José alzó su botella, invitándolo a brindar; mencionó: —Y el que come callado come dos veces. Estiben riendo, le correspondió el brindis cantando estos versos: —¡Todo por ella! Todo por la botella. Todo por lo mejor, todo por el alcohol. Hay que beber para cantar Todo por ella, por el alcohol. Todo por lo mejor. ¡Opa!, ¡opales! Ambos rieron muchísimo; José sacó un sobre del bolsillo que contenía un polvo blanco, el cual regó en una mesa, haciendo unos caminos, aspirando con la nariz, alternando las fosas, dejándole unas, que le ofreció a Estiben, quien le replicó: —No, gracias, esa vaina es muy mala, además me parece muy bobo tomar para emborracharse y después meter esa joda para pasmarse; no tiene gracia. José nuevamente se agachó a oler el restante proclamando: —Mejor, más para mí. Comenzó desesperado a limpiarse el bigote de leche, hasta que se percató, viendo sus manos manchadas, que sufría una pequeña hemorragia debida a los peligrosos químicos que inhaló. Limpiándose y tapándose los huecos de la nariz con unos pedazos de papel higiénico, que produjo que hablara muy chistoso, recitó: —A veces me pasa, me llega Andrés cada mes, pero hágale vamos a ese renombrado bar. Tengo curiosidad por saber qué se siente un beso de uno de esos monstruos, aunque tengo entendido que al pasar a esa vibración los vemos normales y miraremos monstruos a los de aquí. Es como un trabalenguas; me enredó y más me emborrachó, pero no sé ¿usted qué hace aquí? Si yo estuviera en su lugar, estaría marchando con toda la artillería a rescatar a mi amada. Estiben golpeó la mesa con soberbia, como un tambor feo, para replicarle: —Por supuesto, que más me gustaría, lo he pensado mucho, me dan ganas de salir corriendo a buscarla, pero sé que no es correcto; sería capturado y ejecutado muy fácil por el tirano despreciable de Altares. De repente entró el presidente muy angustiado; les habló: —Muchachos, les tengo muy malas noticias; hubo una explosión nuclear en la frontera de Pólux; al parecer Altares desarrolló capacidad nuclear. Según mis espías ayudados por un tal Parala Xi, un dictador de otro país, eso coloca la balanza a su favor. Parece ser que la traían por tierra, ya que aún no han desarrollado la aviación; parece ser que se encontraron con una división del ejército y en el cruce de disparos se detonó. Estamos tratando de vigilar cada centímetro de frontera. Pero es muy complicado por la extensión de terreno; la única que nos queda es también desarrollar un arsenal nuclear y misiles balísticos. Entonces los necesito en el otro lado para que lo hagan, ya que intentamos pasar una ojiva, ocurriendo el mismo nefasto resultado de transformarse en algo inútil. José se frotó con emoción las manos y dio brincos de alegría. Eufórico confesó: —¡Huy qué bien!, tengo muchísimas ganas de pasar a ese plano.
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