ENFOQUES

1256 Words
De pronto, como en un relámpago, ya se encontraba de nuevo entrando a la ciudad de Altares, para de nuevo reunirse con él. Sorprendido por su colosal equipo, además de una veintena de soldados, estaba acompañado por José, quien se ofreció con el pretexto de conocer, quién sabe qué sería lo que quería… Asimismo, su esposa junto a su cuñado, quienes habían sido nombrados cancilleres. Fueron recibidos entre ceremonias; allí en una gran plataforma se encontraba el líder Altares con un uniforme impecable y su sonrisa de oreja a oreja al ver a Estiben, quien los saludó públicamente: —Me alegra mucho verlos, sobre todo a ti, Estiben, qué gran sorpresa; me imagino que este encuentro será inolvidable, increíble, digno de escribir con letras de oro en el libro de la historia. Estíben, al verlo, sintió un choque eléctrico por todo el cuerpo; su cabello se erizó y sus dientes le crujían. Sentía mucho odio contra aquel ser que lo separó de su amada, pero ahora tenía que utilizar la diplomacia de la cual era el encargado. Tenía que decirle algo; miró a José queriendo que él lo reemplazara, sin embargo, él estaba muy ocupado con una misteriosa caja a la que no soltó en todo el camino. Vio a los cancilleres que parecía que solo sabían era reírse. Así que finalmente le tocó a él. Igual era su deber, aunque estaba nublado por el odio y la ansiedad de estar a punto de saber el estado de su amada. Se forzó una vez más para tratar de decir algo inteligente: —Altares, venimos en son de paz a negociar su rendición. Primero que todo te exigimos que nos entregues sana y salva a la doctora Yací, segundo tendrás que retirar tus tropas… De inmediato fue interrumpido por Altares, quien estallaba lleno de ira, rompiendo su púlpito de madera. Les gritó: —¿qué? Están locos; se supone que ustedes son los que vienen con el rabo entre las piernas, que vienen a entregar la espada de Rodríguez, que van a aceptar mis capitulaciones. ¿Qué clase de burla es esta?, los voy a matar a todos, en cuanto a Yací, pues, mírala por tus propios ojos, y señaló a una mujer que se encontraba sentada junto a su equipo de asesores, quien tapaba su cara con una bufanda y unos lentes oscuros. Ella se dirigió al público, se quitó sus accesorios que impedían su reconocimiento, y se quedó mirando fijamente a Estiben para que la reconociera, que supiera sin lugar a dudas que se trataba de ella; fríamente le dijo esto: —Me alegra ver que estás bien, señor Estiben, mi contraparte. Él no podía con tanta emoción que no le cabía en el pecho. Se le acercó corriendo con los brazos abiertos; en su mente imaginaba que ambos corrían sonrientes, para abrazarse por un campo de rosas en un día soleado y con una hermosa música de fondo. Al llegar a donde la doctora, fue como si se estrellara con una dura pared de roca, pues ella le esquivó el abrazo y, por supuesto, el beso. Él se llenó de desconsuelo, con el llanto en el borde de su alma; solo le pudo preguntar una cosa: —Amor de mi corazón, ¿qué pasó? ¿Por qué me quieres con el frío puñal de tu indiferencia? Es injusto después que me haya esforzado a cada segundo por rescatarle. La doctora lo miró con mucho odio y desprecio; además, sacando una cachetada, le emparejó la cara con el corazón, y le lanzó un grito lleno de resentimiento: —Tú me abandonaste en el hospital, dejándome a la merced de mi suerte. Casi muero varias veces; por fortuna me ayudó el coraje que siento por ti. Estíben se le arrodilló y colocó las manos en forma de rezo, pidiéndole: —Por favor, yací, yo te amo, me fui para buscar la forma de llevarte a la otra dimensión, pero se me complicaron las cosas, por favor, yo te amo muchísimo… Parecían que se hubiesen olvidado de toda la gente a su alrededor, así que el líder Altares los interrumpió con un potente grito para traerlos de vuelta a la realidad: —Bueno, tortolitos, los voy a matar a todos, claro, menos a Yací. A lo que también José lo interrumpió; entrando a escena con un poderoso salto, desarmó su misteriosa caja para mostrar el contenido de que se trataba de una poderosa bomba nuclear, la cual ya estaba en marcha regresiva, y como un loco repetía: —Ah-ah-ah, corrección, nos vamos a morir, ja-ja-ja, yo los voy a ver, me convertiré en el héroe de la historia que ya llegó a su fin, después de hadas y magia sin par. Hasta que la esposa de Estiben fue y lo calló, dándole una poderosa cachetada acompañada de este regaño: —¿Qué estupidez estás haciendo? También morirás, junto a todos los que estemos diez kilómetros alrededor, ¿por qué lo hiciste? José cayó al piso debido a tan poderoso golpe. Furioso se detuvo, gritando al cielo: —No me puedo morir, el presidente me prometió una montaña de alcaloides y prostitutas, él es mi amigo y no me traicionaría; me dio muchísimas antes de venir a la misión, donde seré el héroe más grande de la tierra, a-gua, a-gua, y después nos vamos a severa fiesta con bombos y platillos. Mientras tanto, Estíben miraba a Yací fijamente con ganas de preguntarle muchas cosas. La doctora lo cogió suavemente de la mandíbula, haciéndolo mirar a la desafiante bomba. Le dijo: —Tranquilo, sé que tienes muchas preguntas; tal vez tenga respuestas que de seguro no te gustarán, que harán que descubras que no soy la mujer que tú idealizaste, cosa que te demostrará que soy una mujer normal. Sin embargo, nos podríamos quedar aquí horas discutiendo y tú diciendo que me amas indefinidamente; así como inútil, será desgastante. Empero, debemos enfocarnos; estamos ante una desafiante situación en que ese terrible artefacto va a estallar, cuando la ciudad junto a todos los que estemos en ella seamos reducidos a menos que polvo, de no ser que nosotros la podamos desactivar o encontremos alguna solución. Aunque yo no sé ni un poquito de esa tecnología nuclear, después nos podremos poner a hablar, a ver si llegamos a algún acuerdo, aunque lo dudo mucho, pues lo hecho, hecho está y ya no hay vuelta atrás. Por favor, tratemos de buscar la manera de salvar a estas personas inocentes, ya que otra vez te dejaste engañar de una forma muy infantil, cegado por tus sentimientos y obsesiones. Debes de aprender a pensar con cabeza fría; no puedes seguir yendo por el mundo guiado solo por tus impulsos; debes de ser medido y centrado; seguro, si aprendes eso, puedes lograr lo que quieras. Estiben respiró profundamente, intentando calmarse, y entre triste y enojado le contestó: —Pues no se me ocurre nada más que morir aquí, ¿para qué quiero la vida sin ti? La doctora sonrió, mirándolo fijo, para después golpearlo muy fuerte con otra cachetada, diciéndole: —Estúpido, necesito que te enfoques, no lo hagas por nosotros, hazlo por la gente inocente. Eso ayudó a que el científico volviera en sí; cambiando su semblante como si fuese otra persona, comenzó a tomar el control así: —Pues por lo que sé, nadie de los aquí presentes sabe algo sobre esa tecnología; solo nos resta diseñar algo para minimizar muertes; para ello necesitamos que Altares nos conduzca rápido a su mejor laboratorio.
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